capitulo 23

1097 Words
—Voy a triturar tus testículos, Casper — bramo, irritada. Y la diversión abandona su expresión, tiñéndola de una irritación gemela a la mía. —Deja de llamarme Casper, soy Balthazar, tu hombre, no un estúpido fantasma puberto — masculla, realmente enfadado. Suelto un bufido, porque claro que eso es lo único que tiene que decir luego de todo lo que acaba de pasar. Más irritada todavía, me alejo de la puerta y voy a la cocina. Me sigue al instante Hombre, dijo. Más bien mi demonio. Sin embargo, dijo que era mío, y una pequeña sonrisa estúpida se cuela entre mis labios por ello. Quiero golpearme por ser tan tonta y dejar de estar enfadada por unas pocas palabras dulces. Por no poder evitar la reacción que sus palabras causan en mi cuerpo, estremeciéndome de pies a cabeza y generando que mi corazón comience a latir desenfrenadamente dentro de mi pecho. —No eres mi nada — le recuerdo, pero más bien lo hago para mí. Porque realmente no somos nada. Esto es un desastre, lleno de enredos, y empiezo a cansarme cada vez más —. Y seguirás así si no empiezas a soltar la sopa — lo amenazo con una cuchara cuando llego a la cocina. Me siento en la encimera bajo su atenta mirada y me meto en la boca el yogurt con granola y frutas que me preparó. Gimo por la explosión de sabores en mi boca. Estoy hambrienta, y no me detengo de comer mientras lo miro en todo momento. No parece feliz por mis palabras, pero observa atentamente cómo como. —¿Qué? — me quejo, harta de estar bajo su estúpida lupa —. Tengo hambre. Mujer embarazada aquí — me señalo. —Me gusta alimentarte — dice, y dejo caer la cuchara, mirándolo. Frunzo el ceño. —Deja de decir esas cosas. Harás que... Harás que... ¡Ah! — grito, frustrada. Hará que me enamore, pero no pienso decírselo. Me meto más comida en la boca, viendo como la diversión vuelve a teñir su mirada castaña. —¿Haré que te mojes? — pregunta, con esta profundidad que sí, me moja. Lo miro más mal, pero se ríe ronco. Da un paso hacia mí y me entrecierra los ojos — ¿O haré que caigas rendida por mí? — se relame la boca y miro el movimiento atentamente. Me tiene allí. Lo hace a propósito. Y las hormonas me juegan en contra, porque la humedad se me amontona en las bragas con una de sus miradas descaradas. Quiero golpearlo tanto como besarlo, pero, en cambio, me termino mi desayuno con enojo. —No respondas, ya sé la respuesta — sonríe de lado y va hacia la estufa de la cocina. Aprieto los dientes al ver sus músculos flexionarse mientras saca unos trozos de tocino del paquete y los pone sobre la sartén. Seguido de huevos. —¡No hagas eso! — grito, pero ya es tarde. El aroma de los huevos asándose llega a mis fosas nasales, y Balthazar se gira en el mismo momento en el que llevo mi mano a mi boca —. Joder — gimo y salgo corriendo al baño más cercano. —¡Valerie! — la exclamación preocupada de Balthazar es lo último que escucho antes de lanzarme hacia el retrete y comenzar a expulsar todo el contenido del desayuno. Logro posicionarme de rodillas en el suelo, en una posición más o menos cómoda, mientras el líquido comienza a salir de entre mis labios y mi estómago a contraerse con cada nueva arcada. Los ojos me lagrimean, y jadeo por aire cuando la última arcada pasa. Para mi sorpresa, una de las cálidas manos de Balthazar se posa sobre mi espalda, otorgándome una calidez que agradezco. Su otra mano se ocupa de apartar mi cabello del camino, evitando que pueda mancharlo cuando otra arcada me ataca. —Está bien, nena, está bien... — suavemente, Balthazar comienza a subir y bajar su mano por mi espalda, regalándome reconfortantes caricias que logran hacerme sentir mejor cuando las arcadas terminan. Agitada, recargo uno de mis brazos sobre la tabla del váter y dejo caer mi cabeza sobre él, tratando de recuperar el aliento mientras aún sigo sintiendo las suaves manos de Balthazar subir y bajar sobre la playera cubriendo mi espalda. —No más huevos — suplico, cansada —. Tu hijo va a matarme si me sigue obligando a vomitar todo lo que como, Casper — susurro, tratando de bromear. Al contrario, Balthazar no reacciona bien a mis palabras, sino que se tensa detrás y suelta un pequeño gruñido. Toma mi cintura con suavidad y me ayuda a levantarme. Me lleva hacia el lavado y me sostiene el cabello mientras lavo mi boca con agua. Su mano vuelve a acariciar mi espalda, y lo miro a través del espejo. Parece realmente tenso y serio. —Nunca te hubiera dejado embarazada si dudara de que mi hijo pudiera matarte o hacerte algún daño, Valerie — asegura, y al instante comprendo que mi comentario no fue de su agrado. —Solo fue una broma — suspiro, cansada. Sin embargo, sus palabras retumban en mi cabeza y las proceso mientras escupo el último buche de agua — ¿Sabes qué? ¡No deberías haberme dejado embarazada y punto, idiota! — me enfado. Se sorprende por el cambio brusco en mi actitud, pero yo lo hago más. Sin embargo, no me contengo de empujarlo y salir del cuarto de baño a paso enojado. Maldiciendo al demonio, a la vida, al maldito aire, subo las escaleras con la intención de subir al cuarto de baño de la habitación principal y lavar mis dientes para quitarme la asquerosa sensación pastosa que ha dejado el vómito en mi boca. —Valerie — gruñe Balthazar, pero lo ignoro. Me sigue, pero mientras lavo mis dientes en el baño de mi habitación, sigo ignorándolo. Al igual que cuando mojo mi rostro con el agua fría del grifo. Mi mal humor va flanqueando a cada segundo, pero me obligo a no darle lo que quiere. Voy a cerrarle la puerta del baño en la cara, pero la detiene con su mano antes de que se cierre. —Deja de comportarte como una cría — ordena, pero lo sigo ignorando. Consciente de que no debería, comienzo a quitarme la ropa, y Balthazar toma una respiración profunda que me pone los pezones duros. También ignoro a mi traicionero cuerpo. Me desnudo y voy hacia la ducha. Enciendo la regadera y espero que la calidez llegue. Me meto.
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