El entrenamiento la había consumido de manera que el primer mes pasó antes de que pudiese notarlo. Se despertaba muy temprano en la mañana, desayunaba, se presentaba en el campo de entrenamiento, debía correr durante una hora, recibía clases de estrategia, táctica, lucha cuerpo a cuerpo, manejo de armas y demás. Al finalizar el día, comía y conversaba un poco con sus compañeros y luego iba a dormir directamente.
No había coincidido tantas veces con el Sargento Garren, pero por lo menos conversaban dos veces por semana debido a las ocupaciones y responsabilidades de este. En alguna que otra oportunidad apareció en el entrenamiento para ayudarla a llevarse al limite.
Al Capitán Kang lo había visto un poco más seguido, sobretodo en las noches cuando ella salía de cenar y se dirigía al dormitorio. Pero no había cruzado palabras con él en todo ese tiempo y lo agradecía, cada es le parecía más imponente y de alguna manera, prefería mantener la distancia.
Pero en ese momento estaba preocupada por ambos, después de todo los conocía, el Sargento Garren era su amigo y no podía evitar sentir la angustia atascada en su pecho.
Trataba de mantener una expresión serena y calmar su respiración repitiéndose una y otra vez que todo estaría bien, que regresarían a salvo, que no se trataba de una trampa sino solo de una misión de rescate.
Ella, junto a cinco reclutas, cuarenta combatientes experimentados, su entrenador el líder Firas, la líder del equipo de respaldo, Elle y al líder del equipo de táctica y reconocimiento, Alice, estaban de guardia en una de las entradas ocultas. Que no era la misma por la que ella había sido traída.
Era la primera vez que estaba tan cerca de la superficie, pues no podían salir a través de la puerta, pero la alegría que debía sentir ante ello era eclipsada por la preocupación y el aire helado a causa de la lluvia torrencial parecía anunciar un evento desgarrador, pero esperaba que fuese solo su mente intentando jugarle una mala pasada.
Su entrenamiento llevaba dos días sin realizarse como de costumbre, debido a que la lluvia no había dado tregua, entrenaban bajo techo en el sector inhabitado. Y ese día, apenas una hora después de haber iniciado, su fue interrumpido por el capitán Kang y los lideres de los diferentes equipos anunciando que una situación inesperada, pero no necesariamente irregular, había tenido lugar.
Como se le habían indicado durante la instrucción en el área de suministros, estos eran elaborados en lugares subterráneos específicos y muy apartados de ellos. Luego, una vez cada tres meses, los sumistros eran transportados a las ciudadelas durante días de lluvias fuertes para camuflagearse y pasar desapercibidos. Ese recorrido podía llevar días y era muy peligroso, debido a que la naturaleza se volvía agresiva, no solo con fuertes vientos y tormentas eléctricas, sino con algunos animales salvajes que parecían descontrolarse. Después de todo, la naturaleza había cambiado y daba la impresión de rechazar a los humanos.
El equipo viajaba en tres vehículos, una formación en fila, en el que el primer y tercer vehiculo eran ocupados por cinco agentes cada uno, entre ellos paramédicos y combatientes, dejando así al camión en segundo lugar.
El caso había sido que el equipo se había visto afectado por el derrumbe de una montaña, al parecer había descarrilado y no conocían el estado de los combatientes y paramédicos en ese auto.
El camión se desvió para esperar en uno de los refugios escondidos en el camino, dos paramédicos y dos combatientes se quedaron en el punto y el segundo vehículo escoltó al camión.
Pero en el camino, el camión de suministros había sido atacado por dos gorilas gigantes. Al haber solo un combatiente en el segundo vehículo, y dos en el camión, la situación los superaba.
Al parecer, el combatiente en el vehículo pudo captar la atención de los gorilas o bien los separó del camión, y otro de los combatientes tuvo que bajarse a ayudar a controlar la situación y que el restante pudiera salvar los suministros llegando al refugio.
La situación era preocupante por el hecho de que habían ciertas irregularidades en la historia. De acuerdo al Capitán Kang, el protocolo correcto era velar por los suministros, así que lo que cualquier equipo bien entrenado decidiría sería que el segundo vehículo se dirigiera con el camión al refugio, pidiera ayuda y solo los paramédicos junto a un combatiente, regresaran por el resto del equipo. Sin embargo, indicó que no podía saltar a conclusiones porque no había estado allí.
El punto era que el capitán Kang y los lideres creían que podia tratarse de una trampa para capturarle puesto que en situaciones así, el Capitán Kang no era de los que mandaba solos a los subordinados. O bien era seguirlos hasta la ubicación del hormiguero.
Sea cual fuere el caso, se arriesgarían por la posibilidad de que todo hubiese ocurrido como le indicaba el sobreveviviente. Además de que necesitaban el camión de suministros, el cual iba no solo con ropa, sino con medicinas, implementos esenciales para el equipo de cultivo e información táctica para el cuerpo de batalla.
De esa manera, el Capitán Kang, junto a un tercio del cuerpo de batalla y el líder el Sargento Garren, habían salido en tres vehículos bien armados, entre ellos un transporte de carga. Dejando en el hormiguero a tres lideres importantes, entre los cuales estaba la líder del equipo de táctica y reconocimiento, Alicie, quien era la más capacitada para suplantar al Capitán Kang de ser necesario. Y Xian esperaba que no lo fuera.
Ellos habían salido a la tercera hora del día, y ya había pasado la cuarta hora después de ocultarse el sol y aún no regresaban.
Xian no se había movido ni un instante, sus ojos estaban fijos en la luz sobre la compuerta, la cual se encendería de amarillo cuando estuvieran de regreso, cambiaría a verde si todo estaba bajo control y a rojo en caso de que necesitaran salir como apoyo en batalla.
Ella estaba entre las últimas de la formación, después de todo su entrenamiento no estaba ni a medio camino, pero la habían puesto allí junto a los otros cinco reclutas de alto potencial como parte de su entrenamiento en momentos críticos.
A pesar de que tenían armas en sus manos, no podían actuar ni salir hasta que el líder Firas les diera orden.
Un par de metros más atrás de ella, se encontraban unos diez miembros del cuerpo de salud, con camillas y demás instrumentos para atender crisis. Nadie se había movido de su lugar, solo les indicaban cuando unos podían sentarse a descansar y otros no.
No eran tantos tampoco, debido a que no querían llamar la atención de las personas y que entrarán en pánico, puesto que una irregularidad respecto al camión de suministros podría encender las alarmas.
Cada hora que pasaba aumentaba la tensión, cada minuto parecía incrementar un latido a su corazón.
Y de pronto, la luz se encendió a amarillo.
Xian sintió su cuerpo ponerse a la defensiva, su pecho apretarse de preocupación y su mente luchar por enfocarse.
—¡Atención, cuerpo! — gritó al líder Alice — ¡Preparados!
Después del sonido de las armas al ser preparadas para el ataque, lo único que se escuchó fue el ruido torrencial de la lluvia. Los segundos pasaron y Xian no parpadeó ni un instante.
"Verde. Verde. Verde. Verde. Verde". Era todo lo que pedía y pensaba Xian.
El tiempo seguía pasando, le parecía que eran horas aún cuando estaba consciente de que solo eran segundos. Según sabía, en un punto sobre ellos se encontraban un par de centinelas, que eran los encargados de anunciarles a través de las luces, lo que el equipo les informara a través de bengalas de colores correspondientes.
El corazón de Xian se detuvo por un instante, la luz había cambiado:
—¡Primer grupo, listos! — gritó la lider Alice.
Rojo. La luz había cambiado a rojo.
La formación estaba dividida en dos, una a cada costado de la entrada. Xian se encontraba del lado izquierdo. El primer grupo eran los primeros Díez de cada lado.
—¡Reclutas, esperen órdenes! — gritó el líder Firas parado junto al segundo grupo.
Y entonces percibió el estado de riesgo.
Las compuertas se abrieron, el sonido de la lluvia ocupaba sus oídos sin darle demasiado chance a escuchar algo más y el primer grupo avanzó sin dudarlo.
Estaba oscuro, lo único que les daba un poco de visión eran las luces de los vehículos y un par de reflectores que acaban de ser encendidos.
Sintió los nervios calar por su extremedidas en cuanto notó lo que perseguía a los vehículos: una gran manada de lobos, de un tamaño superior al que pensaba que tenían.
Los disparos eran tantos que igualaban el sonido de la lluvia.
Xian se enfocó. Había visto la situación, conocía su gravedad, pero no se dejó perturbar.
El primer grupo se había acomodado de forma estratégica junto a las compuertas y disparaban con precisión.
El primer vehículo entró a toda velocidad, seguido del camión, el cual poseía grandes abolladuras. Detrás le siguió el transporte de carga y de último, el otro vehículo de cuyas ventanas y techo estaban apoyados combatientes disparando.
—¡Segundo grupo, Adelante! — gritó al líder Alice.
—¡Reclutas, apoyen! — indicó el líder Firas avanzando hacia adelante.
Ella y todos los mencionados avanzaron rápidamente al frente, parándose unos al lado de otros detrás de las compuertas. Debían frenar a los lobos el tiempo suficiente para que el primer grupo pudiera entrar de regreso y luego cerrar las compuertas.
Xian se concentró, su puntería no era digna de un francotirador, pero estaba allí porque se había desenvuelto destacablemente, así que se enfocó en uno de los lobos justo en el centro, apuntó a su pecho y disparó.
Este solo le rozó, así que disparó de nuevo y sí le dio. Continuó a uno más.
Parecía que los lobos en vez de ser menos, aumentaban, o quizás solo era a causa de gran tamaño.
Disparó sin detenerse al igual que los que estaban a sus costados. No tenía miedo, tenía determinación.
—¡Primer Grupo dentro! — anunció la lider Alice — ¡Cierren compuertas!
Estas se cerraban de los lados hacia el centro, Xian estaba justo en el medio así que debía seguir disparando hasta que estuvieran cerradas.
—¡Segundo grupo, retrocedan!
Ella lo hizo, dándose cuenta que el primer grupo estaba tomando posiciones junto a ellos.
Una de las cosas que amaba Xian, era la manera en la que tantas personas podían actuar de forma sincronizada como una máquina bien engrasada.
Las compuertas finalmente se cerraron y el sonido disminuyó a más de la mitad.
—¡Equipo esperen órdenes! — gritó al líder Alice una vez más.
Ella junto a los demás combatientes, se quedaron firmes, pegados de las paredes unos al lado de otros.
Xian observó a la líder Alice acercarse a los vehículos, de los cuales empezaron a bajar combatientes, varios de ellos estaban heridos así que rápidamente se acercaron los paramédicos y demás.
Los ojos de Xian se movían de una persona a otra, necesitaba ver que el Sargento Garren estuviera bien, pero la habitación estaba al borde de lo caótico. Más combatientes de los que pensaron estaban heridos. El cuerpo médico se movía de un lado a otro, Xian notó que se habían quedado cortos de camillas e incluso de personal. Esto último no le preocupaba demasiado pues estaba segura que habían llamado a más personas.
Pero, ¿qué había sucedido? ¿Con qué tuvieron que enfrentarse para que resultara así? ¿Con qué situación se habían encontrado? ¿Tan riesgosa era la naturaleza después de todo?
La líder Alice se acercó al último vehículo en entrar, y de allí justamente, bajó el Capitán Kang con dificultad y la líder le ayudó.su espalda fue lo primero que Xian pudo ver con claridad: su ropa se había rasgado en una línea que atravesaba desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda, estaba sangrando.
Vio a la líder Alice gritar por médicos. Ella quiso avanzar hacia él, incluso dio un paso hacia el frente, pero una combatiente a su lado le detuvo.
—Tu orden es quedarte aquí — le recordó —. Podrías estorbar allá en vez de ayudar.
Vio entonces que el capitán Kang se resistía a los médicos y señalaba al vehículo estacionado a su lado. Al enfocar su visión, Xian divisó al Sargento Garren ser sacado por dos combatientes, parecía estar inconsciente y de su cabeza emanaba sangre.
—¡Sargento! — salió de sus labios como un quejido.
Sintió sus ojos arder, quería moverse, pero no podía desobedecer la orden, así que observaba todo con impotencia.
Se habían acercado unos tres hombres vestidos de blanco con una camilla, al parecer estaba dirigida al Capitán Kang, pero este la rechazó y subieron allí al Sargento Garren.
En cuanto el Sargento Garren fue subido y lo llevaron lejos de allí, el capitán Kang se desplomó en el suelo.
Xian sentía el nudo en su garganta, estaba preocupada, quería acercarse, verificar que el Sargento Garren estuviera bien.
Se sorprendió a sí misma en cuanto desobedeció la orden, corrió y de pronto se encontró agachada junto al Capitán Kang.
—¡Recluta! — se quejó la líder Alice.
—Hay que llevarlo — fue lo que respondió pasando uno de sus brazos sobre su cuello.
—Con cuidado — indicó la líder imitando su gesto.
Ambas lo colocaron de pie y lo llevaron por un par de metros hasta que a mitad de camino se encontraron con otra camilla.
—A la cuenta de tres — indicó uno de los de blanco ayudándolas—, uno, dos, tres. Con cuidado.
Lo acostaron sobre la camilla boca abajo, pero su rostro quedó de lado, de forma que Xian pudo ver sus ojos cerrados, a su párpado caía una línea de sangre que provenía de su ceja rota.
Su visión se enfocó una vez más en la gran herida de su espalda, había perdido demasiada sangre. Lo alejaron de ella en un instante, llevando la camilla a toda velocidad por los pasillos.
A metros más allá, observó que el Sargento Garren acababa de desaparecer en la esquina, quiso alcanzarlo en ese instante, así que avanzó un paso, pero fue detenida por la mano de la líder Alice.
—Recluta, siga asistiendo al equipo que ha llegado, después hablaremos de su penitencia.
—Sí, señora — respondió firme.
La líder Alice se alejó de ella y Xian dio una última mirada al pasillo por el que se habían llevado al Sargento Garren; él estaba inconsciente con una herida en la cabeza. ¡Tenía que superarlo! ¡Tenía que estar bien!