El entrenamiento había transcurrido y terminado de forma que Xian sintió el peso de cada día y cada noche. El cansancio, agotamiento y estrés fueron intensos.
No habían tenido eventos desafortunados, como si hubiesen estado organizados a ocurrir solo en la primera mitad del entrenamiento.
No obstante, muchos combatientes habían resultado heridos o lesionados fuese a causa de insectos, el terreno irregular o por alergias a algunas plantas.
Xian estaba entre los que se lastimaron a causa de una rama, se había cortado el antebrazo izquierdo al estar intentando esquivar una abeja.
El guía Dean le había atendido, mientras que el Sargento Garren se acercó a llamarla torpe con su característico tono pícaro.
Además de eso, no habían tenido conversaciones profundas, sus interacciones no fueron lo suficientemente resaltantes como para que las recordara. Sin embargo, Xian sentía como si se hubiesen hecho más cercanos, probablemente por el hecho de que él les había dirigido de manera tan precisa, que habían mejorado su entrenamiento y regresado con pocos heridos.
Cuando un líder lograba eso, se ganaba el respeto y admiración de su equipo, así que el Sargento Garren le había hecho admirarle aún más.
Llegaron al hormiguero a la tercera hora después de media noche, sin retrasos a pesar de los inconvenientes que se les presentaron. A esa hora los recibió el cuerpo médico listo para atender todas las lesiones, entre las que estaba su brazo cortado.
La herida había sido corta pero relativamente profunda, haciéndole necesitar tres puntos de sutura.
El Capitán Kang no le había dirigido la mirada en ningún momento luego de que lo ayudara. Él se acercó a los combatientes más heridos para asegurarse de que estaban bien, o de aquellos que tenían alergias, pero ella no entró en ese grupo. Así que tuvo que verle irse sin despedirse. Al menos personalmente porque de manera generalizada sí lo había hecho.
Luego de todo eso, Xian se dió una larga ducha y luego se fue a su habitación en el dormitorio de combatientes, dónde durmió cómoda y profundamente.
Se despertó un par de veces a causa del ruido de sus compañeras, pero volvió a dormir con facilidad. Estaba profundamente agotada.
Era su día de descanso y estaba dispuesta a dormir todo el día. Seguramente por eso era que les daban ese día. Después de todos habían estado entrenando sin parar ni un día durante casi tres meses.
No sé quejaba, el dolor en sus piernas, el cansancio de sus brazos y agotamiento en todo su cuerpo la hacían sentir viva.
—Xian — Alguien le llamó.
Sus párpados pesaban tanto que le dió la espalda. Quería seguir durmiendo.
—Xian, debes despertar — era una voz masculina.
—No.
Él rio, probablemente a causa de que se había tapado la cara con la sábana.
—Vamos, Xian, solo un momento, necesitas comer.
Reconoció que se trataba de Jerald, su guía, quien le quitó la sábana del rostro y pudo percibir el aroma de la comida.
Su estómago rugió, tenía hambre.
Pero estaba tan agotada.
—Xian, puedes volver a dormir después — le indicó Jerald.
Ella colocó todo su esfuerzo y determinación en sentarse y lo logró, pero inmediatamente recostó su espalda de la pared. Intentaba abrir los ojos, pero no era una tarea fácil así que se cerraban por su cuenta y ella insistía en abrirlos.
—Realmente estás al límite, estás muy agotada.
—Mmmm.
—Bueno, pero aún así, debes comer — insistió una vez más —. Vine a ver cómo habías llegado de tu misión y tus compañeras me dijeron que todo lo que habías hecho era dormir.
—Mmmm.
El esfuerzo que implicaba musitar eso era mayor al que había hecho al obligar a sus piernas a darle más rendimiento durante la últimas tres horas de camino.
—Es necesario que comas para que puedas recuperar más energías — insistió.
—Mmmm.
Xian se dejó caer hacia un lado.
—No, no, no — la sostuvo por el hombro y la volvió a sentar —. Come un poco. A ver, abre la boca.
Hizo lo indicado y sintió el bocado de arroz que él puso en su boca, sin embargo, no lo masticó.
—¿En serio, Xian? — se quejó Jerald.
Entonces la obligó a masticar.
—¡No puedes estar tan agotada! ¡Vamos, vuelve a tus sentidos, niña!
Su sermón le produjo una sonrisa, estaba en punto medio entre dormida y despierta, o quizás más despierta.
—Traga, eso es, abre otra vez — le dio otra cucharada de arroz que esta vez masticó sin ayuda.
El sabor del arroz le gustaba, así que su cuerpo fue cediendo a despertar, poco a poco abrió sus ojos a pesar de que la luz le encandilaba.
—¿Ya estás despierta?
Vio su rostro preocupado.
—Casi — respondió con la boca llena.
Jerald dejó caer los hombros e hizo una mueca de reproche.
—Eres difícil, ¿eh?
—Sí.
Luego abrió la boca de nuevo.
—Ya puedes comer sola.
—No — se quejó cubriéndose con la sabana hasta el cuello.
—¡Eres insufrible! ¡A ver, abre la boca!
Lo hizo y le dio otro poco de arroz, ella sonrió.
—¿Te sientes bien? ¿Tienes algún tipo de malestar?
—Estoy bien — habló con la boca llena —. Gracias, Jerald, eres muy atento.
—Mastica bien — reprendió —. Y no es nada, soy tu guía, siempre estaré preocupado por ti y los chicos.
—¿Somos tus hijos?
—Casi.
—Si contamos toda la vida que he vivido — Xian pasó una mano por su rostro —, yo podría ser tu madre.
—No, creo que hasta podrías ser mi abuela.
Xian ladeó la cabeza pensándolo.
—Sí, de hecho, sí.
—Toma agua — le extendió un vaso y refrescó su garganta.
—Gracias de verdad.
—Ya, no agradezcas, solo come.
Colocó otra cucharada de arroz frente a su boca, pero antes de tomarla le preguntó:
—¿Qué hora es?
—Tres horas luego del atardecer.
—¿Qué?
Tuvo que cubrirse la boca porque casi deja caer todo el arroz.
—¡Te dije que me preocupaste! ¡Dormiste todo el día!
—¿Sabes qué es lo peor?
—No me digas.
—Seguiré durmiendo luego de comer.
—Realmente estás agotada.
—¿Por qué mentiría? — tragó.
—¿Cómo te fue allá afuera? — su voz fue más suave, más preocupada — ¿Te pasó algo?
Xian respiró profundo, miró al techo un momento y luego volvió a verle.
—¿La verdad? Estoy molesta.
—¿Por qué?
Xian se encogió de hombros.
—Hicieron tan bien las perspectivas que casi no pude notar la diferencia con las cosas que ya había vivido, o bueno, de la manera que he vivido.
Jerald asintió, él era muy comprensivo.
—¿Tan difícil fue?
—No lo sé, ese es el punto — se abrazó a sí misma —. Al principio todo me sorprendía y daba la impresión de que era asombroso, pero luego fui notando que no había tanta diferencia con las perspectivas.
—Creo que no tiene que ver con perspectiva o realidad — respondió cruzándose de brazos.
—¿Entonces?
—Creo que tiene que ver con que eres humana, Xian.
Se quedó pensativa.
—Es de humanos sentirse asombrados por las cosas que le rodean, pero solo por las primeras horas, luego d eun tiempo, cuando te acostumbras a que las cosas están ahí — alzó los hombros y los dejó caer —, simplemente ya no las ves tan asombrosas como pensabas que eran.
—En eso tienes razón — concordó ara luego quitarle la cuchara de la mano y así poder comer por su cuenta —. Me ha pasado con la diversidad de la apariencia de los nativos, sin embargo, hay uno solo que no importa cuánto le vea, me sigue pareciendo fascinante.
—¿Qué?
Se dio cuenta de lo que había dicho, había salido de su boca sin que pudiese procesarlo o filtrarlo primero.
De inmediato metió una cucharada grande de arroz a su boca.
—¿Quién te parece fascinante? — se entusiasmó.
Ella negó varias veces.
—¡Dime! ¿Quién es?
—Nadie, no es nadie.
Él alzó las cejas varias veces y susurró.
—Yo sé quién es, he visto como le miras.
—¿Cómo? ¿Quién? — tragó de inmediato — ¿quién crees?
—No tienes que ocultarlo, está bien, muchas llegan a tener un flechazo por él.
—Ya, basta, no sabes nada.
—Sí sé.
Xian entrecerró los ojos examinándolo.
—¿Quién crees?
Jerald sonrió maliciosamente y luego se acercó a ella para decir:
—Joe.
Xian no pudo controlar su expresión de sorpresa.
—¿Qué?
—Garren, tu Sargento, es él.
Y en ese momento, Xian solo pudo soltar una gran carcajada.
—¿Qué? ¿No es?
Xian colocó una mano en su hombro.
—Quiero dormir.
—¡Xian! ¡Dime!
—¡No! ¡Tengo sueño!
—¡No es justo!
—No, de hecho, no es justo — respondió pensando en lo injusto que era sentirse atraída por alguien que no la miraba.