capitulo 44

1073 Words
—Oye — me quejo cuando se aparta y abandona mi espacio. Me levanta una ceja. —Tenemos cosas que hacer, nena — me recuerda, yendo hacia la puerta de salida de la cocina —. Y te aconsejo seguirme a nuestra habitación, porque no te presentaré ante mi secta vestida así. Ese short apenas cubre nada y tendré que sacarle los ojos a mis hombres si miran tu culo — amenaza. —¿Qué? — me quedo atónita — ¿Dijo que va a presentarme a su secta? — pregunto a la nada. Alarmada, sigo a Balthazar y lo encuentro en el closet de la habitación principal, encontrándolo terminando de vestirse con su característica seriedad y observando en mi dirección mientras se ocupa de abrochar sus pantalones negros. Negro, que raro. —¿Por qué tengo que conocer a tu secta? — me quejo —. No estoy segura de querer conocer a tus minions sicarios todavía. Ni siquiera hemos tenido una primera cita como para que me presentes el lado oscuro de tu vida, ¿sabes? — divago, nerviosa, gesticulando con mis manos exageradamente y demostrando la histeria que me genera esta situación. Un bufido sale de entre los labios de Balthazar al escuchar mis palabras y, para mi sorpresa, sus ojos se ponen en blanco por cortos segundos. —Valerie, tienes a mi hijo dentro de ti, creo que ya hemos pasado por alto todo los protocolos en cuanto a relaciones humanas normales. Las citas son algo que tu y yo no necesitamos para profundizar los sentimientos y la conexión que tenemos con el otro — declara, sin prestarme mucha atención mientras se pone sus botas negras —. El lazo funciona de esa manera. Es rápido, contundente e intenso. No necesitamos meses para afianzar la relación, y sé que puedes sentirlo — se endereza de nuevo y viene hacia mi. —Pero… — me interrumpe. —Al igual que mi cuerpo reacciona a tu presencia, el tuyo lo hace a la mía. Puedo escuchar los latidos de tu corazón acelerarse cuando te miro o me acerco a ti, Valerie. Puedo sentir el olor de tu excitación cada vez que me miras y el estremecimiento de tu piel cuando te toco — se acerca a pasos lentos hacia mi mientras habla con ronquedad y mientras yo me mantengo en mi posición, observando maravillada como su mirada comienza a oscurecerse a medida que avanza en mi dirección —. Esto que sentimos es en ambos sentidos y es intenso como la mierda, pero es efectivo. Nos consume con rapidez. No es humano y no es normal. Es lo que un demonio puro y un destinado sienten por el otro. Lo que yo siento por ti — a medio metro de llegar a mi, frena en su lugar. Un gemido quiere escapar de mis labios cuando siento, aún sin tenerle pegado a mi, como su calor corporal y su masculina fragancia choca aborda mi cuerpo, estremeciéndome de pies a cabeza y haciendo picar las yemas de mis dedos con ansias de estirar mis mano y tocarle. — Yo ya no puedo vivir sin ti y no necesito años para saber que te quiero a mi lado hasta donde nuestra vida termine — aclara con seriedad, quitándome la respiración cuando una de sus manos sube a mi mejilla y comienza a trazar mi piel con suavidad, casi pareciendo no tocarme —. Tu alma es mía y la mía es tuya. No importa cuanto pelees contra ello o cuanto quieras evitarlo, ambos nacimos para el otro y moriremos siendo uno — susurra, antes de inclinarse y rozar sus labios suavemente contra los míos. Inconscientemente, abro mis labios y exhalo con suavidad, antes de dejar de contener el impulso y por fin tocarlo, poniéndome en puntas de pie y llevando mis manos a su cuello para tirar de él y unir nuestras bocas en un lento y apasionado beso que logra desarmarme. Está más que claro que esto que sentimos es algo que nunca podremos evadir, ninguna de las dos partes. Y puede que sea bastante injusto que el maldito universo nos haya unido sin nosotros pedirlo, pero ambos podríamos dejar de estar juntos si así lo quisiéramos. Él lo dijo; ambos podemos vivir sin el otro. Pero Balthazar no lo quiere así. Y yo tampoco. No, no lo quiero así. Porque puede que me sienta impotente por no poder hacer nada contra esto de las estúpidas almas gemelas, pero, aún así, me gusta lo que siento por él. Es aterrador como el infierno y tan intenso que casi quema, pero también es tan adictivo y exquisito que todo mi cuerpo sigue aclamando por más y más. Haciendo uso de todo mi autocontrol y fuerza de voluntad, logro separarnos cuando su lengua está a punto de adentrarse en mi boca y sus manos se apoderan de mis caderas con posesividad. Tiro de los cabellos de su nuca y vuelvo a dejar mis talones sobre el suelo para lograr dejar espacio entre ambos y poder observarle desde abajo con determinación. —Somos uno, Balthazar — susurro un poco agitada, estrechando nuestras miradas y logrando que un pequeño gemido salga de sus labios al escuchar mis palabras —. Rompes mi corazón y romperé tu pene — suelto, antes de volver a elevarme y unir nuestras bocas en un último beso húmedo y corto que me deja deseando por más, pero que él rompe luego de pocos segundos. —Somos uno, pequeña — asegura con ronquedad, rozando sus labios contra los míos suavemente y observándome con esa intensidad que me cala. Otra vez quiero unir nuestros labios cuando la humedad se acrecienta en mi sexo, pero Balthazar despega nuestros cuerpos casi con reticencia, dejando de tocarme por completo y dedicándome una mirada llena de una mezcla entre lujuria e irritación que logra confundirme. —Vístete, Valerie, te esperaré abajo — ordena con ronquedad, huyendo de la habitación y dejando sus paredes palpitando a mi alrededor, mi pulso resonando en ecos dentro de ellas y mis bragas estropeadas de humedad. Joder. Cinco minutos luego, bajo las escaleras sintiendo las palmas de mis manos cada vez más sudorosas y un pequeño malestar en mi estómago, causado por los nervios que me produce no saber qué deparará de mí en las próximas horas y por el recelo de no saber si mi atuendo era el correcto para esta situación.
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