Flechados.

1868 Words
Antes de marcharse, Marie le dejó un sobre con dinero, el nombre de las flores que a Grettel le gustaban y dejó bastante claro que ella amaba la melodía del piano. Nick, no sabía cómo iniciar, así que llamó a la única persona que lo apoyaría y le envió la dirección del Penthouse para que fuera y lo ayudará con todo, pues no tenía ni idea de por dónde tenía que comenzar. —¡WOW! No puedo creer que has pasado los últimos meses en este lugar ¿Ya has ingresado a la mafia? —No, y no hagas preguntas que no sabré responder. Cómo te dije antes, me casé por contrato y hasta mañana conoceré a mi esposa. Ellos se pusieron manos a la obra mientras Nick le hacía toda la historia y la cantidad de dinero que logró reunir durante el tiempo que ha estado en aquel Penthouse. Jhon no podía creer como la suerte le sonrío en el momento que él más lo necesitaba. —Deberías aprovechar esta oportunidad para rehacer tu vida y tratar de ser feliz. —Debo informarte que me molesta cada vez que conociendo mi situación y la historia que he vivido te hagas el estúpido. —Solo quiero verte bien. En cada cosa que Jhon quería ayudarlo, Nick se negaba, así que decidió no hablarle más y solo seguir las órdenes que él le había dado. Esa tarde el apartamento quedó perfecto: flores en el jacuzzi, velas aromáticas, música de piano lista para ser tocada en la habitación principal, una reserva en uno de los restaurantes que le había sugerido Marie, y jarrones con girasoles que habían aromatizado todo el lugar. —Todo está listo. —Te agradezco el favor. No me queda mucho tiempo en este lugar, pero he conseguido dinero suficiente para que podamos cambiar nuestras cosas a un lugar menos deplorable. Él fue a su maleta y tomó un pequeño sobre con dinero, el cual se lo entregó a su amigo John. —No dijiste que este dinero era para llevar a cabo lo que por tantos años has estado planeando. —Ese dinero ya lo tengo reservado, en cuanto aclare mi situación con la señora que vendrá mañana, daré mi primer paso de acercamiento a mi venganza. —¿Señora? —Para recibir 40 mil dólares por llevarla a la cama y consumar el matrimonio, no debe ser una muñeca con rostro de ángel. —No sé dónde diablos estás metido, pero espero que salgas bien de este rollo. Antes de irme te informo que Camil ha estado preguntando por ti, e insiste en que le pase tu número de contacto. —Le dejé claro que solo era sexo, así que no tienes que darle explicaciones ni mi contacto. —Bien, me voy y cualquier cosa solo me escribes o me llamas. —Gracias por todo. Después de que todo estuviera organizado, Nick fue a la habitación que había estado usando y vistió por primera vez aquellos costosos y elegantes trajes. No se veía mal. Admiró el reflejo del espejo y escogió el más casual para ir al aeropuerto al día siguiente. La noche fue eterna para él, pues no sabía lo que el siguiente día le tenía preparado. Mientras que Grettel, no soportó la presión y sin esperar más, tomó su avión privado de regreso y en cuanto llegó, se dirigió directamente a la empresa de su padre a enfrentarlo y decirle todo lo que pensaba. —Aquí está mi hija adorada. —la saludó con sarcasmo y algo molesto. —Prometiste no interferir en mi vida y ahora estás tomando lo más emotivo que existe en la vida de una mujer y jugando ajedrez, tratando de buscar y salvar solo al rey. —Tienes 24 años y tus pensamientos están extraviados. Además, te casaste por amor y te he dejado vivir la ilusión con una persona a la que no conozco ¿Qué más deseas que haga? —Confiar en mí y dejar que tome mis propias decisiones. Él golpeó la mesa fuerte con la palma de la mano, haciendo que Grettel saltará del espanto. —Yo coloqué reglas y deben ser cumplidas. Nada de lo que te estoy pidiendo es nuevo, así que no quiera ponerme como villano, que no lo soy. Somos una familia respetable que ha seguido patrones de conducta por años. Te amo con vida, pero esto no está a discusión. Ella, con el ceño fruncido y sin saber cómo objetar a sus palabras, solo puede agachar la cabeza. —Yo también te amo. —Eres mi princesa y la persona que siempre me ha tenido orgulloso. Ven aquí. —él abrió sus brazos y ella se acomodó, como siempre lo ha hecho, desde que era una niña pequeña. —Yo solo quiero que seas feliz hija, por eso te permití casarte con quien eligieras. Ahora solo tienes que presentarlo al mundo. Ella lo miró con rostro de niña traviesa. —No creo que él sea de tu agrado. —Si tienes sentimientos hacia él y lo has aceptado, puedo hacer el intento con tal de que seas feliz. Lo que no quiero, es enterarme de que me mientes o haces cosas a mi espalda. Aunque ella trataba de hacer las cosas bien, él era severo y si le contaba todo tal cual había sucedido, perdería la confianza que por años había construido, así que no había vuelta atrás, tenía que seguir con la falsa. Lo que a ella la dejaba más tranquila, era que faltaba poco tiempo para terminar el plazo y así solo tendría una sola cosa por ocultar. (Su nueva profesión) Ellos pasaron la tarde juntos poniéndose al día. El tiempo voló y ella se acordó de Nick cuando ya el sol se estaba ocultando. Mientras él, estaba realmente molesto después de pasar toda la tarde en el aeropuerto y ella nunca llegó. Había llamado a Marie y esta tampoco contestaba, le parecía el colmo la falta de respeto hacia su persona. ¡Ring, Ring, Ring! —Por fin me devuelves la llamada. Yo he hecho mi parte y ella no llegó. —Me acaba de decir que ha estado reunida con su padre y que el tiempo la traicionó. Te pido una disculpa, yo tampoco sabía que ya estaba en EEUU. —Bien, como sea. Yo estoy en el apartamento ¿Ella vendrá o se quedará en la casa de sus padres? —Aquí no ha cambiado nada, ella debe ir con su esposo. Tú tendrás que estar preparado, en caso de que regrese acompañada de su padre y si regresa sola, ya sabe que esta noche, debe ser su noche de boda. —Así lo haré. Ella terminó la llamada y él ya se había quitado ese enorme y costoso traje. Se había quedado cómodo y sin esperanza de que ella se apareciera. Para calmar su ansiedad se sentó en el enorme y hermoso piano que había en la sala e inició a tocar aquella melodía que su madre le enseñó cuando apenas era un adolescente. Él entregó el alma mientras tocaba, estaba tan sumergido en sus recuerdos y dolor, qué no se dio cuenta de que Grettel había llegado, hasta que terminó de tocar y ella inició a aplaudir sorprendida por la disciplina y dedicación que él mostraba al tocar el piano. —¡WOW! Eso fue realmente bueno. Sus miradas se encontraron y de inmediato él recordó aquellos ojos azules como el cielo y cabellos rubios como oro. Él no podía creer que era ella. La chica inalcanzable e inteligente, de cuál toda la escuela estuvo enamorada. Era su crush y la única mujer que había logrado robarle un suspiro. Él intentó reponerse pronto para no parecer bobo. —Muchas gracias. Ella quedó impactada ante el apuesto caballero. Mientras sus miradas estuvieron conectadas, ella pudo subir muy alto y sentir cosas nuevas. Definitivamente, los dos quedaron flechados desde el momento en que sus miradas se encontraron. —¿Eres Nicolás? —Así es. Fui por ti al aeropuerto y nunca llegaste. —Lo siento, pensé que habías leído el mensaje que te dejé. —¿Mensaje? Ellos no podían apartar sus miradas, fue una conexión inmediata que los atrajo como imán. Ella caminó hacia él y en el trayecto él sintió su piel erizar y sentir una corriente, pues aunque la miraba incansablemente, no podía creer que se trataba de su ángel de cabellos de oro. —Sí. Te dejé un mensaje en cuanto mi avión aterrizó. Te escribí la excusa y detallé donde me encontraría. Él tomó su celular y solo hasta ese momento vio aquel mensaje. —Qué tonto, y después me enojé. Dije, mi esposa me dejó esperando. Ella sonrió y lo miró a los ojos. —¿Se siente extraño, no? —¿Qué? ¿La presencia de un hombre en tu apartamento? —No. Me refiero a tener un esposo y conocerlo 8 meses después. —Bueno. Perdón por la invasión y bienvenida a tu casa. Me presento, soy Nicolás Anderson. Ella le tiende la mano sin apartar la mirada —Mucho gusto Nicolás. Él sintió esa corriente por su cuerpo que no pudo controlar y de inmediato la llevó a sus brazos recordando lo que tenía que hacer esa noche. —Me puedes llamar Nick. Ella siente un cosquilleo en su estómago y un deseo de un beso que la quemaba, cosa que al parecer él entendió bastante bien, ya que no pasó mucho tiempo para qué tomará sus labios en un beso deseado por años. Ellos cerraron los ojos y disfrutaron lo que estaban sintiendo. Ella se espantó cuando sintió aquellas manos grandes sosteniendo su trasero y fue cuando decidió dar un paso atrás. —Disculpa, aún no sé muy bien lo que tiene o no que hacer un esposo. Ella mordió su labio inferior mientras tenía clavada su mirada en el apuesto e interesante hombre que la acompañaba. —Yo tampoco lo sé. Su rostro se ruborizó y se veía tan tierna, que por un momento quitó las nubes negras que persiguen a Nick. —¿Vamos a cenar? —Sí, muero de hambre. Él llamó al restaurante y unos minutos después llegaron para servir la cena y asistirlos en todo lo que iban a necesitar. Ella no podía dejar de mirarlo, pero cuando él la estaba por sorprender, ella apartaba la mirada llena de miedo y mucha vergüenza. La cena fue en silencio y después que sirvieran el postre, ella los despidió para intentar soltar los nervios mediante una conversación con el apuesto caballero, sin imaginar que las cosas solo se pondría más tensa e interesante. —Tocas ese piano como los ángeles, es un arte. Él tomó su postre y lo pasó de su boca a la boca de ella. —No solo toco el piano. Te aseguro que todo lo que toco, lo hago con anhelo. Como lo acabas de decir, es un arte. Esas palabras tenían electricidad y de inmediato pasó a su cuerpo y la sintió directo entre sus piernas. La noche prometía y ya se había sido exigido que se debía consumar el matrimonio ¿Qué podría salir mal?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD