CAPÍTULO 5
Jack besaba la piel de Elliot y la lamía como si fuese un dulce. Aspiraba su olor y mordía dejando marcas. Amaba con parsimonia su carne, tocando todo donde sus manos llegaran. Quería sentirlo y amarlo en todo su esplendor, y así nunca olvidar su aroma y la sensación del tacto de su piel.
Elliot no se asustó cuando Jack lo vio sin su ropa de chica, con él no tuvo miedo de mostrar quien era en realidad, pero sí tuvo miedo de que él no lo quisiera. Fue sacar una máscara. Le gustaba mucho verse femenino, con su pelo largo y faldas tableadas, sin embargo, seguía sintiéndose como un chico en su interior, por más que su expresión de género fuese diferente.
Momentos sin inhibición como esos, ahora, eran los que le aseguraban a Elliot que el tipo con cara de hastío era el indicado, a quien confiarle su todo. Por su parte Jack jamás había sentido el deseo de proteger entre sus brazos a alguien, nunca había sentido culpa al ver a alguien llorar...
///Flashback///
—Jack, no —negó furiosamente Luhan— Está bien que te haya dejado tocarme pero no por eso voy a dejar que veas. Respétame, aunque sea un poco.
Al ver que el menor mal entendía la situación, intentó explicarse, aunque su dificultad con las palabras le jugara en contra: —Bebé, no te quiero presionar, solo quiero que sepas que.. que...
Mierda, Jack no podía decirlo. Era lo que sentía, no había duda de ello, pero aún así, la lengua se le había paralizado y los sonidos no escapaban de su boca. Realmente tenía sentimientos constipados.
—¿Decir qué, cobarde? —se burló. No podía creer que le iba a confiar algo tan importante como su cuerpo a alguien así, cínico. Que no se atrevía a decirle lo que sentía, o lo que aparentaba sentir, en realidad.
—Y—Yo... Tu a mi me importas —empezó— Partiendo porque siento cosas, emm, diferentes. Cuando estoy cerca tuyo mi corazón se acelera más que cuando estoy en un tiroteo, no puedo siquiera respirar a un ritmo normal, mis acciones se vuelven erráticas y siento... siento que te necesito.
Elliot sonrió y miró a los ojos a Jack, con la esperanza en el amor que alguna vez había perdido: —Es decir que, ¿Me quieres?
Jack estaba embelesado y atontado. Para variar su idiotismo no lo dejó decir lo que sentía, pero aún así su chico pudo entender. Asintió leve, y depositó un beso suave en sus labios, intentando comunicar con acciones lo que no podía con palabras.
El menor volvió a retomar la palabra:
—No hace falta que lo digas imbécil —se separó de Jack y lentamente desabrochó los botones de su camisa, moviendo sus dedos con su delicadeza característica— Yo ya lo sé.
La camisa cayó junto con la falda, dejándo a la vista un conjunto de lencería rosa pastel. Se había vestido para la ocasión con toda la intención de hacer caer en sus brazos a Jack.
Tiemblen chicas.
Jack recorrió el cuerpo de Elliot con lujuria y pasión en sus pupilas dilatadas. Acarició y disfruto del toque parsimonioso, sintiéndose en el paraíso con aquella piel lechosa bajo el.
Se acercaron en un beso suave. Aprovechando, el mayor acarició las sienes de Elliot y le quitó la peluca, dejando ver su cabello castaño natural.
Sus miradas se mantenían entrelazadas, incluso después de unirse en un beso casto, era como si nada en el universo pudiese romper esa unión, que por más que fue generada en poco tiempo, significó un cambio en su vida que nunca pudieron haber imaginado.
Jack tomó de las caderas a Elliot como si fuese de porcelana y lo depositó en la cama. Fue llenando su vientre de besos, subiendo por su cuello hasta besar sus dulces labios, haciendo un camino de saliva. Quería sumergirse en su piel. Gemía suave, dulces jadeos de una princesa, pensó Jack. Era tan delicado y tan erótico, que sentía que el momento iba a reventar como una burbuja. Lo necesitaba, que fuera suyo, por siempre suyo. Elliot no quería quedarse atrás, por lo que mordió el lóbulo de su oreja mientras lo lamía, concentrado. No podía evitar sentirse bello en sus brazos, sentirse libre, sentirse deseado.
—Eres tan bello, Elliot... ¿Por qué te escondes bajo ropa de chica? Tal cual eres, eres perfecto —decía Jack, admirando el cuerpo bajó él— No necesitas un disfraz de princesa, porque dentro tuyo ya eres una. Creo que eres bello con lo que te pongas, de todas formas, no me malinterpretes
Las lágrimas se acumularon en los ojos de Luhan, mientras escondía su cara en el cuello del mayor. Se sentía más que halagado, se sentía seguro y protegido.
—¿En serio... crees que soy... lindo? —susurró, casi con miedo. No quería haberlo malinterpretado y después morirse de vergüenza—. ¿Vistiendo como chica y con cuerpo de chico?
—Creo que todo en ti es perfecto y más.
Para ese momento Elliot estaba hecho un mar de lágrimas. No sabía cómo había encontrado a alguien que encajara con él, que a pesar de que no supiera escoger las palabras correctas en los momentos precisos, sabía cómo enamorarlo, y eso era todo lo que contaba.
—Jack, tómame —pidió para la sorpresa del nombrado— Quiero entregarme a la persona que me quiere. Jack, por favor…
Sin vacilar, atacó sus labios en un beso desesperado, que encendió al menor en menos de un segundo. Elliot recorrió sus dedos por su cabello y lo despeinó, mientras que enredaba sus finas piernas alrededor de la cadera del otro y aumentaba un contacto piel con piel que ambos sintieron como tocar el cielo. Cuando Jack cortó el beso, sus belfos hicieron contacto directo con la piel blanca del contrario, dejando castos toques y húmedas mordidas, que se fueron haciendo cada vez más fuertes conforme sus centros se comenzaron a rozar a través de la ropa, la cual comenzaba a estorbar.
Elliot se quitó la blusa que aún colgaba de sus hombros, para sí sentir el rozar de la colcha en su espalda y el trabajado torso de su amante sobre el suyo propio. Sin que él se lo esperara, Jack bajó por su tronco con los mismos besos que parecían comérselo en bruto, hasta que llegó a su falda, la cual levantó, dejando a la vista su ropa interior rosa, la cual deshizo con un movimiento de mano. Se alzó frente a sus ojos, entonces, la erección de Elliot, haciéndolo avergonzar, de que lo estuviesen mirando tan de cerca.
—No tienes que hacerlo si no quieres, puedo hacértelo yo a ti si te incomoda —le susurró, tapándose con las manos el sonrojo que pintaba sus mejillas.
—Quiero hacerlo, no sabes las ganas que tengo de ver tu dulce carita deformada por el placer. Que sepas que entre los dos, no eres el único que sabe hacer una felación celestial.
La verdad, Jack no sabía como hacerlo, Jamás se había acostado con un hombre, sin embargo, no le molestaba chupar un pene si sabía que era del chico al que amaba. Entonces, sin más preámbulo, enterró su cabeza bajo esa falda tableada lila y lamió la punta del glande, haciendo a su compañero de cama dejar escapar un suspiro inmediatamente. Después procedió a lamer toda su longitud como si de una paleta se tratase, tentando lo que iba a venir, para así entonces introducir todo su m*****o en su boca, sacando un gemido lascivo en exceso de los labios de su chico. Apretó los labios cuando estaba por la base y comenzó a meterlo y sacarlo mientras acariciaba sus testículos para estimularlo. Los sonidos excitados del otro se hicieron más seguidos y eso le dio la señal para empezar a prepararlo.
Se alejó un momento para sacar de la mesita de noche una botellita de lubricante en base a agua, notando el descontento en la cara del chico West, el cual no se fue hasta que volvió a su diligencia. Esparció el líquido por tres de sus dedos y comenzó con uno, notaba como estaba de apretado que estaba de buenas a primeras, provocando un suave suspiro del otro, el cual se convirtió en cierta incomodidad cuando introdujo el segundo. Los metía y los caba, para después hacer un movimiento de tijeras. El dolor que el menor sintió en un principio desapareció muy rápido, para dar paso a esa sensación agradable. Con un movimiento de cabeza, le indicó que ya estaba listo.
Jack se quitó sus calzoncillos y colocó el condón por sobre su pene erecto a más no poder, para después colcoarse lubricante y ubicarse entre las piernas del chico que aún llevaba su falda. Por lo mismo, se separó un poco y se la quitó.
—Quiero verte expuesto por completo y sólo para mi.
Posicionó su m*****o en la entrada del otro, ingresando a su interior lentamente, respetando el proceso de acostumbrarse del otro. Se guió por las expresiones y, cuando este le indicó, comenzó a moverse.
Esta no era la primera vez de los dos y por supuesto que el chico que recibía tenía claro que iba a doler, pero habiendo estado tan estimulado, el placer y la sensación suprema de conexión vino antes de lo esperado. Sin embargo, sentía que su nuevo novio se estaba conteniendo.
—J—Jack… no necesitas contenerte —respiró con pesadez—. P—por favor… hazme el amor con fuerza…
Elliot tenía la mirada llena de lujuria y lágrimas en los ojos, sus mejillas sonrosadas, la boca entreabierta y suspiraba con cada estocada, pero con esas palabras, Jack no pudo contenerse más. Las embestidas que comenzó a ejercer con fuerza y desesperación le comenzaron a sacar no sólo gemidos, sino gritos, a su chico.
Era como si Eros y Afrodita los hubiesen bendecido con la mejor conexión sexoafectiva que pudiesen haber encontrado. De pronto el placer para los dos se volvió demasiado, y con un par más de embestidas y el mayor masturbándolo, Elliot se corrió con un gemido ahogado y Jack lo siguió.
Fin Flashback.
—Ay que romántico —suspiró Eli— Tú y Jack hacen una muy linda pareja.
Elliot sonrió y acarició uno de sus mechones de cabello largo castaño. Se sentía pleno teniendo alguien con quien compartir sus sentimientos, que lo correspondiera de la manera en la que su novio lo hacía.
—Jack es tan sexy —se mordió el labio. Necesitaba tanto de su compañía desde aquel momento.
—Dominico está buenísimo —dijo Eli, ignorando a las personas alrededor suyo, para variar— Lo amo tanto. Quiero pasar tiempo con él, vete.
—Já, ni que quisiera pasar el rato contigo, perra plástica.
—Zorra con complejo de chica. —Elliot se giró indignado, decidido a responder con una verdad más hiriente.
—Tu mayor talento es gastar el dinero que gana tu novio vendiendo droga.
—¡Mi mayor talento son las mamadas y las pistolas, estúpida!
Y Elliot salió corriendo de la casa mientras reía, porque en el fondo pensaba que él hacía mejores mamadas. Aunque no insistiría más, porque sabía que el talento del otro si eran las pistolas, y el castaño no combinaba con el rojo desangrado y el rosa sesos.