—No te atrevas a decir su nombre de nuevo o te arrancaré la maldita lengua — advierte Ragnar entre dientes. Balthazar no se inmuta en ningún momento por sus bruscos movimientos o por sus amenazantes palabras, lo cual hace enfurecer aún más al hombre sangrante frente a él —¡La asesinaste y no puedes negarlo, Maxwell! ¡Yo vi...! No logra terminar, porque Balthazar, sorpresivamente, toma su mandíbula entre sus dedos y le hace callar al presionar con fuerza de una manera que parece dolorosa. —Saca la maldita cabeza de tu trasero y piensa con claridad por una vez en tu puta vida, niñito — demanda entre dientes Balthazar, visiblemente impaciente y tenso —. No hubo cuerpo, no hubo sangre, solo cenizas que no comprueban nada en absoluto. «Por no mencionar que he visto lo que la muerte de una

