¿Qué se suponía que debía vestir una mujer para ser presentada ante la secta del padre de su futuro súper hijo? No tengo respuesta a esa pregunta, pero espero fervientemente que el pantalón n***o, la blusa de tirantes color vino y las botas de cuero negras que opte usar hace unos minutos, sean una decisión certera.
Voy hacia donde oigo el ruido y me encuentro con Balthazar lavando los trastes, de espaldas a mi.
—Si me dices que también haces la lavandería, te pido matrimonio aquí y ahora, papi Balthy — bromeo.
Balthazar se gira y su seria mirada se suaviza levemente al observarme. La diversión brilla en sus ojos por pocos segundos, antes de que esta desaparezca tan rápido como llegó al bajar su mirada por mi cuerpo y reparar en mi atuendo, o más específicamente en la piel desnuda del valle de mis senos.
Un bajo gruñido escapa de sus labios al observar esa parte de mi cuerpo. Al instante deja de hacer lo que estaba haciendo y rodea la isla para acercarse a mí a paso lento, acechándome sin despegar en ningún momento su mirada de mi pecho. Me sonrojo
—Tus tetas están más grandes — susurra, ronco, sorprendiéndome por la crudeza de sus palabras y por el sentimiento de satisfacción que logro captar en su mirada —. También noto tus caderas más anchas cuando te tengo en mis manos. Me gusta lo que mi hijo está haciendo con tu cuerpo — inhala con profundidad, inflando su pecho con orgullo.
Y ahí va otro par de bragas empapadas.
—¿Cómo puedes notarlo si ni siquiera yo lo hago? — balbuceo, tratando de dirigir la conversación hacia otro lado para evitar que me deje con las ganas de nuevo, ya que estoy segura que no me va a follar en un tiempo más cercano al de la noche.
—Porque eres una despistada sin remedio y porque, al contrario de ti, el desarrollo de mi hijo me tiene fascinado — dice con ronquedad, antes de volver a inhalar con profundidad y, esta vez, cerrar los ojos al mismo tiempo en que parece estar olfateando algo exquisito —. Tu olor combinado con el mío es lo más excitante que he captado en todos mis años de existencia. Me tienes tan fascinado que no puedo quitar mi maldita mirada de ti sin que me duela hacerlo — exhala con fuerza, antes de volver a abrir sus ojos para observarme con una lasciva pasión que deja hormigueando todo mi cuerpo.
Mierda.
Cómo siempre, mis dedos pican por tocarle y todo mi cuerpo arde en deseo de acortar la distancia entre ambos y abalanzarme hacia él, haciéndome casi imposible pensar con coherencia mientras le observo de la misma intensa forma en que él lo está haciendo conmigo. Me muerdo el labio con nerviosismo al sentir que estoy a punto de perder la cabeza.
Exhalo con pesadez y hago mis manos puños a mis costados de la misma forma que Balthazar, haciendo un fuerte intento de no sucumbir al deseo que aclama sexo puro y duro con el bien dotado padre de mi hijo, pero me es casi imposible contenerme cuando capto como él parece estar igual o peor que yo mientras observa las reacciones de mi cuerpo minuciosamente y se para más recto en su lugar, tensando su cuerpo violentamente y dándome una mejor vista de la tienda de campaña que se ha estado formando en sus pantalones mientras nuestras miradas siguen estrechadas.
—¿Estás seguro de que no podemos saltarnos la introducción de tus diabólicos minions y tan solo quedarnos aquí, acostados y desnudos? — pregunto casi gimiendo en una súplica, respirando con una leve agitación y haciendo más perceptible la visión de mis pezones erguidos debajo de la fina blusa de satin.
Debí ponerme sostén.
Una profunda y pesada inhalación es todo lo que recibo como respuesta por parte de Balthazar, antes de que este se gire con brusquedad y deshaga la conexión de nuestras miradas para darme la espalda e inclinar su cuerpo sobre la isla frente a él, presionado sus palmas sobre ella y tomando bruscas bocanadas de aire.
—Por más que quiera llevarte a nuestra habitación y follarte hasta que no puedas caminar, no puedo — gruñe entre dientes, respirando agitadamente mientras sus manos parecen querer agujerear el mármol debajo de sus palmas —. Mis hombres y mujeres ya están aquí esperando para que les presente a mi destinada — habla aún entre dientes, pero con su respiración cada vez más controlada.
—¿Qué? — chillo, al instante perdiendo cualquier tipo de excitación — ¿A-aquí? ¿Están a-afuera? — tartamudeo casi sin aliento.
Desconcertada, voy hacia el enorme ventanal que da al frente de la casa y que se encuentra cubierto por altas y claras cortinas, las cuales hago a un lado levemente para observar al exterior. Un pequeño jadeo escapa de mis labios al reparar en la numerosa muchedumbre que se encuentra fuera y que parece estar escuchando atentamente las palabras de un musculoso y alto hombre castaño que se encuentra parado sobre las escaleras del porche hablándoles con seriedad.
—¡Es el policía que vino hace días! — exclamo, asombrada.
—Se llama Aitor. Es algo así como mi mano derecha — explica Balthazar y yo frunzo el ceño.
—¿Tu hiciste que viniera ese día? — pregunto, confusa. Me giro y lo miro. Baltazar niega y suspira.
—Estaba comprobando si el ritual había funcionado. Pero yo aun seguía siendo… invisible — se encoje de hombros.
—¿Él sabía que tu y yo…? — no puedo terminar la pregunta, avergonzada.
—Todos mis hombres y mujeres estaban allí afuera esa noche. El ritual consiste más o menos en ellos derramando sangre por nosotros para aumentar las posibilidades de procrearte. Mientras follabamos, ellos…
—¡No lo digas! — lo interrumpo, totalmente histérica y roja hasta los dedos de los pies — ¡Oh, Dios, que vergüenza! Nos escucharon… — no lo digo y Balthazar sonríe de lado, burlón.
—Me escucharon jodiendote — se relame y su mirada se oscurece más de lo oscura que ya es.
—Eres terrible — me quejo, pero lo ignoro para mirar por la ventana de nuevo y observar toda la gente que hay allí —. Son muchos — la voz me tiembla, porque pronto tendré que mostrarme frente a tantos de ellos. Miro a Balthazar y su mirada se suaviza al ver mis nervios.
Acorta la distancia entre ambos, frenando cuando nuestros calzados casi se tocan. Estiro el cuello. Sus manos dudan momentáneamente, antes de subir y posarse sobre mis mejillas, presionando sus palmas a los costados de mi cabeza con firmeza para evitar que pueda apartar mi mirada atemorizada de la suya inexpresiva y seria. Un estremecimiento me embarga de pies a cabeza cuando sus pulgares comienzan a trazar la piel de mis mejillas con dulzura y el calor que su tacto me trasmite logra relajarme con una rapidez alarmante.
—No tienes porque asustarte, pequeña, ellos me sirven tanto como te sirven a ti — susurra con una suavidad relajante —. Eres mi destinada, por lo tanto eres parte de esta secta y los lideraras conmigo — sigue trazando mis mejillas mientras habla..
—¿Liderar contigo? ¿Estás bromeando o...? — pregunto casi en un tartamudeo, llevando mis manos a su camiseta negra para sostenerme de algo cuando visualizo en mi cabeza la imagen de una yo del futuro liderando a los miembros de una secta sanguinaria.
De ninguna maldita manera.
No soy completamente estúpida, está muy claro para mi que cuando Balthazar hablaba de sacrificios, rituales de sangre, sectas enormes, las cosas son serias, demasiado reales y peligrosas. El asesinato debe ser el pan de cada dia, la violencia tambien.
—Hablaremos de esto en otro momento, nuestros hombres y mujeres nos esperan — declara Balthazar, antes de bajar su rostro al mío para dejar un pequeño y suave beso sobre mi boca que deja picando mis labios, para luego apartarse y volverse hacia la salida de la cocina —. Sígueme o te llevo en mi hombro, Valerie, quiero terminar con esto rápido para poder follarte cuanto antes — gruñe, aún de espaldas, mientras sale de la cocina.
Aturdida, despego mi espalda de la pared y comienzo a trazar el mismo camino que Balthazar hizo, dando lentos y dudosos pasos mientras mis pensamientos colisionan unos con otros dentro de mi cabeza. Por estar distraída, termino chocando contra el cuerpo de Balthazar frente a la puerta de entrada cerrada, terminando firmemente presionada contra su pecho y con sus brazos rodeando suavemente mi cintura para estabilizarme y evitar que la fuerza del impacto me tire al suelo.
Un pequeño gemido ahogado escapa de los labios cuando mi nariz choca contra su duro pecho y siento como el vértigo casi me desestabiliza entre sus brazos, recibiendo un gruñido por parte de Balthazar en respuesta.
—Eres tan descuidada... — bufa, estabilizandome en sus brazos —. Tienes suerte de que uno de mis pasatiempos favoritos sea cuidarte o estarías muerta en un parpadeo — susurra contra mi cabello.
—Gracias — respondo, avergonzada porque tiene razón.
—¿Estás lista, pequeña? — pregunta con suavidad, aún sin soltarme.
—No — gruño contra su oscura camiseta, antes de girar mi rostro y presionar mi mejilla firmemente contra su pecho, cerrando mis ojos con fuerza y rodeando su cuerpo vehementemente.
Una ronca y corta risa escapa de sus labios al escuchar mi respuesta y, de alguna inexplicable forma, aquel melodioso sonido logra relajarme un poco entre sus brazos y acelerar aún más mi tonto corazón.
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Jeje, me encanta dejarlos con la intriga 😇.
¡Hola mis fantasmitas! ¿Cómo andan hoy? Yo muy bien y espero que ustedes tambien 😍
¿Que les pareció este nuevo capítulo? ¿Y el nuevo personaje y la mujer misteriosa? Espero que les haya gustado ☺️