Me sonrojo cuando una enfermera nos ve salir de allí, pero al instante nos baja la mirada, recordándome que la mayoría de la gente en esta ciudad pertenece a una extraña agrupación que venera a Balthazar. —Así que... tienes una secta — digo, pero Balthazar me mira con seriedad, negando. Se lleva un dedo a la boca y me hace una señal de no hablar aquí. Miro a nuestro alrededor en el pasillo y en definitiva veo a mucha gente cuando llegamos a la sala de espera. La mayoría le baja la cabeza, pero hay algunos pocos que sólo lo miran con curiosidad por su altura. Y me hierve la sangre ver que algunas mujeres lo miran por algo más. Agarro su mano con más fuerza. —Vamos, Valerie — me lleva por los pasillos, ignorando que ardo de celos mientras nos encamina hacia no sé dónde. —¿Se podrá ver al

