Cerró sus ojos un instante preparándose psicológicamente para ello. Respiró profundo y exhaló lentamente.
—No te preocupes demasiado — dijo la enfermera Mida —, solo hazlo, es algo instintivo después de todo, confía en mí.
—Confío en ti, pero no en mis piernas —respondió al abrir los ojos.
—Ya, no te dejaré caer, solo hazlo — su tono confiado no le dejó otra opción.
Asintió varias veces y entonces se empujó con las manos para terminar de colocar sus pies en el piso.
—Muy bien, ¿qué sientes?
Darat rió de nerviosismo.
—No duele, pero es extraño.
Vio a la enfermera Mida sonreír grandemente y extender su mano hacia ella.
—Es extraño porque tienes toda una vida sin poder estar de pie — informó mientras tomaba su mano y se agarraba con fuerza —. Ahora, vente, tienes que poner todo el peso en tus piernas, despégate de la camilla.
—Esto es fascinante —volvió a reír nerviosa —, vale, vale, aquí voy.
Lo pensó solo tres segundos y se impulsó hacia adelante lo suficiente para quedar totalmente apoyada en sus piernas.
Tambaleó un poco, pero la estabilidad que le proporcionaba la enfermera Mida le fue suficiente.
—¡Muy bien! ¡Perfecto! ¡Lo hiciste!
—¡Estoy de pie! ¡Estoy de pie, mírame!
No lo podía creer, sintió una lagrima correr por su mejilla, estaba tan feliz, eso para ella era algo que habia anhelado por mucho tiempo, ser fuerte, caminar, correr, hacer todo eso en la realidad. Estaba tan agradecida.
—Ahora, intentemos caminar, ¿puedes hacerlo?
—Creo que puedo.
—Muy bien, un paso a la vez, no te apresures.
Darat hizo lo que le indicaba, movió su pie derecho primero, luego el izquierdo, y repitió. Al principio sus pasos fueron torpes, sus pies se arrastraron pero luego pudo levantarlos, cada paso en vez de restarle fuerza se la daba, así que no podía evitar reír como niña pequeña.
—¡Vamos, tú puedes! — alguien más animó. Estaba consciente que se trataba de alguno de los otros esenciales en la habitación, escuchó su voz pero no se fijó en su rostro. Estaba concentrada en sus pies.
—¡Sigue, amiga, sigue! —aplaudió otra.
—¿Ves que sí podías hacerlo? — la enfermera Mida no había soltado su mano.
—Esto es asombroso — la miró con fascinación. Ella asintió.
—Vas a poder hacer muchas más cosas, Darat, solo tienes que ser fuerte y mantener tu mente abierta. Ahora, demos la vuelta y regresemos.
Darat asintió y volvió a mirar sus pies. Con mucho cuidado, giró y regresó por el mismo pasillo por el que había pasado.
—¡Lo estás haciendo muy bien!
Cuando escuchó esa voz, quiso alzar su mirada para encontrar a quien la estaba animando. Pensó que la voz provenía de una de las personas que estaban en sus camillas, asi que las buscó con sus ojos.
Se dio cuenta en ese momento que eran muy pocas las que ya quedaban en la habitación, debían ser unas seis más ella. No les había prestado atención antes y quizás era porque estaba agobiada con los malestares, pero en ese instante que intentó verles, notó que no pudo ver sus rostros con claridad.
—¿Qué sucede? ¿Por qué te detienes? — preguntó la enfermera Mida a su lado — ¿Te duele?
—No, no — respondió inmediatamente, siendo consciente de que su rostro debía mostrar toda la confusión que sentía —. Es solo que, creo, esto, que no veo bien.
Pasó su mirada de uno de los esenciales a otro, veía sus cuerpos, veía si estaban acostados o sentados, pero no podía ver sus rostros con total claridad.
—Es normal — indicó la enfermera Mida —. Es parte de tu proceso, a algunas personas les sucede también, luego te revisarán la vista, probablemente sea solo uno de los efectos secundarios.
—¿Efectos secundarios? — preguntó de nuevo esta vez volviendo a ver a la enfermera Mida, a ella podía verla con total claridad, quizás porque estaba más cerca.
—Sí, recuerda que estuvieron inhibiendo tus sentidos por años.
—Oh, sí, eso.
No estuvo segura del por qué, pero sintió como si algo quisiera mostrarse en su cabeza, como un pequeño destello que no alcanzaba a ver del todo, una ligera preocupación aparición en su pecho, como si algo no estuviera bien, pero desapareció de inmediato.
Pensó solo un instante, no tenía que preocuparse de nada, era una prueba más de que estaba en la realidad, eso más bien la emocionaba, jamás había tenido problemas de visión en una perspectiva, eso era algo completamente nuevo y era... asombroso.
—Bueno, continuemos.
Darat volvió a concentrarse en sus pies, continuó su caminata y seguía sin poder creerlo, estaba moviéndose or su cuenta. Bueno, tenía la leve ayuda de la enfermera Mida, pero prácticamente lo hacía por su cuenta.
—¡Lo lograste! — animó la enfermera Mida una vez que estuvieron frente a la camilla.
—No tengo palabras, en serio, gracias, gracias.
—Ya, calma, no tienes que agradecer —respondió colocando una mano en su hombro —, esto es un derecho que se te ha sido devuelto, tienes el derecho de moverte por tu cuenta, es algo básico del ser humano, no tendrías que verlo como algo fuera de lo normal.
—Supongo que cuando podemos hacer algo todo el tiempo, nos acostumbramos y olvidamos de lo increíble que es, como caminar — Darat habló emocionada —, es algo de lo que siempre voy a estar agradecida, incluso si pasa a ser normal en mí.
—Me gusta ese pensamiento — sonrío ella —. Ahora deberías sentarte, no queremos excederte.
Darat la miró ingenua y asombrada.
—Pero me siento muy fuerte, siento como si pudiera hasta correr.
La enfermera Mida rio y negó con la cabeza.
—Ya lo creo, pero no ha terminado tu acondicionamiento y entrenamiento de hoy, así que siéntate un momento y continuaremos con estas caminatas cada veinte minutos. ¿Está bien?
Quería seguir caminando sola en ese momento, quería incluso hacerlo sin tener el apoyo de la enfermera Mida.
—Está bien — respondió sin ser eso lo que quería.
—Calma, vamos a seguir, pero acá lo hacemos todo con un proceso determinado para que puedas mejorar en poco tiempo, pero de manera efectiva — explicó sentándola de nuevo.
Las piernas de Darat quedaron en el aire, así que las movió un poco jugando con ellas, asombrada de poder hacerlo.
—¿Darat?
—¿Si? — la miró, no se dio cuenta que se había entretenido.
—Tu proceso de rehabilitación parece que va a tomar menos tiempo que tu proceso de desintoxicación — Indicó la enfermera Mida sentándose en una silla con una tableta en las manos.
—Eso es bueno — habló ahora más seriamente y colocando su espalda recta —. ¿Ya tienes los resultados?
—Así es — seguía viendo la tableta —. Oficialmente puedo decir que tú desintoxicación se ha completado — la miró con una sonrisa —. Estás completamente limpia, en total tú desintoxicación duró siete semanas.
—¿Solo siete? Se sintió como una eternidad.
—Lo sé, lo siento mucho, pero tú cuerpo debía eliminar las toxinas por su cuenta, fuiste muy fuerte, te felicito.
—Gracias, supongo que me ayudó recordar qué era lo que realmente quería y mantenerlo en mente — Darat miró sus propias manos mientras jugaba con ellas —. Solo debo resistir este día — volvió a mirar a la enfermera Mida —. Así estuve pensando cada día.
—Bueno, sigue pensando de esa manera, porque ahora nos toca tu rehabilitación —la enfermera Mida le sonrío ampliamente —. Puedes hacerlo.
Darat asintió.
En ese momento, visualizó a varios metros detrás de la enfermera Mida, en la puerta, al Sargento Garren. Vio a la perfección sus facciones, su rostro con expresión tranquila y sus hombros relajados.
Quería gritarle que había caminado, quería decirlo de una vez, pero se contuvo, lo mejor era esperar que él se acercara. Así que solo sonrío.
—Darat, ahora vamos a caminar de nuevo, pero esta vez no sostendré tu mano.
—Está bien.
En lo que pasó su mirada del Sargento Garren a la enfermera Mida y de regreso, ya el Sargento Garren no estaba en la puerta.
Había sido solo segundos en los que eso pasó y ya él no estaba allí. La puerta ni siquiera se estaba cerrando, no había visto que se abriera para empezar.
Supuso que eso era parte de lo muy entrenado que estaba.