Conduzco hacia mi casa porque no sé a dónde demonios llevarla. No quiero lidiar con esto, pero tal parece que la vida sí quiere joderme. No le tenía que haber hecho caso a Allison.
Al cruzar las rejas de la entrada y detenerme frente a la casa, Miss Perfecta mira con curiosidad. Me bajo dejándola en el auto y camino hasta llegar a las escaleras que dirigen a la puerta principal. Paso a la mi oficina para hablar con Raphael sobre la situación de Titan X, el nuevo auto que, por errores en el frenado puede resultar todo lo contrario a lo que se espera en su presentación.
Raphael me muestra como procede el trabajo. El nerviosismo se evidenciaba en la manera de que no dejaba el móvil quieto. Lo sabe, puede perder su trabajo y causar el despido de un grupo completo de trabajadores. No permitiré que destruyan el trabajo con el que he soñado desde niño, ni la promesa que les hice a mis abuelos.
Cuando termino con Raphael, hablo con Deisy, la jefa de marketing. La prensa se ha calmado. Han trabajado en ello y por hoy, todo parece tomar su curso. Doy un largo suspiro cuando cuelgo el móvil y me apoyo en el espaldar de la silla. Estiro la mano y toco el auto de adorno que ocupa sitio sobre la mesa.
Mi móvil vuelve a sonar. Muevo mi mano hasta visualizar el número. En la pantalla. No lo tengo guardado.
—Habla —demando.
— ¿John Stone? —pregunta. Es una chica.
—El mismo, ¿quién eres tú? —pregunto.
—Margaret —dice. No me acuerdo de Margaret pero tampoco hago el intento de indagar en los recuerdos.
—No me acuerdo de ti, Margaret —comento sin pizca de pesar.
—Mi amiga y yo compartimos hace dos días con Lucas y contigo.
No tenía intención alguna de salir esa noche, pero Lucas parecía un jodido necesitado por follar. No sabía que le pasaba porque tampoco tenía intensiones de contarlo. Todo lo que tenía de esa actitud eran suposiciones, de que la situación con Lia lo estaba volviendo loco y por ello recurría al club, las mujeres y el alcohol. Terminé acompañándolo a ese club. No pasaron ni cinco minutos cuando Margaret y su amiga nos hicieron compañía. Lucas se marchó al instante con la otra y Margaret se quedó conmigo.
— ¿Qué necesitas Margaret? —pregunto y sigo sin sonar agradable.
— ¿Te parece si nos encontramos hoy? —Pregunta—. Sé que esta pregunta debería salir de ti, pero soy una chica moderna.
—Estoy ocupado hoy —contesto—. No vuelvas a llamar. Nos encontramos en el club si tienes suerte.
Cuelgo tras mi última frase mientras observo el auto n***o de adorno, otra vez. No me gusta que las personas se tomen atribuciones de más.
—Me pregunto cómo haces para ligar, en serio, eres insoportable —comenta Miss Perfecta. No la había visto apoyada en el marco de la puerta, aún con su vestido de novia exageradamente grande. Ya no estaba perfectamente peinada. Ahora su pelo n***o desataba gran alboroto. De pronto me encuentro observándola detalladamente.
Error.
Sus pestañas son llamativas y los labios carnosos. No sé como aquel idiota no la besaba toda las malditas veces que tenía oportunidad.
Suelto un bufido para tapar mi gilipollez de estar detallándola.
—Si se acabó tu pataleta puedes regresar a tu casa —comento.
—Si llaman, diles que me has dejado en un bosque. Me odias tanto que sería bastante creíble —demanda hasta girar sobre sus talones y salir de mi campo de visión.
No sé si pueda lidiar con esto durante muchas horas. Tal vez, termine llamando a Dylan para que pase a buscarla.
Sigo sentado en la silla por más tiempo, mirando y tocando el auto n***o. No creo poder cumplir nunca con esa parte de la promesa.
Me levanto de la silla y camino por el pasillo que conduce a la sala principal de la segunda planta. No hay rastro de Ashley, así que mi estado de humor cambia radicalmente para mejor. No dura mucho mi estado pues, en la primera habitación escucho su voz:
—Eres perfecta Ashley, nena. Te mereces que se te arrodillen —habla y yo río mientras muevo mi cabeza en negación.
Continúo mi camino. Tomo las escaleras que me llevan a la última planta donde solo está mi habitación. Mi móvil suena nuevamente, esta vez es Allison. Tomo la llamada mientras me siento en una de las butacas de mi habitación.
—Alli —contesto.
—¿Ella está contigo? —pregunta.
—En mi casa —respondo.
— ¿Está bien?
—No lo sé. Se está repitiendo que es perfecta. Dedúcelo tú que la conoces —digo sin interés.
—No lo está, John y si aún sigue en tu casa es porque no quiere hablar de cómo se siente. Así que te toca a ti mecarito cuidarla.
—No, he cumplido con sacarla de ese sitio. No haré nada más —dejo claro.
—John, tanto tú cómo ella se han creado un erróneo concepto de ambos y no sé porqué. Igual John, ve a ver qué está bien. Te lo pido. Lo que está pasando no es una rabieta. Te quiero mecarito —comenta y cuelga.
Maldita sea.
En qué lío me he metido por asistir a esa boda.
Vuelvo a tomar el pasillo y toco la puerta del cuarto donde escuché su voz antes. No responde, así que abro la puerta. No está ahí. Sigo mi camino, reviso la sala, el gimnasio, el pequeño cine y no la encuentro.
Genial, se ha marchado.
Mi móvil vuelve a sonar y maldigo. Tal parece que mi día se resume en lidiar con Ashley y recibir llamadas.
Qué putada.
—Lucas —contesto.
—No me toques los cojones bro, estoy trabajando —imita mi voz—. Esperaba esta respuesta de tu parte.
—No estoy trabajando —contesto—. ¿Qué quieres?
—¿En serio bro? Hay que aprovecharte entonces. Iré a tu casa.
Hoy soy yo el que necesita alguna movida. El día me deja con un humor de perros.
—Sabes que no traigo a nadie a mi casa. Así que descarta la idea de tomar mi residencia como escenario para fiestas —le digo.
—Solo seremos cuatro —sigue, con la intención de convencerme.
—No —concluyo.
—Está bien bro, nos vemos en una hora en el mismo bar —dice y cuelga.
Lucas y yo llevamos muchos años siendo amigos. Sé que cuento con él y él conmigo, pero, no nos verán nunca alagándonos o pareciendo chicas dándose abrazos.
Salgo al exterior mientras guardo el móvil en el bolsillo de mi pantalón. Cruzo el umbral de la puerta y me detengo en seco.
He visto millones de chicas desnudas, he tocado muchos cuerpos. Mi posición ante la chica que sale desnuda de mi piscina, no la entiendo. Ashley Jones es la única mujer con la que no me acostaría en la vida, la única que no provocaría otra cosa en mí que no fuese estrés.
Su cuerpo queda completamente expuesto cuando da el último paso. Se observa a sí misma, por tal motivo no me ha visto a mí. Suspiro calmando lo que se desata dentro de mí, que no sé qué diablos es. A esa chiquilla la odio. No dejo de mirarla y eso provoca reacción en mi v***a. Mi cuerpo actúa por su cuenta y me cabreo por ello. No soy un adolescente joder, ¿qué demonios me pasa?
Noto como va levantando su cabeza. Rápido meto las manos en los bolsillos de mi pantalón, intentando cubrir lo que me será imposible.
Sus ojos se encuentran con los míos. No corre a cubrirse. Solo me observa. Esperaba otra actitud. Sin disimulo baja la mirada de mi cara. Maldigo mil veces lo llamativo que puede resultar estando despierto.
No voy a esconderme ahora. No hay salida de este momento, al menos no huyendo de mi parte. No le huyo a nada.
Traga su propia saliva mientras vuelve a subir su mirada hasta mis ojos. Sus mejillas se tornan un poco rojas. Me quedo mirando su acto desconcertado. No conozco a esa chica más de lo que he visto, sus berrinches, me cuesta creer que se ruboriza viendo como está mi v***a de verla desnuda. ¿Acaso no ha puesto así a su casi marido?
No sé porqué no vuelvo adentro y la dejo sola lidiar con sus cosas. No sé porqué siquiera me mantengo mirándola sin hacer nada más. No entiendo nada, joder. Antes todo se resumía a atacarnos cuando coincidíamos.
—Me reprocho a mí misma por tener que acudir a la persona que menos soporto en el mundo, pero no tengo otra opción, ¿Puedo quedarme en tu casa? —pregunta y yo la observo con seriedad.
¿Qué?
—Cuéntame Ashley Jones —digo mientras doy los pasos que me faltan para ubicarme frente a ella. Me mantengo con las manos en los bolsillos y la mirada distante—. ¿Por qué te quedaría en la casa del único tipo que no soportas?
Traga otra vez su propia saliva, manteniéndome la mirada. Lo digo claramente, Ashley jamás se ha mostrado así frente a mí. Siempre está a la defensiva. Nada de lo que haya dicho con respecto a ella se ha quedado sin respuesta de cambio. Tampoco se ha puesto nerviosa con mi presencia.
No sé qué le pasa a esta chica y no sé por qué demonios se instala dentro de mí la voluntad de descubrirlo.
—Porque nadie vendría a buscarme aquí —comenta recuperando su actitud de siempre—. Este berrinche mío es tan grande que no quiero ver a nadie.
Noto la ironía en su voz y sonrío. Lo hago pocas veces y jamás a ella.
—Increíble, Miss Perfecta, ahora no tengo nada que reclamarte. Estás consciente de que solo haces berrinches.
Ahora la que sonríe es ella.
—Para un hombre como tú, imagino que el que una chica pida atención de su hombre es un berrinche —comenta.
—En toda regla —digo y ella asiente antes de intentar pasar de mí. Tomo su brazo y la hago detenerse. Ella antes de concentrar sus ojos en mi rostro observa el contacto de mi mano en su brazo. No la suelto, a pesar de que el contacto me quema. Lleva su mirada a mi rostro—. Si no recibe atención sin pedirla, entonces no sé que hace esa chica ahí. ¿Esperar a que cambie con un papel? Sí es un berrinche, Miss Perfecta, te podías haber evitado todo esto.
Suelto su brazo y giro sobre mis talones para irme. No voy a estar ni un minuto más aquí.