DIANA —Estoy ocupado —dijo él, apartándola. Los ojos de Diana se llenaron de lágrimas. —Es su cumpleaños, Bryan. Al menos puedes ir a la fiesta. Bryan se frotó el puente de la nariz, como si sus palabras le provocaran un dolor de cabeza. —Diana, ya te dije que no puedo. Tengo una reunión importante ese día. ¿Por qué no cambias la fecha? —Y ya te dije que no puedo, es el único día que mis padres pueden venir. ¿No puedes mover la reunión? —No —respondió con enojo. —Ya el año pasado inventé una excusa por ti, pero no lo haré otra vez, Bryan. Y Georgia ya es lo suficientemente grande para recordar que su propio padre no fue a su fiesta de cumpleaños. Va a pensar que no quieres ser parte de su vida. —¡Porque no quiero! —estalló. Diana empezó a llorar. Su corazón se rompía por su hija.

