capitulo 29

1144 Words
Al bajar del coche, Balthazar toma mi mano con firmeza. Es firme y reconfortante. Nunca me gustó tomarme de la mano con Thomas, pero con Balthazar se siente toda una experiencia distinta. Me gusta el calor que desprende, la posesividad en su agarre. —¿Sabes que es raro que no te conozca de nada y aun así digas que tu fortuna es también mía? — pregunto, vacilante. Balthazar suspira. —Sigues hablando de lo raro y lo normal, como si un demonio no te hubiera jodido hace menos de veinticuatro horas — se burla. Le golpeo el brazo, haciéndole reír entre dientes. Las pocas personas en el hospital se giran cuando pasamos. Muchos le bajan la mirada a Balthazar, pero algunos pocos ni siquiera le prestan atención. —Es porque no es normal — me quejo. —Lo es para mí. Y algún día lo será para ti — asegura, llevándome por los pasillos. Evita la recepción y camina como si el maldito edificio le perteneciera. Nos lleva a donde quiere, porque nadie le detiene. —Tal vez. Pero en este momento, no es normal para mí. Llegas un día y luego te vas. Luego vuelves. No hablamos, solo follamos. Me embarazas y ahora me dices que eres millonario, así que yo soy millonaria — enumero los hechos de nuestra extraña relación —. Las cosas no funcionan así. Tu dinero es tuyo, no mío. No estamos casados, no somos una pareja. Ni siquiera sé si somos algo. O, peor, que eres tú — bajo la voz para que nadie escuche la última parte. Chillo cuando de repente Balthazar nos detiene y me empuja por una puerta. Pierdo el equilibrio, pero sus brazos me rodean. Me empuja contra una pared y su cuerpo me enjaula. Me tenso, porque ahora sí parece molesto. —Tu eres mía y yo tuyo. Lo que es mío es tuyo. Así funcionan las cosas en mi mundo. No necesitamos un mediocre papel que demuestre la legalidad de lo que nos une — habla entre dientes, y algo tiene que estar muy mal en mí, porque el fuego ardiendo en su mirada le hace todo tipo de cosas malas a mi cuerpo —. Quítate de la cabeza esa supuesta normalidad que te restringe, porque no me voy a ningún lado. Eres mía, te quedas conmigo. Cuanto antes lo entiendas, mejor — se aparta, y al instante extraño su calor. Parece realmente molesto. Pero no puedo hacer que me asuste o que sus palabras me molesten. Solo puedo mirarlo pasar sus manos por sedoso cabello mientras intenta calmarse. Sus brazos se flexionan tan bien. Me relamo al ver sus músculos tensarse. Y me desinflo sobre la pared de las escaleras de emergencia cuando me mira con esos oscuros ojos. —No vuelvas a decir que no somos nada, Valerie. Porque para mí, esto es todo — señala entre nosotros, y corazón se calienta. Lo dice tan serio, tan seguro. —Lo siento, pero tú no me dejas nada en claro. Te tengo que sacar las respuestas a rastras. No puedes esperar que yo suponga todo — expreso mi punto, más calmada. Balthazar suspira, calmándose. Parece irritado, pero no vuelve a estar enojado. —Lo sé — respira hondo, pasándose la mano por la barba. Me observa y la mirada se le suaviza —. Nunca he tenido que darle explicaciones a nadie. Las cosas se hacen como lo digo, y nadie cuestiona. Pero voy a intentar ser más... comunicativo contigo, nena — se acerca. Me desinflo cuando levanta su mano y me acaricia la mejilla. Todo mi cuerpo reacciona por ese mínimo toque. Mi piel se estremece, mi corazón se acelera. Empujo y recargo mi mejilla en su palma. Su mano cálida se siente reconfortante sobre mi piel. Pero es su mirada oscura la que me tranquiliza el pulso al instante. —Sé que no es el momento, pero ¿puedes prometer que me lo contarás luego de la ecografía? — suplico, y Balthazar asiente. Sonrío y me pongo de puntas de pie, dejando un beso en su barbilla que no le gusta. Frunzo el ceño, pero gimo cuando se me abalanza y me toma la boca en un beso exigente. Su lengua se mete entre mis labios al instante, y me aferro a su camisa con fuerza, queriendo tenerlo más cerca. Sus manos me toman del culo y sonrío contra su boca cuando gruñe de satisfacción. —Me encanta este culo — me muerde el labio y gimo bajito. —Me he dado cuenta — me río, levantando mis manos para acariciar su cabello. También me doy cuenta de que me ha levantado unos cuantos centímetros. Estoy al ras de su cuerpo, y disfruto estando pegada a él mientras lo miro a los ojos. Hace un sonido ronco mientras le acomodo el cabello con suavidad. —Creo que me gusta discutir contigo — suspira, y lo miro mal. Pero me río cuando me levanta una ceja —. Te pones toda mimosa cuando te termino dando lo que quieres — se burla. —Eres un crío — me quejo, pero sigo negada a apartarme, a dejar de tocar su cabello y mirarle embobada. —No, soy un demonio — me guiña un ojo, y yo ruedo los míos, divertida —. Vamos, es hora de ver al crío que te puse a ti — se ríe entre dientes cuando le golpeo el hombro. Me deja en el suelo y acomodo la ropa que me ha arrugado. —¿Sabes el significado de ser un caballero? — lo miro mal, porque sus ojos no se apartan de mi mientras bajo la falda que se me ha subido, dejando mis bragas a la vista. Se relame, ignorándome. Y no puedo evitar que la lujuria que brilla en sus ojos me endurezca los pezones, o que haga palpitar los músculos en mi pelvis. —Sé que nunca seré uno. No contigo siendo una cosita caliente a mi alrededor — la ronquedad en su voz me empapa, pero verle acomodarse la erección debajo de sus jeans negros, hace que mi cuerpo vibre. —Balthazar — susurro, sin aliento. Nos miramos, y es tan difícil ocultar las ganas que nos tenemos. Sin embargo, el teléfono de Balthazar suena, haciendo que el momento muera. Gruñe, pero lo saca de su bolsillo de todas formas. Lee el mensaje. y yo aprovecho para revisar que mi ropa esté en orden. —El doctor Drexler ya tiene todo listo — informa, volviendo a guardar su teléfono. —¿Es quien hará la ecografía? — supongo. Balthazar asiente, tomando mi mano de nuevo y sacándome de las escaleras de emergencia del hospital. ‍‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‍
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