Empieza como una suave embestida que rápidamente se aleja, pero que segundos después vuelve por más, comenzando a saquear mis paredes con ímpetu. Repite la acción muchas veces, entrando por pocos centímetros, lo cual me da a entender que es una lengua que entra y sale frenéticamente. Me vuelve loca cuando empieza a follarme y a absorber los jugos que mi excitación genera.
Porque sí, más allá de que la situación sea de lo más extraña y aterradora, aquel fantasma sabe cómo usar esa lengua para encender a una chica y por ello mi canal desborda humedad como nunca antes mientras su lengua lo profana a su antojo.
—Oh — el placer es tan intenso, que me sorprende cuando retuerce mi clítoris con maestría y lo vuelve todo peor.
Comienza a torturarlo, haciendo círculos sobre mi pequeño botón erógeno. Vergonzosamente, suelto gemido tras gemido, en tanto se turna entre lamerlo y absorberlo con lo que supongo son sus labios, los cuales se sienten como una suavidad fría sobre mí.
—¡Ah! ¡Maldición! — grito y me arqueo, cerrando los ojos con fuerza cuando se siente demasiado intenso. La razón ha abandonado mi cuerpo hace minutos de sexo oral, ahora, gimo abiertamente y no tengo el poder de avergonzarme por ello.
Agónicas lamidas pasan y parece no ser suficiente tortura, porque me inquieto cuando siento como, supongo, uno de sus dedos se adentra entre mis paredes con firmeza, logrando sacarme un grito al sentir aquella falange tan larga y gruesa estirando mis paredes y comenzando a follarme sin detener las lamidas y los pellizcos de sus labios en mi pequeño montículo.
La mezcla de caricias transforma mis gemidos en gritos ahogados. El orgasmo se siente vergonzosamente cerca. Empieza a formarse de forma implacable en mí bajo vientre. Y se precipita cuando agrega un dedo más a las bruscas penetraciones y aumenta el ritmo de sus lamidas.
—¡Oh, Dios! — lloro. Si, lloro. Es todo tan intenso, que calientes lágrimas caen a los costados de mis ojos, humedeciendo las sábanas.
Cuando grito mi liberación y comienzo a correrme como nunca antes, se siente como si mi vida completa se sacudiera. Me retuerzo y las cadenas se tensan en mi piel. Sin embargo, el dolor se suma al placer y genera una combinación alucinante. Me aferro a las cadenas mientras las oleadas de placer se expanden por mi cuerpo y me quitan el aliento y el pensamiento.
Mi piel perlada de sudor se estremece cuando las caricias siguen, pero cambian de dirección. De repente los dedos se retiran de mi intimidad y la lengua en mi clítoris baja hasta mi entrada, comenzando a adentrarse en mi con ímpetu y tragándose mi orgasmo con lamidas que alargan mi orgasmo y me vuelven loca.
—Detente, por favor. Es demasiado... — suplico, pero no sé si realmente quiero que se detenga. Solo sé que la sensibilidad luego del orgasmo hace que me estremezca por todos lados cuando no se detiene.
De repente, siento como tiran de mis muslos con fuerza, arrastrándome por las sábanas hacia abajo y llevándome más a su toque. Paranormalmente, aquella lengua dentro de mí crece y se alarga logrando llegar más profundo entre mis paredes. Casi parece como si algo estuviera escurriéndose dentro de mí, queriendo tomar hasta la última gota de mi humedad y llevarse mi alma con ella.
—¿Qué es eso? — abro mis ojos como platos, pero jadeo, alucinada.
No logro parar a asustarme por eso, porque la forma en que su lengua se alarga cada vez más dentro de mí me lleva al cielo de ida y vuelta mientras hurga entre mis paredes, tocando ese punto que creía mítico y que ahora sé que existe, gracias a que lo frota y me hace gritar de placer.
Agregando más placer a mi tortura, uno de sus dedos vuelve a posarse en mi clítoris y comienza a trazar caricias circulares sobre él, aumentando la humedad entre mis piernas, que parece incitarle a comenzar a sacar y meter aquella extraordinaria lengua dentro y fuera de mí, llevándose mis jugos con ella.
—¡Si! — grito y mis ojos se van hacia atrás de mi cabeza cuando otro orgasmo, más intenso que el anterior, explota al instante y me arquea la espalda.
Jadeos y gemidos escapan de mis labios mientras las penetraciones siguen y siguen, pero con más ímpetu, al querer llevarse consigo toda mi corrida. Mis pliegues se sienten sensibles y mis muñecas duelen de tanto tirar de las cadenas, pero no puedo quejarme cuando sigue devorándome a su antojo. Estoy agitada y sudada, mi corazón va preocupantemente rápido y parpadeo con fuerza cuando siento que estoy a punto de desmayarme de cansancio mientras el fantasma sigue y sigue.
No logro ni tener dos segundos de paz, porque la lengua paranormal continúa hurgando entre mis paredes como si no hubiera un mañana, comenzando a penetrarme de nuevo y regurgitando nuevas corrientes en mí bajo vientre que auguran otro pronto orgasmo. Parece no querer parar y yo estoy en mi límite cuando por fin logro concentrarme y despejar mi mente para suplicar.
—Por favor — ruego en un susurro, que más bien parece un gemido, porque su lengua ha subido a saborear mi clítoris y ya no sé si ruego que pare o que siga.
Para mi sorpresa, mi petición es escuchada esta vez y la lengua deja de moverse y se aparta. Sin embargo, un dedo reemplaza a la lengua y este me puntea con suavidad y constancia en tanto hace círculos lentos que no me permiten abandonar la excitación que me tiene con los muslos untados de humedad.
— ¿Qué...? — un jadeo de sorpresa escapa de entre mis labios cuando siento como aquella sensación que me ha embarcado en la cocina, se extiende en todo mi cuerpo ahora. Reparo en que aquella cosa se ha erguido sobre mí, dejándome sentir toda su fría existencia sobre mi desnudez. Me abruma sentir lo enorme que es.
Asombrada, observo cómo, a cada lado de mi cuerpo, el colchón se ha hundido de una forma muy obvia, dejándome saber que él es muy pesado al hacer tan grandes hendiduras. Sin mencionar que también logro sentir, no sé cómo, su frío contorno sobre mí, y parece muy grande.