BRYAN Los hombres vitorearon al unísono cuando su equipo encestó la pelota. —¡Vamos! —gritó Bradley. Chocaron sus vasos y Bryan dio un largo y profundo trago. Solo cuatro minutos después, el equipo volvió a anotar y sus fuertes vítores provocaron varias miradas del bartender y de otros clientes. Era un restaurante elegante y a Bryan le había costado doscientos dólares convencer al bartender de poner el partido para ellos. —Te dije que estaban remontando —dijo Bryan con aire presumido. —Sí, sí, ya veremos. Todavía tienen que recuperar mi confianza después de la temporada miserable del año pasado. Bryan rió antes de terminarse la cerveza de un trago. Notó que Bradley también la había terminado. —¿Otra? —preguntó. Bradley negó con la cabeza. —No. Tengo que levantarme temprano mañana

