capitulo 38

1117 Words
Cuando le siento llegar, quiero suspirar de alivio e ir directo hacia sus brazos. Pero por alguna razón no puedo hacerlo. No me giro, y solo me quedo viendo la pared de la ducha frente a mí. Me estremezco cuando escucho su respiración agitada. Pero todo mi cuerpo reacciona cuando Balthazar presiona su frente sobre mi coronilla. Cuando entierra su nariz en mi cabello e inhala con fuerza sobre la piel húmeda de mi cuello. Cierro los ojos, con la respiración temblorosa y el pulso hecho un lío. —Balthazar — gimo, porque su alto y fornido cuerpo se pega a mi espalda, dejándome sentir el endurecido m*****o desnudo sobre mi espalda baja. Así como sus fuertes pectorales, que se pegan a mi piel, inundando mi cuerpo de su calor. —No volveré a perderte de vista en la vida — gruñe con ronquedad. Sus brazos rodeándome y sus manos aferrándose a la piel de mis caderas con firmeza. Una de ellas sube y me agarra la barbilla —. Dame esa boca — me gira la cara hacia él Cuando sus labios toman los míos, me devora en un exigente beso que me quita un gemido. Su lengua húmeda me invade, y me desinflo entre sus brazos, que me mantienen de espaldas mientras me besa con desespero. Sus dientes me muerden, sus labios me absorben. Soy esclava de su desenfreno por mí, pero no puedo dejar pasar las alarmas que siguen sonando en mi cabeza. Todo lo que pasó hoy. Ragnar, el bebé, las conversaciones con Balthazar. Cada suceso que me genera miles de preguntas, y que no me permiten disfrutar del tacto de Balthazar mientras me cuestiono todo. Mi cabeza va a mil lugares por minuto, y mientras más dudas se forman, más tensa me pongo. —Devuélveme el beso — gruñe Balthazar, pero hago un esfuerzo sobrehumano para alejarme de esa boca que me vuelve loca. Lo miro a los ojos, y bajo mis manos a las suyas sobre mis caderas para retirarlas de allí y poder separarme de él. Me deja, de mala gana. —No puedo seguir así — susurro, con la voz comenzando a temblarme de nuevo. Su oscura mirada se ablanda, y le veo suspirar —. Necesito respuestas, Balthazar — me trago el nudo y me pongo firme. —Te daré todas las respuestas que quieras, pero tienes que saber que esto — nos señala, adquiriendo una nueva oscuridad en su mirada —. No está en cuestión. Tú y yo no nos estamos apartando del otro — advierte, pero no me asusta. Extrañamente, hace que me sienta más segura de poder seguir con esta conversación. Me acerco a él, y se sorprende cuando pongo mis manos en su pecho desnudo. El agua comienza a ponerse fría sobre nuestros hombros, pero lo ignoramos. Me pego a él, y su calidez es todo lo que necesito mientras le miro. Me rodea con sus brazos. —Cuéntamelo todo, Balthazar. Quiero saberlo todo, quiero que me expliques exactamente qué eres, qué soy yo para ti — demando, tomando sus mejillas para que vea lo sería que soy —. Quiero que, por una vez desde que nos conocimos, no te escondas en el sexo y dejes de confundirme con tus intenciones — mi voz se rompe, y lo miro con lágrimas en los ojos. «Necesito respuestas. Porque no paro de pensar que nos usaste. Que mi hijo y yo somos objetos de tu necesidad momentánea, que solo nos usaste para... lo que sea que te hizo ser real — revelo lo que ha estado matándome por dentro. Lo he estado intentando suprimir, pero con cada actitud, desaparición o reacción de su parte, esa posibilidad se ha estado haciendo más grande en mi cabeza. Pasa de frío a caliente muy rápido a mi alrededor. Desaparece cuando quiere. No tiene en consideración lo que yo pueda sentir. Solo hace y deshace como si no fuéramos nada para él. —¡No lo es! — me sorprendo cuando parece realmente desesperado mientras me mira a los ojos. Me toma del mentón y niega —. No me he guardado las cosas porque quisiera confundirte o alguna mierda de esas. Lo he hecho porque estoy aterrado de que quieras abandonarme en el mismo maldito momento en que te diga todo. Yo mismo he intentado huir de esto durante décadas — revela, desconcertándome. —¿De qué estás hablando, Balthazar? Sigues hablando en clave, y ya no puedo soportarlo. Explícame — suplico, frustrada. Un suspiro cargado de cansancio se escapa de sus labios, antes de bajar su boca a la mía y dejar un rápido y húmedo beso que me deja un poco atolondrada. Sorpresivamente rápido, vuelve a separarnos, y sale de la ducha con rapidez, yendo por una toalla y dejándome totalmente confusa e intrigada. —Ven aquí, te secaré antes de que te enfermes, y luego hablaremos — suelta, extendiendo la toalla para que vaya a él. Dudosa, apago el agua y salgo de la ducha. Le dejo rodearme con la suave tela y comenzar a secar mi cuerpo con delicadeza, logrando hacerme relajar brevemente mientras le observo pasar la toalla por mi piel, totalmente perdido en sus pensamientos e ignorando categóricamente mi mirada. Cuando sus manos llegan a mi vientre, sorpresivamente se acuclilla frente a mí y deja caer la tela al suelo. Lleva las yemas de sus dedos a la piel debajo de mi ombligo y traza mi bajo vientre con suavidad. Mi corazón da un tumbo, y me estremezco de pies a cabeza cuando sus labios bajan también a esa zona y dejan un dulce beso allí. —Drexler ya me dijo que todo está bien — suspira de alivio, y me mira desde el suelo. Asiento, acariciando su mejilla con suavidad. —Ambos estamos bien. Nos salvaste — susurro. Cierra los ojos y empuja su mejilla sobre mi palma, como si quisiera más de mi tacto. Acaricio su barba con suavidad. —Fue mi culpa que los tomara. No volverá a pasar — jura, abriendo sus ojos para mirarme con una devoción que me remueve el pecho. —¿Me dirás que está pasando? Desde el principio — pido, intentando no volver a caer en este hechizo que parece rodearnos siempre que estamos alrededor del otro. Pareciendo oír mis pensamientos, Balthazar deja un último beso en mi vientre, antes de presionar su frente en él y cerrar sus ojos con fuerza mientras sus manos sostienen mis caderas y me obligan a quedarme en mi lugar. ‍‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‍
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