Quitándome de mis pensamientos, el dedo en mi clítoris hace más presión y me lleva a la locura a causa de la sensibilidad de mi centro que me obliga a gemir alto y a girar los ojos por las nuevas caricias que dejan de ser lentas y me quitan la razón.
—Vas a matarme — gimoteo y me arqueo. Mis pezones rozan esa frialdad que tengo encima y la sensación es tan aterradora como excitante.
Sin previo aviso, aquella húmeda frialdad, que considero como su lengua, se apodera de uno de mis pezones erguidos y comienza a absorberlos con desenfreno, sacándome más gritos que gemidos cuando pasa de uno al otro con avidez.
Aumentando la humedad entre mis piernas, la mano que no está en mi sexo, sube hasta el pecho que está desatendido y presiona una enorme palma sobre él, abarcándolo todo con su frialdad para comenzar a amasarlo firmemente.
—Ohhh... — no puedo parar de gemir mientras aquel ente sin rostro ni cuerpo, sigue torturando mis puntos sensibles con insistencia.
Esto es una locura.
Sin poder evitarlo, suelto algo que ha estado atorado en mi garganta desde que mi segundo orgasmo explotó y desde que su frío contorno ha chocado contra mi cuerpo, contrastando con mi piel caliente en una exquisita fricción.
—Más... por favor — suplico con ronquedad, retorciéndome debajo de él de manera desesperada. Sus caricias se vuelven aún más pasionales y enloquecedoras. Quiero más y no estoy segura de avergonzarme de ello.
Como si mis palabras fueran lo que él esperaba, siento como se separa de mí al instante por unos segundos. Gimo, insatisfecha por su lejanía, que poco dura cuando siento algo muy duro y contorneado delineando mis pliegues humedecidos.
¿Eso es lo que creo que es?
Sorprendida y excitada a partes iguales, siento como, lo que supongo es su glande, se pasea a lo largo de mi encharcada hendidura con una lentitud desquiciante, que me quita un gemido ahogado al sentir como, sin previo aviso, comienza a adentrarse en mí con lentitud. Extiende mis paredes y se siente incómodo, porque enorme allí abajo.
Sorpresivamente, un grito desgarrador escapa desde el fondo de mi garganta cuando lo siento enterrase dentro de mí, llegando hasta lo más profundo de mi humedad. Esa osa estira mis paredes como nunca antes, casi pareciendo irreal lo enorme que su m*****o es.
Cuando creo que por fin ha llegado hasta el final y siento mis paredes extendidas como nunca antes, el fantasma se retira de mi interior por unos cuantos centímetros. Vuelve a su lugar al instante, y gimo ahogadamente al sentirle extender mis profundidades aún más e incrustar unos centímetros más de su longitud en mí coño.
—Ahh... — gimo y cierro mis ojos con fuerza, tirando mi cabeza hacia atrás y arqueando mi cuerpo de manera en que la penetración se hace más profunda. Si eso es posible.
Es tan grueso y tan largo, que por poco y puedo sentir como me parte en dos. La incomodidad de tenerlo allí está. Sin embargo, los dos orgasmos anteriores me han dejado totalmente lubricada y preparada para aquella enorme y paranormal longitud. Gracias a Dios, porque esa polla podría haberme lastimado seriamente.
Afortunadamente, esa cosa me deja acostumbrarme por unos segundos a la invasión, antes de salir de mi interior casi hasta la mitad y luego volver a penetrarme de manera más ruda que la primera vez. Sorpresivamente, el movimiento me hace correrme con un grito desgarrador.
—¡Ah! — lágrimas vuelven a escapar de mis ojos de tanto placer. Mi clítoris palpita con fuerza y las paredes de mi intimidad se contraen alrededor de él casi dolorosamente, logrando que el ente sobre mí se vuelva loco.
De forma brusca y certera, aquella cosa retoma el ritmo de las penetraciones, que frenó cuando mi orgasmo explotó. Pero esta vez con más salvajismo, comenzando a follarme como un animal y repitiendo aquellas duras embestidas una y otra vez. Interminables gemidos de placer llenan la habitación, y de seguro la casa, cuando vuelve a construirse otro orgasmo en mi interior.
—Es demasiado — gimoteo, pero no le pido que se detenga.
El sonido que generan las cadenas en mis tobillos y muñecas cuando las embestidas bruscas me hacen rebotar en la cama, se mezcla con mis gritos de placer. Y agradezco no tener vecinos cerca, porque no sabía que podía ser tan gritona en el sexo.
Para ser justas, solo he estado con Thomas. Y la única vez que lo intentamos, fue cuando me quitó la virginidad. La peor experiencia de mi vida. Por lo que eso lo hace la única experiencia de mi vida. Que en nada se compara en lo que este fantasma me está haciendo ahora.
Sus embestidas se vuelven más salvajes a medida que sigue follando mi sexo, y mis gemidos y jadeos se acrecientan en la habitación. En mi bajo vientre, comienza a construirse otro orgasmo, que amenaza con explotar de manera muy rápida cuando vuelvo a sentirle succionar mis pezones con fuerza, logrando llevarme al borde de otra poderosa explosión, en tanto no paro de gemir y gritar de puro éxtasis en el proceso.
Por varios minutos sigue poseyéndome a su antojo. Me corro por cuarta vez y la explosión me deja totalmente laxa sobre el colchón mientras él no cesa en ningún momento las penetraciones, entrando y saliendo de mi con demencia.
Hasta que, poco tiempo luego, por fin lo siento comenzar a palpitar dentro de mí y frenar sus movimientos de manera repentina. Grito cuando comienza a expulsar un líquido caliente en lo más profundo de mi intimidad. Abro los ojos que tenía cerrados y observo hacia abajo como mi interior expulsa su liberación. Jadeo, porque veo semen de verdad. No solo lo siento, también lo veo. Mi sexo arde al sentirle hincharse dentro de mí y, en consecuencia, mi interior explota en un último orgasmo que me deja noqueada.
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Muchas horas después, despierto y no puedo evitar soltar un gemido dolorido al sentir cómo todos y cada uno de mis músculos duelen al moverlos. Mis párpados pesan más que nunca, teniendo que hacer mucho esfuerzo para finalmente abrir mis ojos con pesadez y poder observar a mi alrededor.