capitulo 24

1250 Words
—Estás provocándome — gruñe con esa ronquedad que me moja. No lo miro. Voy por el shampoo y me lavo el cabello lentamente, dándole la espalda. Siento su mirada en todo momento, pero no dice más. Tampoco se acerca. Solo me mira. Y mi piel arde tanto. Mis pechos se sienten tan pesados y sensibles, pero me niego a darle nada. Estoy extrañamente enojada y no sé por qué. Enjabono mi cuerpo y me detengo unos segundos en mi vientre. Por breves segundos me olvido de que no estoy sola y palpo la pequeñísima barriguita que me ha crecido. Sonrío con suavidad al sentirla, acariciarla. Allí dentro está mi bebé. Y soy consciente de que tan solo tengo unas pocas semanas de embarazo, de que debería estar escandalizada por quien es su padre y por cómo me ha manipulado para dejarme hacerme lo que él quisiera. Pero aun sabiendo eso, la alegría que siento y la reconfortante calidez que siento en mi pecho al pensar en este bebé, superan cualquier tipo de miedo y reticencia que poseo sobre el embarazo. Siempre he querido ser madre, y puede que aún tenga que sacarle mucha información al padre de mi bebé o que deba preocuparme por el hecho de que él es un demonio. Pero aun entendiendo todo eso, no puedo evitar sentir que, por primera vez en mucho tiempo, mi vida al fin tiene una constante, que al fin veo mi futuro como algo a lo que aspirar y no algo por lo que sentirme apesadumbrada. —Somos tu y yo, mini Casper — le susurro, suavemente. —Y yo — se enfada Casper papá, y por fin lo miro. Jadeo cuando lo veo desnudo y entrando en la ducha. Me sonrojo cuando me mira de pies a cabeza, tan desnuda como cuando vine al mundo. El enfado no me había dejado reparar en ello, pero ahora que estoy más tranquila me apena tener su oscura mirada sobre las partes más íntimas de mi cuerpo. Me tapo y Balthazar gruñe. —Te he visto, he tocado y he saboreado cada parte de tu cuerpo por horas, Valerie, es inútil que quieras ocultarlo de mi — gruñe con ronquedad, comiéndome con la mirada de esa forma suya que hace que mi sexo se contraiga de dolor por tenerlo allí —. Nunca podría olvidar lo exquisita y hermosa que eres en todas partes, por lo que no intentes cubrir tu desnudez de mis ojos ahora, porque te aseguro que tengo tu imagen grabada a fuego en mi cabeza, y nunca desaparecerá de allí — asegura. Viene hacia mí, y me estremezco cuando su mano sube y me baja los brazos. Deja al descubierto mis pechos y gimo cuando uno de sus dedos delinea mi pezón erguido. —Todo en ti es tan exquisito — susurra, distraído por ver las reacciones de mi cuerpo a sus caricias y palabras. Se relame, pero no me toca más. Este momento es mucho más que la lujuria, es más que el deseo primitivo. Su mirada me delinea con admiración, y el pecho se me llena de calor. —Balthazar — susurro, realmente atareada por la intensidad en el aire. Es electrizante. Y no puedo evitar también recorrer su cuerpo con mi mirada —. También eres exquisito para mi — susurro, sonrojada. Su bronceada piel brilla por el agua de la regadera que ha empapado sus músculos definidos. Es tan alto, tan fuerte. Su pecho es duro, sus abdominales se marcan deliciosamente, pero lo que atrae mi mirada es el m*****o gordo y alargado que se levanta hacia mí. Baja hacia unos testículos grandes y pesados, rodeados de vello oscuro. Sus muslos son gruesos y sus piernas tan largas. Todo en Balthazar grita hombría y sexo. Quiero estrellarme contra él y fundirme en sus brazos. Sentir su calidez alrededor de la mía. Sobre todo, cuando su mirada se conecta a la mia y sus profundidades marrones me miran con tanta hambre. Sin embargo, el hechizo muere cuando vuelve a hablar. —No quiero que le vuelvas a decirle mini Casper a mi hijo. Es insultante y no lo permitiré — expresa, serio. Sorprendida por el cambio de conversación tan repentino, vuelvo a cubrir mis pechos, esta vez por una razón diferente. Cruzo mis brazos, llena de irritación y enojo. —Es mi hijo también, lo llamaré como me venga en gana — respondo, enfurruñada. También se enfada. Pero noto que esto en verdad no le gusta. Frunzo el ceño, pero entonces recuerdos algo. —¿Cómo pudiste escucharme? Lo dije muy bajo — pregunto, recelosa. Levanta una ceja y también se cruza de brazos. —¿En serio te sorprende que pueda oírte a grandes distancias? Creo haberte dicho lo que soy, Valerie — se burla. Frunzo el ceño. —Me dijiste lo que eras, no lo que eso conllevaba — me defiendo, mirándolo mal —. No puedes esperar que sepa todos tus malditos dones y secretos cuando las únicas conversaciones que hemos tenido fueron con gemidos y gritos de por medio, Balthazar — reclamo, un poco más alto de lo que quería. —Si dejaras de provocarme con tu cuerpo y con tu maldita forma de llamar mi nombre de una manera tan sensual, te habría contado hasta cuantos cabellos tengo en mi cabeza. Pero las ganas de follarte no me dejan pensar con claridad — para mi sorpresa, parece realmente enfadado por ello. Se acerca y doy un paso hacia atrás, pero siseo cuando la pared detiene mi huida. Está helada contra mi espalda caliente por el agua. Y Balthazar se relame en el momento que me arqueo por el contraste de temperaturas, observando con deseo mis pechos que se elevan. —Balthazar... — advierto cuando su cuerpo está a punto de chocar con el mío. Sus castaños ojos se oscurecen cuando lo llamo, pero no se detiene. De nada sirve mi advertencia, porque pronto me encuentro acorralada contra la pared de la ducha, con sus brazos sobre mi cabeza y su cuerpo rozando el mío. No me toca por ningún lado, solo me acaricia con su intensa mirada, que expresa una lujuria que parece estar en una lucha por el poder contra la razón. —Nublas mi juicio con tan solo decir mi nombre, con tan solo posar tu mirada sobre mi. Y eso está volviéndome loco, Valerie — suelta un ronco gemido cuando nuestros pechos se rozan y mis pezones durísimos se arrastran por su piel. Me roza los labios y los ojos se me entrecierran cuando su aliento me estremece —. Estás volviéndome loco, nena. No me dejas razonar. Solo puedo pensar todas las formas en las que me gustaría enterrarme en tu cuerpo, succionar hasta la última gota de tu deseo, y llenarte con el mío hasta que ya no puedas recibir más de mi — gruñe roncamente, agitado. Gimo. La humedad entre mis piernas crece incontrolablemente, y froto mis muslos levemente frente a su atenta mirada. Su calidez es tan embriagante, pero me niego a volver a caer en este círculo vicioso. Decidida, abro mis ojos y lo miro con súplica. —Por favor, háblame. No hagamos esto de nuevo. No puedo soportar seguir en la oscuridad aquí — susurro. La mirada de Balthazar se llena de oscuridad y me sorprendo estando maravillada por ella. —Yo soy la oscuridad, Valerie. Y te puedo asegurar que no me apartaré de tu lado nunca en la vida.
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