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1646 Words
La doctora Lysa, una mujer de cabello asombrosamente naranja recogido en una cola alta, tomó una tableta electrónica y se sentó a su lado. —Más adelante se te explicará la historia a detalle, pero yo estoy encargada de iluminarte el camino en cuanto a cómo te han estado tratando toda tu vida y cómo haremos para revertirlo — continuó hablando con una sonrisa cálida—. La razón por la que entras en la categoría de esenciales, es porque a quienes llamamos de esa forma son personas que aún pueden ser salvadas. Por lo que implican prioridad en las misiones de rescate. —¿Salvadas? —Sí, bueno — hizo una mueca —, es un término que utilizo de forma personal — rio un poco—. En realidad, todos pueden ser salvados, pero no todos quieren serlo. Verás, desde que ustedes ingresan a su primera perspectiva — dijo la palabra haciendo comillas con los dedos —, comienzan un tratamiento, o mejor dicho para mí, empiezan a ser drogados para poder tener control sobre ustedes. Esas drogas son inhibidores en su mayoría, y con el paso del tiempo su cuerpo desarrolla una adicción, entonces, como cada persona y organismo es diferente, algunos se enfrentan a una dependencia mayor, a un punto en el que sencillamente, por más que los desintoxiquemos, no pueden vivir en la realidad. —Lo sé — respondió calmada—, es por eso que nos hacían pruebas al salir de una perspectiva y entrar en otra. De hecho, nos indicaban también la cantidad de deterioro que tenía nuestro cuerpo. No es algo que no supiera, después de todo, nuestra esperanza de vida son veinticinco años. —Correcto —asintió y respiró profundo —, sin embargo, eso es porque ellos así lo decidieron, nosotros en realidad podemos vivir mucho más tiempo que eso. —Eso no lo entiendo, ¿cómo es que ustedes están viviendo arriba? ¿cómo es que… existen? La doctora Lysa sonrió y le dio una mirada que sin duda era de compasión. —Como te dije, eso será algo que te expliquen más adelante, no tienes que pensar en eso justo ahora, lo primordial es regresarte tu fuerza vital y el control de tu propio cuerpo. Al escuchar eso, su corazón saltó, una alegría le recorrió el cuerpo al recordar lo que eso era. —Esta mañana, pude colocarme de pie — habló sin ocultar su fascinación —, no lo había podido hacer en años, me sentí muy fuerte por un instante y no entendí qué había pasado exactamente… pero… eso… ¿fueron ustedes? —Sí, así es — sonrió de nuevo—. Esa fue tu primera dosis de nuestro tratamiento, tiende a causar como… podrías llamarlo una subida de adrenalina. —¿Esto quiere decir que no tengo un deterioro real? —No, claro que no, ninguno de sus cuerpos está en un punto de no retorno, lo que puede estarlo es su mente. —¿Entonces por qué no podía mover mis piernas? ¿por qué dolían tanto cuando intentaba moverlas? —Por las drogas —respondió como si fuese obvio —. Como te decía, lo que les colocan a ustedes en esas dosis de nutrientes — hizo comillas con los dedos—, es para que suplir la necesidad de comida real, y también para afectar sus habilidades motoras. —Quiere decir que… —Que cuando eliminemos esas toxinas de tu cuerpo, no habrá nada que no puedas hacer, porque tu mente siempre ha querido vivir de verdad, siempre anhelaste más y te rehusaste a aceptar las circunstancias a las que estabas sometida. Su cuerpo se llenó de energía. Quería llorar, gritar y reír, todo al mismo tiempo. Lo que había estado soñando y manteniendo como un anhelo en su corazón ¿de verdad le estaba sucediendo? ¿De verdad había llegado a su vida una respuesta? —Por tu expresión, puedo decirte que, sí, esto está sucediendo —la doctora Lysa tomó una de sus manos —. Te felicito de verdad por ser una de las esenciales, solo un tercio de las personas en cada base pueden ser salvadas, las otras dos partes… bueno, no querían aceptar que la vida era mucho más de lo que le enseñaron. —Yo… esto… —Tranquila, está bien — dio una palmada en su hombro —. La realidad es que tienes mucho más que procesar, y por más que quisiera darte el tiempo para asimilarlo, no lo tenemos. Debemos avanzar con la desintoxicación. La joven asintió, respiró profundo y secó sus lágrimas. —¿Qué debo hacer? —Solo resistir, porque este proceso va a doler. —Lo haré. —Sé que sí —sonrió y se colocó de pie —, voy a colocarte una inyección que apoya a la dosis que te dieron esta mañana, sin embargo, esta no te causará la misma subida de adrenalina, en cambio, sentirás como si hubiera una guerra dentro de ti. Dolerá mucho por unos minutos, luego tendrás un poco de alivio, pero en los próximos días, tu cuerpo estará eliminando las toxinas por su cuenta, vas a tener fiebre, náuseas, dolores de cabeza y demás, y no te daremos ningún medicamento para contrarrestarlo, sin embargo, te ayudaremos a sobrellevarlo. Esto será un proceso que dependerá de ti y debes ser muy fuerte. —¿Lo correcto no sería decirme que no va a doler y que todo estará bien? —No, en lo absoluto, ¿qué sentido tiene que te diga que todo será color de rosas y cuando la verdad es que será duro? — respondió francamente moviendo sus dedos por la tableta — No te voy a decir que no va a doler cuando sé que lo hará, la cuestión aquí es que tendrás unos días difíciles, pero una vez que los superes, lo valdrá todo, serás fuerte y podrás hacer cosas increíbles, que es lo que siempre soñaste. —Gracias por tu sinceridad. —No hay de qué — sonrió —. Estamos listas, Mida —indicó a otra chica con uniforme blanco que empujaba un carrito. —Perfecto —respondió acercándose —. Bienvenida, esencial — sonrió la chica en su dirección —, ¿cómo te sientes? La observó detenidamente, era increíble la diversidad de personas en ese lugar, la mujer era morena con cabello realmente oscuro sujeto en una trenza, sus facciones eran realmente únicas y sus ojos ámbar sencillamente resaltaban. Estaba fascinada. —¿Darat? — le llamó la doctora. —¿Ah? Las escuchó reír. —Mida te ha preguntado que cómo te sientes — indicó. —Oh, sí — recordó —, estoy un poco abrumada y esta máscara para respirar es un poco incómoda, pero estoy bien, lo siento, es que, nunca había visto a personas como ustedes, cada uno tiene algo tan diferente que me siento asombrada, discúlpame. —No, está bien —la vio acercarse, tomar su brazo y pasar un algodón por su brazo —, nosotros estamos acostumbrados a vernos los unos a los otros, pero para ustedes, las diferencias deben ser fascinantes, es agradable recordarlo. —Creo que me tomará tiempo acostumbrarme y dejar de verles como ha dicho el Sargento Garren. —No hay prisas —rio Mida —. Ahora, voy a proceder a colocar la inyección, ¿estás lista? Respiró profundo y miró el techo de piedra sobre ella. —Sí. —Aquí vamos. Entendió allí porqué la doctora le indicaba que debía ser fuerte, el dolor que sintió a continuación, no era nada que alguna vez hubiese experimentado. Sintió cómo el líquido entró a su sistema y que todo su cuerpo empezó a arder. Era como si todo su cuerpo hubiese sido sumergido en agua hirviendo. Se había quemado muchas veces durante sus perspectivas, así que la sensación le era similar, solo que esta vez se encontraba en la realidad. Gritó, intentó no hacerlo pero lo hizo, se abrazó a sí misma colocándose de lado en a cama y llevando las rodillas a su pecho. —Resiste, Darat, tienes que resistir — distinguió la voz de Lysa, escuchándola distante —. Tienes que ser fuerte. —Duele... quema... no. Ningún dolor que había experimentado antes había sido tan desgarrador como lo era ese. Se había fracturado huesos, roto un par de costillas, su piel se había cortado muchas veces, recibido disparos y demás, pero nunca había sido tan abrumador como lo era ahora. ¿Quizá era porque nunca las sintió de verdad? Todas esas experiencias no eran suyas, eran de los personajes con los que se había identificado. ¿Eso era lo que se sentía la realidad? ¿Sentir el sufrimiento como si fuese a consumirte? ¿Era lo mismo para otras sensaciones o emociones? La realidad, no tenía otra forma de describirla, más que abrumadora. ¿De verdad quería vivirla? Todos esos pensamientos pasaban por su mente y a la vez no pasaba ninguno. —...Cambiarle a la máscara de oxígeno... No entendía las voces que escuchaba, pero quizás eso pudo comprenderlo porque el aire le faltaba, se sentía sofocada. Las lágrimas cayeron por sus mejillas y a pesar de que todo ardía y dolía al mismo tiempo, no era capaz de moverse. ¿Tantos años de haber vivido encerrada en una misma habitación, resultaban tan costosos de dejar atrás? ¿Sería mejor regresar allí? No, no lo era. La ignorancia era lo que le estaba pasando factura. Si ese era el precio a pagar, si el dolor podía ser tan abrumador, la felicidad y otras emociones valdrían el riesgo y lo tomaría. Se sintió agradecida cuando de pronto, dejó de escuchar, todo paró de doler, como si todo se hubiese puesto en pausa. O quizá había sido solo su mente.
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