capitulos 28

756 Words
Me río. Subo mis manos sobre mi cabeza en señal de paz. —Bien, ¿tal vez prefieras que lo llame mini Lucifer? ¿O mini Satanás? ¿Qué me dices de pequeño Balthy? ¿O Balthy Junior? — me burlo, porque puede que esté comenzando a ponerme histérica. Balthazar frunce el ceño, y mi sonrisa cae cuando veo que sus labios se tensan, también sus manos alrededor del volante. Le he sacado de sus casillas. Suelo hacer eso con la gente, pero ninguno es más aterrador que este demonio del que no sé casi nada. Me pone nerviosa su actitud, por lo que me hago la tonta y cambio de tema. —¿N-nos vamos o qué? — pregunto torpemente. Para mi sorpresa, mis palabras parecen funcionar. Suspira profundamente y me aparta la mirada seria. Pone en marcha el coche y comienza a conducir por las calles del pueblo mientras nos sumimos en un incómodo silencio que solo lo parece para mí, ya que Balthazar está demasiado inmerso en sus pensamientos, ignorando todo lo que no fuera la carretera. Soltando un suspiro cansado, dejo de observarlo y poso mi atención en la ventanilla, distrayéndome con pensamientos triviales para dejar de maquinar respuestas a la extraña actitud que Balthazar. Sin embargo, poco dura mi breve paz mental, porque Balthazar por fin se decide a hablar por primera vez en diez largos minutos, pero dice algo que no esperaba escuchar ni en mil años. —Satanás o Lucifer, como quieras llamarle, no existe. Es solo un mito que le contaban a los niños hace miles de años para asustarlos y que los humanos fueron amoldando a medida que pasaban las décadas para crear un estereotipo de maldad que sirviera para delimitar el comportamiento humano en bueno y malo — divaga, dejándome totalmente desconcertada por sus palabras. —¿En... en serio? —pregunto, realmente anonadada. Balthazar asiente, y por fin lo veo relajarse — ¿Y qué me dices de Dios? ¿Él tampoco existe? — cuestiono, demasiado curiosa. Un suspiro irritado escapa de los labios de Balthazar en el mismo momento en que la palabra "Dios" escapa de los míos. Casi parece molesto por escuchar ese nombre, como si fuera algo completamente absurdo. —No, Valerie, no existe Dios. Ese es otro mito. Por alguna razón, los humanos necesitan encontrarle respuesta a todo. Cuando algo se les sale de las manos, crean falsos dioses que expliquen lo que no entienden — expresa con claro fastidio, tomando con más fuerza el volante y mirando el camino como si fuera lo más importante del mundo y no acabara de decirme que todo lo que una vez han intentado enseñarme es una farsa. Es decir, nunca he creído en Dios en realidad, pero eso no quiere decir que sus palabras no me impacten, porque existen personas que si lo hacen y que morirían sosteniendo que esa es la verdad absoluta. Pero, si ni Dios, ni Odín, Zeus o ningún otro dios existe, ¿entonces cuál es la razón de nuestro existir? ¿Hemos sido creados por algo meramente impuesto por la naturaleza y la evolución? ¿O existe algo más? Decidida a seguir buscando respuestas, y aprovechando que Balthazar parece estar más comunicativo que nunca, me giro en mi asiento y le observo con intriga. No me mira, pero veo que la diversión brilla en su mirada mientras conduce. Sabe lo que viene. —¿Y cuál es la explicación a lo que no entendemos, Balthazar? — pregunto con mucha intriga, logrando por fin posar una sonrisa en su rostro al escuchar la ansiedad de mi tono de voz. Pero me ignora olímpicamente y, en cambio, se dedica a aparcar el carro frente a un pequeño edificio de cinco pisos, bastante lujoso y moderno. —¿Prefieres hablar de los secretos del universo o conocer a nuestro hijo, nena? Porque ya hemos llegado — se burla, apagando el motor y girándose en mi dirección. Vuelve a observarme con esa intensidad que tanto me gusta, y el vientre se me vuelve a retorcer por lo guapo que es. Reticente, miro por la ventana, encontrándome con que, efectivamente, el cartel que sobresale sobre las puertas dobles y vidriadas del edificio ponen "Maxwell Memorial Hospital", haciendo más real que nunca el hecho de que estoy embarazada y de que estamos a punto de hacerle el primer ultrasonido a nuestro hijo. —Oh, Dios. _________________________________ ¡Buenas, buenas, mis diablillos! ¿Como andan? Yo muy bien por suerte, espero que ustedes también. 🥰.
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