¿Un cielo azul era posible? ¿Nubes blancas?
No podía creerlo aun cuando no había dejado de observarlo durante todo el camino, estaba absorta completamente porque era… un fenómeno precioso.
Cuando le enseñaban historia, le mostraron imágenes de un cielo gris con nubes espesas y de extraña apariencia.
De pronto, una capa rocosa se interpuso entre ella y el hermoso cielo. Miró a su alrededor buscando una respuesta y entonces se encontró con los ojos azules que la habían sacado de la capsula.
—Hemos llegado a nuestro refugio — indicó.
Ella asintió.
Observó que se había quitado la tela que cubría parte de su rostro y ahora era totalmente visible, a pesar de los metros de separación, lograba distinguir que sus facciones eran fuertes, tenía una mandíbula muy marcada. El color de su piel estaba equilibrado en el medio de un tono oscuro y uno claro, a diferencia de ella y de todos los que habían sido sacados de sus perspectivas, que tenían la piel muy blanca.
Fue consciente del momento en el que se detuvo la nave, o lo que sea que fuese eso. Observó a todos los soldados desabrochar sus cinturones y las compuertas se abrieron.
Entraron lo que podía decirse eran paramédicos con camillas y se acercaron rápidamente a los heridos.
—Tienen que salvarlo —dijo el Capitán.
—Haremos todo lo posible, señor.
Los subieron a las camillas y pronto se los llevaron. Hasta ellos parecían profesionales de altura, todos allí estaban demasiado organizados.
El Capitán se colocó de pie y todos lo imitaron parándose erguidos.
Aquello le producía una sensación de familiaridad inexplicable, como si perteneciese a ese equipo, quería levantarse y tomar un uniforme. Después de todo, ella había sido parte de formaciones parecidas en muchas vidas.
Notó que podía ver el rosto de algunos pocos que la habían dejado al descubierto como el Líder, y se maravilló. Había mujeres y hombres de diferentes colores de piel, le parecía algo asombroso.
—La misión se ha completado —comenzó el Capitán delante de ellos —, han hecho un gran trabajo.
—Restauración — dieron lo que parecía ser el saludo militar.
Al mismo tiempo que hablaron, cruzaron los brazos por encima de su pecho colocando la mano derecha en el hombro izquierdo y viceversa, seguido subieron las manos en puño a la altura del rostro juntando los torsos de las mismas, inclinando el rostro hacia abajo, y finalmente descruzaron los brazos regresando a la posición inicial parados firmes.
—Líderes de equipo, quiero los reportes sin demora —continuó —. Ahora, equipo de táctica y reconocimiento, pueden retirarse.
—Restauración — repitieron el saludo.
Los vio salir de forma ordenada unos detrás de otros. Se sentía tan embelesada de ver a personas tan valientes y profesionales.
—Equipo de extracción, lleven a los esenciales al hospital, luego podrán descansar.
—Sí, señor —respondieron estos al unísono, incluido el Líder.
—Buen trabajo a todos — agregó.
Fue allí que él la vio, sus cejas se juntaron un momento, como confundido.
—Joven, ¿estuvo despierta todo este tiempo?
Su voz fuerte le hacía pensar que le estaba exigiendo la respuesta, aunque sabía que debía ser el hecho de que pasaba mucho tiempo ejerciendo su papel.
—Sí, señor —respondió lo más firme y segura que pudo.
Más allá de él, notó que el Líder se había reído.
—Bien, fuiste muy valiente, pronto alguien te explicará qué es lo que ha pasado —dijo avanzando hasta ella unos pasos, se mantuvo lo más derecha posible.
Le vio quitarse la capucha, bajar la tela que le cubría el rostro y entonces pudo detallarlo correctamente.
Su piel era clara, pero no al extremo como la de ella, no era tan mayor ni sus facciones eran tan rusticas como había pensado, eran peculiares, sobretodo, y lo que más captó su atención, la forma de sus ojos, jamás había visto unos así, eran rasgados y de un color oscuro.
—Soy el Capitán Kang Dong Hyun — se presentó, había acertado en cuanto a que era capitán —, pero no es necesario que respondas como un subordinado, no lo eres, al menos de momento.
—Lo siento, capitán. Viví muchas veces como una subordinada, capitán — inmediatamente quiso retractarse, había vuelto a hablar como una.
Le vio negar con la cabeza.
—No es tan bueno escuchar eso —respondió con su rostro inexpresivo —. No ofrezco estrechar su mano puesto que no es lo más acorde ahora — abrió sus manos manchadas de sangre.
—No se preocupe, Capitán —quería dejar de hablar de esa forma, pero le era inevitable.
Y pareció que él también lo entendió así porque alzó las cejas y movió la cabeza levemente.
—Manténgase fuerte, pronto responderán sus dudas — indicó y luego se alejó —. Equipo de extracción, a trabajar.
Sin más se retiró.
Fue allí que notó que nadie se había movido hasta ese momento y sintió un poco de pena, la habían visto actuar como una de ellos cuando no lo era. Pero conocer el protocolo militar, al menos tener una idea de él, no le permitió actuar como la civil que era en realidad.
El Líder se agachó frente a ella.
—Sin duda tienes unos fetiches de lo más únicos — dijo quitando la seguridad de su silla —, te gustaba ser soldado.
—Soldado, espía, agente o una guerrera, me gusta la acción —respondió todavía manteniendo cierta formalidad.
—Bueno, esta no es ninguna de esas vidas —dijo mirándola a los ojos —, esta es tu verdadera vida.
Él era más joven que el capitán Kang sin duda, pero tenía un aire de autoridad innegable.
—Es cierto, supongo que tendré que pasar por el entrenamiento completo para formar parte del cuerpo.
—¿No deberías estar haciendo preguntas y queriendo conocer nuestras intenciones para ofrecerte como una recluta? —preguntó con un tono más casual mientras se colocaba de pie.
Asintió y alzó los hombros.
—Supongo que, sin importar si es realidad o ficción, todo lo que quiero es luchar por los ideales correctos.
—Aquí es donde empiezas a cambiar —indicó serio pero comprensivo —. No existe el ideal correcto, encuentra la verdad y libérate.
—¿A cambiar?
—Sí — sonrió y se inclinó un poco hasta ella, haciéndole quedar frente a frente —. Estamos para cambiar lo que conoces, mantén tu mente abierta así que solo sé fuerte.
Sus ojos azules la hipnotizaron, le parecía un color hermoso y él tenía un aire que la intrigaba.
—No me mires así por mucho tiempo, o empezaré pensar que te llamo la atención.
—Por lo menos sus ojos sí, nunca había visto ojos que no fuesen índigo.
La sinceridad con la que respondió pareció haberle golpeado, pudo ver que su expresión pasó de coqueta a una de lastima o compresión.
—Bueno — carraspeó —, ahora verás muchos colores de piel y de ojos, así que igual procura no mirar a todo el mundo de esa manera, como lo hiciste con el capitán Kang, parecía como si estuvieses realmente impactada.
—Lo estaba, no había visto a alguien como él en la realidad.
Él salió de su campo de visión colocándose detrás de ella.
Vio cómo otros eran sacados también a través de las compuertas y pronto ellos le siguieron.
Observó todo con atención, al salir de la nave se encontraron en un túnel, las paredes eran de roca grisácea, el suelo era de granito pulido y todo estaba perfectamente iluminado.
Al terminar el pasillo, justo al lado de la puerta, se encontraban dos personas vestidas de blanco que le recordaban a doctores. Una mujer, de cabello rojo y ojos marrones se acercó a ella con una máscara en su mano:
—Bienvenida, eres uno de esos raros casos que llega despierta, así que espero que pronto puedas entender todo y disfrutar de la vida como es debido —habló con una sonrisa —. Como estabas acostumbrada a vivir bajo otras condiciones, adaptarte te costará un poco, así que debes usar esta máscara mientras te llevamos al hospital para atenderte.
—Está bien.
No sabía por qué, pero no sentía como si estuviera en el lugar equivocado, no tenía idea si se debía a que siempre anheló y soñó con experimentar cosas en carne propia, o si estaba muy acostumbrada a aceptar los cambios en sus perspectivas.
La mujer colocó la máscara cubriendo su boca y nariz y fue allí que se dio cuenta que le había estado costando respirar, sí había una notoria diferencia, como si su nariz hubiese estado tapada y ahora que podía respirar mejor era que lo notaba.
—Gracias — dijo cuando la vio alejarse.
—No hay de qué —respondió —. Ya pueden avanzar.
—Realmente estoy sorprendido contigo —escuchó a su guía —, ya quiero saber más de ti y tu manera de pensar.
—No hay mucho que saber de mí, mi vida no es interesante.
—Yo creo que es todo lo contrario.
Avanzaron por un pasillo estrecho, en el que tenían que ir uno delante de otro. Le parecía asombroso estar en un lugar tan distinto al que había conocido toda su vida.
Y fue allí cuando la intriga comenzó a crecer en ella, ¿quiénes eran ellos?
Entraron finalmente a lo que entendió era el hospital. Había hileras de camas a la derecha y a la izquierda de ella, varios de los soldados ya estaban retirándose, mientras que otros aún colocaban a los esenciales en camas y ella fue llevada hasta a la suya.
—Bien, vamos a subirte acá para que puedan aplicarte el tratamiento —dijo el Líder parándose a su lado.
—¿Tratamiento?
—Sí — respondió él mientras pasaba un brazo por su espalda y el otro debajo de sus rodillas —, será como una desintoxicación.
Una vez que estuvo en la cama, observó de nuevo al hombre que la asistía. Sus ojos no dejaban de llamarle la atención, el color azul era tan intenso y muy diferente a los que había visto toda su vida.
Pero más allá de eso, había algo dentro de ella que le indicaba que debía prestarle atención.
—Te dije que no me miraras así o tendré una idea equivocada — dijo con tono coqueto mientras se alejaba de ella.
—Lo siento.
—No te disculpes — hizo un gesto con la mano —, sé que es inevitable ante este rostro.
Ella alzó las cejas sorprendida.
—Eso es mucha seguridad en sí mismo —rio y negó con la cabeza.
Él alzó las manos y se encogió de hombros.
—Debo tenerla para no tener problemas cuando debo ponerme firme.
—Sí, pero quizás te pasaste de la dosis —bromeó.
—Probablemente —concordó con una sonrisa—. Ahora debo irme, tengo reportes que hacer — hizo una mueca de fastidio.
—Entiendo, gracias por asistirme.
—No puedo irme sin presentarme, soy el Sargento Joseph Garren — estiró la mano hacia ella —, no puedes olvidar ese nombre ni este rostro.
Rio ante lo seguro y confiado que era mientras estrechaba su mano.
—Yo solo soy Darat.
—Lo sabía — soltó su mano —, estudiamos cada detalle antes de ir a una base y entre ellos a los esenciales. Aunque entre ustedes no hay variedad de nombres.
—¿Cómo?
—Ya te lo explicarán después — movió la mano y miró su reloj—, ahora sí, ha llegado el momento de irme, un gusto conocerte, te veré luego.
—Gracias de nuevo, Sargento Garren.
—Dime Joe —le guiñó el ojo —, no te olvides de este rostro.
—Ya entendí.
Sin más, lo vio retirarse y casi de inmediato una mujer con bata blanca se acercó a ella.
—Bienvenida, esencial — sonrió y habló amablemente —, eres una de las pocas que llega despierta, así que te pediré que seas fuerte y mantengas tu mente abierta.