Había muchas cosas en las que no podía dejar de pensar cuando terminó la reunión, pero no podía darle vueltas a ninguna debido a que tuvo que continuar con su entrenamiento del día.
Aún así no salían de su cabeza por más que lo intentara. Y estaba segura que esa era la razón por la que daba vueltas frente al hospital a la cuarta hora de la noche.
Luego de haber terminado su día, en vez de dirigirse a su dormitorio al terminar el entrenamiento, sus pies la llevaron hasta el hospital por alguna razón que no podía comprender.
—¿Xian? ¿Qué haces aquí? — preguntó el Sargento Garren acercándose sin que ella pudiese haberlo previsto.
—Yo, esto, pues — titubeó señalando en diferentes direcciones —, no estoy segura.
—¿No sabes o no quieres decirme?
—No es eso — respondió segura —, no es que no quiera decirlo, es que en realidad no lo sé.
Él alzó una de sus cejas, ladeó la cabeza observándola de pies a cabeza, sonrió de lado y luego asintió mirando en otra dirección.
—Creo que puedo hacerme a la idea — dijo al final —, pero si no estás clara de lo que es, no voy a aclararlo por ti. Es mejor que no lo descubras, no puedes ir por ese camino, es todo lo que diré, no es conveniente en esta situación
—¿De qué hablas?
—No lo pienses — colocó una mano en su hombro —, ven, deberíamos ir a otro lado.
Sintió algo extraño en ese momento, no estaba segura de lo que era, pero no quería irse de allí, y quería entender lo que él había dicho.
—No, espera — se alejó un paso —. Explícame de qué estás hablando, ¿qué es lo que no veo y que es mejor que no vaya por ese camino? ¿Cuál camino?
Él hizo una mueca y miró en otra dirección como si estuviera intentando mantener la compostura.
—Si te lo digo, vas a lanzarte con más fuerza, Xian.
—Eso no lo sabes — se cruzó de brazos —. Es solo qué hay algo que ha estado incomodandome y algo que no he descubierto, y no soporto tener dos incógnitas en mi vida.
—Una es que probablemente estás abrumada por la realidad — respondió seriamente observándola —, has estado entrenando y tratando de aprender todo al mismo tiempo, intentando nivelarte a las personas que no han vivido por perspectivas y eso puede ser abrumador para tu cerebro, y por eso piensas qué hay algo que te incomoda.
Xian bajó la mirada, sabía que era cierto. Se sentía abrumada, solo no había querido aceptarlo.
—Es cierto — respondió —, pero no me abruma la realidad, sino su similitud con las perspectivas — alzó su vista hacia él —, es decir, me siento como atrapada, los días pasan y no sé si estoy viviendo bien esto, no sé si estoy viviendo correctamente, y me enoja que hicieran las perspectivas tan realistas, al punto de que... nada.
—No, está bien, dime — el colocó una mano en su brazo.
—No es nada — no era capaz de verlo.
—Vamos, dime, Xian — apretó su brazo.
Respiró profundo y dijo:
—De que no le veo sentido a la realidad.
—¿Por qué?
—No lo sé, es solo que siempre creí que si vivía en la realidad, algo se sentiría diferente, y sí me doy cuenta de que mis emociones son más fuertes, pero supongo que no esperaba encontrarme en medio de una batalla otra vez.
—¿No quieres estar en el cuerpo de batalla?
—Sí, si, quiero, es lo que soy — dijo apresuradamente dando un paso hacia él —. No me malentiendas, de verdad, quizás solo estoy muy confundida en este momento porque tampoco sé por qué sigo caminando hasta aquí después de algunos entrenamientos en lugar de ir directamente a mi dormitorio.
—¿No es la primera vez que terminas aquí?
—No — se abrazó a sí misma de nuevo —. Es extraño.
—No, no lo es — indicó suavemente —, son solo tus emociones y pensamientos profundos atrapados en tu subconsciente guiándote.
—¿Guiándome a qué?
Él rió.
—¿De verdad no puedes verlo?
Ella negó con la cabeza.
—Vale — sonrió —, no voy a decírtelo, porque decirlo en voz alta solo le daría fuerza, en cambio voy a mostrártelo, para que quizá puedas darle un poco de tranquilidad a tu cabeza y solo seguir con lo que tienes adelante, que es tu entrenamiento.
—¿Por qué harás eso?
Él se encogió de hombros.
—Probablamente es porque me gusta guiar a las personas — se acercó a ella un poco más —, pero luego de esto, debes prometerme que no le darás fuerza, que te enfocarás en hacer lo que debes hacer. ¿Lo prometes?
Observando sus ojos tan decididos, sentía que le transmitía seguridad, así que solo asintió.
—Lo prometo.
—Bien, no puedes romper tu palabra — sonrió ampliamente y colocó la capucha sobre la cabeza de Xian —. Vamos.
El tomó su antebrazo y la haló detrás de él.
Quiso preguntar a donde la estaba llevando, pero prefirió no hacerlo, solo seguirlo.
Se introdujeron al hospital.
—Buenas noches, Sargento — saludó la señora en la recepción —, ¿viene a visitar al Capitán?
—Sí, así es — respondió rápidamente —, buenas noches.
Y volvió a halarla antes que la señora dijera algo más. La llevó a través de un par de pasillos largos, que estaban convenientemente vacíos, y finalmente se detuvieron frente a una puerta.
—No puedo decirlo en voz alta — soltó su brazo —, pero espero seas capaz de entenderlo por tu cuenta.
—Lo intentaré.
—Ya lo creo.
Xian observó la puerta frente a ellos, pero no se fijó en nada más.
El Sargento tocó la puerta tres veces y se escuchó la respuesta:
—Adelante.
Él abrió la puerta, caminó delante de ella, así que cerró a puerta, y avanzó dentro de la habitación, y un par de pasos fueron suficientes para notar donde estaba.
—Sargento Garren, es bueno verle.
—Puedo decir lo mismo, Capitán Kang.
El corazón de Xian dio un salto tan fuerte que la mareó un por un instante. Parpadeó un par de veces.
—Vienes acompañado hoy — su voz gruesa y un poco ronca atravesó ellos oídos de Xian como un sonido más fuerte de lo que era.
—Sí, capitán — respondió para quitar la capucha de la cabeza de Xian —, ella es una de las reclutas que se volvió combatiente bajo mi mando.
Sus ojos oscuros y rasgados examinaron a Xian por un momento, produciéndole escalofríos.
—Ah, sí — pareció recordar —. La esencial que llegó despierta en la última misión a las bases, Xian, ¿correcto?
Él sabía su nombre.
—Sí — fue todo lo que pudo responder temerosa.
El capitán Kang le dio una leve sonrisa. A pesar de estar en la cama sentado con ayuda de almohadas en su espalda y una vía intravenosa en el torso de su mano, seguía dando la impresión de ser un hombre de autoridad, firme y seguro de sí mismo, quizá le ayudaba su cabello tan corto. Sin embargo, su expresión fácil estaba un poco más suavizada, probablemente por estar adormilado la mayoría del tiempo en el hospital.
—¿Qué te ha hecho traerla? — miró al Sargento.
—Bueno, quería mostrarle algo — contestó — y ella quería preguntarle algo.
Xian lo miró sorprendida.
Todo se puso en pausa para ella.
Recordó lo que habían hablado minutos antes, su corazón latió con más fuerza y sintió uñcomo un golpe en la boca del estómago. No podía ser.
Sus emociones y pensamientos profundos atrapados en su subconsciente la habían estado guiando... ¿hacia el Capitán Kang?
—¿Es así? — ella lo miró aún procesando el nuevo descubrimiento — ¿Qué quería preguntarme que el Sargento la trajo hasta aquí, combatiente Xian?
Se quedó estática observando los movimientos de su rostro al hablar y escuchando su voz.
—¿Combatiente Xian? — le insistió el Capitán Kang, alzando las cejas, produciéndole que su corazón saltara de nuevo.
—Yo... — comenzó — solo quería saber, es decir, solo quería preguntar, si usted —sacudió la cabeza —, no, es decir, ¿cómo se siente usted?
Quiso golpearse a sí misma por lo nerviosa que habia soñado, más cuando el capitán Kang sonrió de medio lado, probablemente solo aguantaba sus ganas de reírse de ella.
—¿Has venido hasta aquí a preguntar cómo me siento?
—Sí — Xian se sujetó las manos detrás de la espalda intentando calmarse —. Estaba preocupada por usted, Capitán Kang — el ladeó la cabeza como intrigado —, debido a que usted es alguien muy comprometido con su posición, y estar fuera de combate, incapaz de cumplir sus funciones, como la reunión de hoy, podía estarle causando malesta, además de su lesión.
El rostro del Capitán Kang se llenó de entendimiento y compresión, asintió y entonces profesó:
—Es muy amable de su parte, puedo decir que me encuentro mejorando, en un par de semanas podré volver a cumplir con mis funciones a tiempo para llevar a cabo los entrenamientos de simulacro de la misión, y no me siento preocupado por no estar en batalla, puesto que me ocupo de todas mis responsabilidades aún desde esta cama — su voz fue más sería y fuerte —. Por lo que no esté distrayéndose pensando en la condición de su Capitán, sino concéntrense en mejorar sus propias condiciones para dar un máximo rendimiento. ¿Entendido?
—Sí, señor — contestó a pesar de sentirse un poco herida por sus últimas palabras que se escucharon más como un regaño.
—Si eso era todo, puede retirarse, combatiente Kang.
Xian detalló su rostro una vez más, la forma de sus facciones, desde sus ojos rasgados, hasta su mandíbula de ciento treinta grados.
—Sí, señor — asintió una vez más —. Restauración.
Hizo el respectivo movimiento con sus manos, se giró bien erguida y salió de la habitación.
Cerró la puerta detrás de ella y se recostó dejando el aire salir de sus pulmones.
—No puede ser — lo comprendió todo.
La razón por la que se acercaba al hospital inconscientemente, lo que no era capaz de ver por ella misma era que se sentía intrigada y atraída hacia el capitán Kang.
¿Tenía eso sentido? ¿Por qué lo tendría? ¿Qué estaba pasando con ella? Apenas lo había visto en todo ese tiempo, así que ¿por qué él estaría en sus pensamientos subconscientes?
Era eso lo que el Sargento Garren no quería decir en voz alta y entendí apor que no debía decirse en voz alta. El capitán Kang era solo su mandatario.
Se despegó de la puerta y caminó un par de pasos de ida y vuelta en el pasillo. Colocó la capucha sobre su cabezaintentando ocultar lo rojo que debía estar su rostro.
El Capitán Kang incluso la había tratado indiferente y rudamente, no debía darle importancia a ese pensamiento y sensacion de preocupación en su subconsciente.
La puerta se abrió y ella se paró firme, al observar al Sargento Garren salir.
—¿Estás bien?
Xian solo asintió, él la imitó y caminó un par de pasos hasta quedar justo frente a ella.
—¿Ya pudiste comprenderlo?
Asintió incapaz de hablar, se sentía avergonzada por sentirse atraída hacia su Capitán. Algo que carecía de profesionalismo.
—Es por eso que no herida decirlo en voz alta, solo le daría fuerza.
—No hay que decirlo — casi susurró. Estaba tan avergonzada con el Sargento Garren.
—No, claro que no.
El Sargento Garren avanzó otro paso hacia ella, y antes de que pudiese predecirlo, tomó su rostro entre manos, obligándola a mirarlo a los ojos y con voz suave le recordó:
—Hiciste una promesa. No le des fuerza a ese sentimiento y solo enfócate en lo que tienes delante de ti.
—Lo haré.
Afirmó sin estar segura de qué la impulsó a hacerlo.