Capítulo 19 No supe siquiera cómo reaccionar al ver a Dominico , mi esposo, vivo. —¡Dominico!— grité y me lancé a sus brazos con lágrimas en los ojos y emoción en el pecho— ¡Estás vivo! Él me apretó, acercando nuestros cuerpos y besando mi sien. Sentí como olía mi cabello y suspiraba cerca de mi oreja. Por mi parte yo enterré mi rostro en su cuello. Volvía a mi su aroma, su fuerte pecho y la sensación de protección. La sensación de encajar en algún lado, en sus brazos. Su calidez se me hacía nostálgica, a pesar de tenerlo frente a mi. Mis lágrimas ya estaban empapando su camiseta blanca. Se veía tan guapo. Levanté mi vista y lo miré a los ojos, sintiendo mi pecho apretarse. Acaricié su mejilla derecha y me acerqué lento, hasta que nuestros labios se fundieron en un beso.

