En ocasiones el dolor puede ser tan profundo que los días pasan a ser difusos. Los pensamientos son nublados por la única necesidad: sentir alivio.
De lo único de lo que Darat era consciente era de que quería que todo acabara ya. Luego de haber recibido la inyección de fuego, como la había apodado, había perdido la consciencia por dos días, según le había dicho la doctora Lysa, eso había sido unos días atrás pero no estaba segura de cuantos.
Luego de allí, había sido tal cual le había dicho ella que sería, fiebre, dolor de cabeza, mareos, ansiedad... en ocasiones por separado, y en ocasiones todo al mismo tiempo.
En ese momento, su cuerpo se sentía tan débil y tenía tanto frío que no podía moverse de la cama.
—Te ves horrible — esuchó la voz del Sargento Garren.
Ella solo alzó las cejas indignada, no se sentía capaz de hablar. Era la primera vez que venía a visitarla luego de que la había dejado a manos de la doctora Lysa, y lo primero que señalaba era su apariencia.
—Ya, ya, no sabía que podías tener una mirada tan matadora — se ríe sentándose a su lado en una silla —. No lo tomes a pecho, muchos han pasado por ahí, y todos los que están aquí también lo están haciendo, así que no te preocupes.
Darat no respondió nada, en cambio sintió su cuerpo temblar a causa del frío, cerró los ojos intentando ubicarse y trató de llevar la sábana hasta sus hombros pero no tuvo la fuerza.
—Los síntomas de abstención pueden ser peor de lo que se espera. Déjame ayudarte.
El sargento Garren tomó la sabana y la ayudó a arroparla. Darat hizo un leve movimiento con su cabeza para indicar que lo agradecía. Él volvió a sentarse a su lado.
—Tienes que seguir siendo fuerte, Darat — animó con voz más suave —. Sé que quizás no debe ser fácil todo lo que estás pasando, pero te prometo que si resistes y logras salir de esto, te sentirás invencible.
—¿Falta... mucho?
Su voz se escuchó más apagada de lo que imaginó, su garganta había ardido por el esfuerzo. No sé había dado cuenta que esta le dolía también. Todo el cuerpo le dolía.
—Es diferente para cada quien — respondió y acarició su cabeza como si quisiera consolarla —. A algunos les toma un par de semanas, a otros un mes o un poco más. No pienses en el tiempo, solo concéntrate en resistir un día más.
Cerró sus ojos y sintió como un par de lágrimas corrían por sus mejillas, si se rendía ¿todo dejaría de doler? Pero entonces, si lo único que faltaba por resistir era un día más, no obtendría la victoria por su culpa.
—Está bien, está bien, yo creo en ti, sé que puedes hacerlo — continuó diciendo mientras tomaba una de sus manos —. Pero si no quieres seguir, puedes dejarlo.
Darat abrió sus ojos y lo observó, estaba sorprendida de escucharle decir que podía rendirse si quería.
—Lo sé, quizás no es lo que esperabas que te dijera — dijo luego de dejar salir una risa ligera —. Pero mi punto es que la decisión es tuya y nada más, eres tú quien está sintiendo todo esto. Como te dije, creo en ti, creo que tienes la capacidad para superar esto, pero al final, eres tú quien debe decidir continuar por tu cuenta. Si sigues luchando, cuando esto acabe, serás muy feliz teniendo el control de tu cuerpo, sabiendo que puedes vivir y experimentar tu realidad. Pero la decisión es puramente tuya.
Darat meditó un momento en sus palabras y las agradecía. ¿Qué era lo que ella quería? Vivir. Debía soportar un poco más, solo un poco más.
—¿Usted no pasó esto? — preguntó Darat como bien pudo.
El sargento Garren hizo una mueca con sus labios, respiró profundo y se recostó del espaldar de la silla soltando la mano de Darat.
—Mi lucha no fue como la tuya, pero también fue difícil de soportar — respondió —, no pasé por lo que pasas ahora, ya que yo no tuve que vivir como lo hiciste hasta ahora, a través de perspectivas. Sin embargo, mi guerra fue con mis pensamientos, y te aseguro que no fue menos dolorosa que la tuya.
—¿Por qué no... — toció un poco —... no vivió perspectivas?
—Sé que tienes muchas dudas y todo se te explicará una vez que salgas de aquí. Por el momento puedo decirte que la vida no es únicamente lo que conoces — se inclinó un poco hacia ella —, tus cirscuntancias, tus costumbres, la forma en la que viviste no es la única que existe, hay mucho más que eso, pero fue lo que te hicieron creer. Es para eso que estamos aquí ahora, queremos que sepan que pueden y deben vivir como los protagonistas de su vida. Ya irás comprendiendo todo mejor, por ahora esfuérzate por superar esto porque tienes una gran historia por delante.
Darat dejó salir una leve sonrisa, sin embargo no sabía si él la vería a través de la máscara de oxígeno.
—Gracias por venir.
—Ah, ni lo menciones — sonrió grandemente y movió su mano en un intento por ser amigable y lo era —. Soy como tu apoyo aquí. Es mi trabajo hacerte saber que no estás sola.
Darat solo asintió.
—¿Has podido hablar con ella? — preguntó la doctora Lysa parándose a un lado del sargento.
—Por supuesto —contestó orgulloso —. Podrá estar muy agobiada, pero no se iba a resistir a mis encantos, ¿cierto Darat?
—Mucha confianza — se quejó débilmente.
—Lo sé, la confianza en sí mismo se nota a lo lejos — concordó la doctora señalándolo —. Pero es lo que le permite estar en la posición que está.
—No se imaginan cuánto me costó mi confianza, envidiosas.
La forma en la que lo dijo hizo reír a Darat, ellos también rieron pero entonces, su garganta se sintió muy seca y empezó a toser.
—Agua — indicó la doctora Lysa volcándose junto a Darat en un instante.
El Sargento Garren le alcanzó la botella que estaba en una mesita a par de metros, así que la doctora apartó la máscara de oxígeno y Darat tomó el agua.
—¿Estás bien? — la doctora Lysa la miraba ligeramente preocupada.
—Sí, no es nada.
La doctora Lysa regresó la máscara de oxígeno a su lugar.
—Bueno, me saliste dramática — se quejó el sargento Garren al lado de la doctora.
—¿Te salió? No es tuya — la doctora le golpeó el hombro.
—No, pero algo me dice que será una de mis subordinadas en un tiempo —dijo confiando para luego hacer un movimiento con su mentón en dirección a ella —. ¿Cierto, Darat?
Ella sonrió de nuevo.
—Sí.
—¿No crees que primero debes saber lo que ocurre aquí para poder decidir? — preguntó la doctora Lysa.
Darat alzó los hombros ligeramente.
—Cuando estás en el lugar adecuado, no necesitas razones, solo lo sabes — dijo con firmeza pese a su debilidad.
El sargento Garren sacó su pecho colocándose aún más derecho.
—Recuerda lo que te dije — habla con seriedad —, la decisión debe ser tuya, así que cuando escuches la verdad, podrás tomar tu decisión.
Ella lo vio por un momento. Algo hizo eco en su cabeza, como si una luz se encendiera en algún lugar y pudiese ver solo un destello de ella.
Pero entonces, el dolor la golpeó de nuevo como una ola en el mar, y fue tan fuerte que no pudo mantener su mente activa.
Darat no supo cuando volvió a estar consciente, ni por cuánto tiempo fue, ni las veces que lo estuvo. El dolor en su cabeza le impedía pensar o ubicarse.
Los días pasaron como si no estuvieran dentro de su control sino a manos del dolor. Entre los malestares todo se sintió muy lejos para ella, casi como si fuera ajeno.
Pero el punto era que se trataba de su vida. Su verdadera vida.