CAPÍTULO 7
Punto de vista de Elliot West
El bar de Chloë era un local que llamaba la atención y bastante. Luces de neón lo adornan por fuera y hacen que cualquiera se vea atraído por su aura de misterio y, aunque la curiosidad te carcomiera, no podrías entrar ahí.
A no ser que fueras de la mafia, sí.
Como mi familia siempre fue parte de este sucio y vil negocio, el bar era como mi segundo hogar. Mi madre trabajó aquí en sus comienzos, como bailarina exótica, pero después de un pequeño altercado en donde ella le disparó a un intruso, vieron su alto potencial, así que terminó siendo una sicaria, ganándose la confianza del padre de Dominico poco a poco. Para de buena suerte, su trabajo de años le rindió frutos, dejándola escalar hasta lo más alto, siendo ahora la encargada de la zona de este, el sector de distribución de las drogas más caras y de los crímenes de más alto rango.
Volviendo al ahora, entré dirigiéndome a la parte VIP: El sector del jefe y sus amigos, que casualmente eran también gente importante, importantísima, dentro de la mafia. Allí estaban sentados: Dominico, en el centro y con un aura de jefe prepotente impresionante, Jack, como segundo al mando, luciendo terriblemente sexy cuando se reía junto a Jason, Caleb con cara de mierda para variar y mi madre, la única mujer del grupo, la mayor y la más elegante.
Hoy vengo vestido muy sexy, luciendo mis piernas blancas bajo una falda de cuerina que no dejaba nada a la imaginación. Mientras paso escucho silbidos y comentarios sucios, los cuales paran en cuanto se dan cuenta de que tengo novio, quien les podía hacer más que un poco de daño si se lo proponía.
Le tapé los ojos de forma infantil por detrás a Jack y me tomó de la cintura y me sentó junto a él. Me besó apasionadamente, marcando territorio, y me soltó, probablemente olvidando que mi madre estaba delante de él.
—Hola, mamá —dije cuando me soltó, la cara de Jack se vio pálida de un momento a otro— ¿Cómo estás?
—Bien, mi niño, bien —sonrió cálida y se dirigió a mi novio. Su cara y gestos corporales podían decir amabilidad pero su mirada decía amenaza— Así que, Jack, veo que eres... la pareja, de mi querido hijo, Elliot.
—Eso es cierto, Mariah, yo amo a su hijo Elliot— declaró, sin titubeos de por medio.
—Espero —espetó seria— Sabes que mis hijos son lo más preciado para mi. Bueno, ahora que Charlie se fue lejos y Francis se casó para vivir decente, Elliot es todo lo que me queda, y si le haces daño te verás en un callejón sin salida, el cual no quieres ni imaginar.
Ni siquiera le recorrió un escalofrío: —Yo jamás dañaría a la persona que más amo en el mundo, West, Elliot es todo para mi y no temo decirlo ni gritarlo.
Abracé a Jack y lo llene de besos por la cara: —Yo te quiero más Jack, te adoro mi amor.
Tomó mis cachetes y los apretó suavemente mientras me daba besitos en la nariz. Enterró su rostro en mi cuello y lamió, aspirando además mi perfume.
—No sé qué haría sin ti, bebé.
—Ni yo, Jack, ni yo...
Nuestros sentimientos eran profundos y no necesitaban palabras para expresarse. Era sólo amor, infinito e incondicional amor.
Nos fundimos en un beso largo, no de cuanto duró, pero si sé que fuimos interrumpido por el sonido de las puertas abrirse y un silencio sepulcral. Eso sucedía solamente en dos casos: Estaba entrando el jefe (lo cual no podía ser porque estaba al lado nuestro) o estaba entrando "la princesa" del jefe. Y uy que fuera Eli, porque viese a la chica insinuándose a Dominico .
Si había alguien muy celoso y en extremo era Dominico , pero si existía la remota posibilidad de que hubiera alguien más posesivo que él, ese sería Elijah.
Y lo que acababa de ver no era nada bueno... Bueno, si que era bueno porque ver a Eli comportarse como una gatita rabiosa era divertido, pero ese no era el punto.
Una chica, que estoy seguro se llamaba raro, estaba arrimándose a Dominico descaradamente.
Punto de vista de Dominico Malatessta
Elijah se acercó a mí y a la chica rara y pegona que no se me quitaba de encima. Se veía precioso con esos pantalones de cuero ajustados, dejando ver su trasero marcado y redondo. Era muy sexy, aunque eso no era ninguna sorpresa.
—Hola, Daddy —habló arrastrando la última palabra. Lo senté en mi regazo aprovechando de tocar su parte trasera, no perdí mucho tiempo y me descargué besándolo sin pudor. —Veo que tienes compañía...
En estos momentos, Eli probablemente cree que la chica tiene otras intenciones conmigo (lo cual indica que cualquier cagada de la chica implica la llegada de "Eli perra celosa")
—Hola Eli ¿Cómo estás, cariño? —la chica saludó a mi novio como si fueran amigas de toda la vida y al nombrado no le gustó, para nada—.
—Hola Janice, Bien ¿ y tú? —Sonrió, bastante irónico— Traeme un Martini seco, por favor.
Janice (al parecer así se llamaba) puso cara de molestia se fue, moviendo las caderas muy exagerada, cosa que sólo le salía a Elijah. Volvió enseguida y, accidentalmente, botó una cerveza en mi pantalón. Mi pantalón, Saint Laurent.
—Perdón, Dommie, fue sin querer —tomó una servilleta y enseguida me limpió, bastante cerca de la entrepierna.
Yo lo vi como un simple gesto de ayuda, pero cuando acarició el lugar sin descaro noté que tenía otras intenciones. Antes de que alcanzara a sacar su mano, Eli ya había tomado cartas en el asunto. Tomó la mano de Janice y se la llevó fuera del bar, dejando desconcertados a los presentes.
Hubiera ido tras él, pero un viejo amigo se presentó en frente y no pude correr tras mi princesa, la cual quizás qué estaría planeando hacer.
Punto de Vista de Elijah Smith
Iba a matarla. Tocó lo que es mío. ¡Me intento robar a mi! ¡Elijah Smith! Me sentía indignado.
La zorra básica esa no entendía por qué la estaba arrastrando a mi auto, y menos cuando la hice bajar al sótano... al cuarto.
La senté en una silla y la golpeé con mi puño cerrado, mientras estaba inconsciente aproveché de amarrarla con una cadena, lo más apretada que pude. No me importaba que fuese una chica o un chico, lo que me traía así de loco de furia era que hubiese tocado a mi novio.
Abrí impaciente el armario donde guardaba todos los útiles para tortura de Dominico y me decidí por unas tijeras grandes.
La chica ya estaba con los ojos abiertos e intentaba desatarse. Caminé hacia ella mientras batía las tijeras en el aire, sin siquiera cuidar de que salieran volando.
—Verás, querida Janice, tocaste algo mío —empecé, ella trataba de quitarse la cinta de la boca— Y a mí que toquen mis pertenencias, no me gusta nada, nada...
Janice logró sacarse la venda de la boca y habló: —¡Déjame ir, puta barata! ¿Crees que un hombre que sacó de un basurero como tú se merece a Dominico Malatessta?
Simplemente me reí, cínico: —¿Tienes consciencia de a quién le hablas? Soy la reina de esta puta ciudad, Janice —escupí su nombre con asco y me acerqué a ella, hablándole al oído y jugando con su pelo—. ¿Sabías que la reina es la pieza más poderosa del ajedrez? Bueno, esta puta es esa pieza, la que protege al rey y se encarga de que nadie siquiera se le acerque —dejé de acariciar su cabello y se lo tiré con fuerza, doblando su cabeza hacia atrás—. Así que prepárate, linda, para quedar en jaque mate.
No esperé más y empecé a cortar su cabello, sin ningún orden, esperando a que quedara desastroso. La tortura psicológica a veces funciona mejor que la física. Accidentalmente, corté un trozo de su oreja y ella se movió brusco, por lo que le pegué un puñetazo en la mejilla.
Se veía deplorable.
El maquillaje corrido, el pelo cortado, la sangre corriendo por sus mejillas y sobretodo su cara de impotencia y pánico. Una sensación placentera recorrió mi espalda.
Tomé un cuchillo carnicero y rebané un dedo que se escapaba de su tacón de punta abierta, gritó con la voz desgarrada, desesperada y plañidera, música a mis oídos.
Tomé una de sus lágrimas y la lamí, sabía agria.
Decidí por ir en busca de otro utensilio de dolor y elegí un cuchillo de sierra, el cual enterré en la superficie de su pecho, dejando que el óxido eferveciera.
—Querida, ¿Cuánto es la raíz cuadrada de cuatro? —quizá, y solo quizá, Jason había inspirado mi método para que la víctima se mantuviera despierta.
Se le dificultaba la respiración y sus ojos se cerraban cada vez más así que le regalé una cachetada. Su cuerpo dio un salto en la silla y gritó (más bien chillo) de nuevo.
—Responde —hundí el dedo en la herida que había hecho con el cuchillo.
—No l—lo s—sé —suspiró—. C—Creo que e—es algo con tres.
Aparte de ladrona, analfabeta.
—Es dos, idiota, ¡Dos! Ahora sigue contando para que no te desmayes, vas a perder mucha sangre Janice—me reí tanto por dentro como por fuera, su sufrimiento era adorable.
Al paso que ella contaba yo le rasgaba la piel y le sacaba las uñas, sangre había en mis manos. En un momento Janice ya estaba inconsciente, así que procedí a completar la siguiente parte.
Mi daddy va a agradecerme por esto..
Punto de vista de Dominico Malatessta .
La curiosidad me carcomía por dentro. Quería saber qué es lo que estaba haciendo Eli ahora mismo. La verdad es que no era tan difícil de imaginar: Sangre, tortura y un sádico Elijah que me ponía mucho.
Hermoso.
Estacioné mi Lamborghini en el parqué de la casa y camine dentro. Estaba en absoluto silencio, nuestra casa parecía un cementerio, no se escuchaba ni un alma.
Deje las llaves en la mesa de entrada y también abrigo, mire hacia las grandes escaleras buscando algún indicio de donde estaba, hasta que vi un rastro de ropa hacia el sótano.
Bajé al cuarto y me encontré con la imagen más erótica que había visto en mi vida: Elijah, con lencería rosa, un dildo dentro y manchado de sangre, y, a espaldas de él, una chica torturada.
—¡Daddy! —gimió. Estaba consumido por el deseo...
—Te has portado muy mal Eli, no has esperado a tu Daddy.