4. John

1651 Words
—Señor, lo esperan en la sala de reuniones —me informa Mónica, mi secretaria. No digo nada, solo camino hasta las puertas dobles de cristal y paso, sin detenerme por ellas. El murmullo que había antes se acaba con un solo paso mío al interior de la sala. No tenía que hablar para emitir las órdenes. Ser jodidamente serio y distante hacía que todos hicieran lo que debían antes de un llamado de atención. Con solo veintitrés años tenía una empresa de producción de automóviles y varios talleres mecánicos. Nadie me hubiese tomado en serio si no hubiese forjado mi personalidad fuerte. A mi abuelo materno le agradezco mi fascinación por los coches, el viejo Norman fue un mecánico que vivía para su trabajo y a mi abuelo paterno James, la administración de los negocios. No es lo mismo ser jefe que líder y yo, aprendí a ser lo segundo. Ocupo asiento en la silla que se ubica en la cabecera de la mesa y apoyo la espalda en el espaldar. Los observo a todos mientras tamborileo los dedos sobre la madera. —Novedades —demando y el que mi secretaria se acerque con un vaso de whisky me alerta. Mónica solo lo trae cuando se lo piden y solo lo piden cuando me traen algo complicado de digerir. Tomo el vaso y lo ubico en una esquina de la mesa, sin tocarlo. Por más que lo intenten, no bebo alcohol mientras estoy ocupado con el trabajo. El jefe de Ingeniería carraspea antes de empezar a hablar: —Se han detectado averías en el sistema de frenado que han llevado a varios accidentes leves durante las pruebas. Los ingenieros aún no han podido determinar la causa del problema. —Su aspecto denotaba los nervios al hablar. Lo observo con seriedad y me mantengo en mi posición. Estoy cabreado pero no soy de saltar como un león ante un problema. —Las r************* ya están repletas de comentarios negativos. La situación es urgente. La cancelación del lanzamiento está cada vez más cerca —agrega la jefa de Marketing por lo bajo con la cara pálida. Sigo serio mirándolos a todos. Vuelvo a tamborilear los dedos sobre la mesa. Recuerdo perfectamente el detalle del diseño del sistema de frenado y sé que el error es en el cálculo de una de las piezas. —Investiga las diferentes partes del sistema de frenado y revisen cada diseño al detalle —ordeno con voz fría. Puedo decirles perfectamente donde ir exacto para solucionar el problema, pero no lo haré. Ellos encontrarán el error por su cuenta—. Tienen… —Miro el reloj de mi muñeca—, hasta las ocho de la noche para informarme del problema. Ellos asienten, con la preocupación en sus rostros. Si son realmente buenos, lo encontrarán en menos tiempo del que les he dado. Para tener el puesto mis abuelos, muchas veces me dejaron en el taller repleto de problemas que solucionar. Muchas veces ni siquiera sabía qué hacer, pero el tiempo que me daban corría y yo tenía que actuar. Hoy agradezco todo su tiempo en enseñarme, porque pocas cosas en la industria para mí no tienen solución. —A trabajar —ordeno y todos se marchan a una velocidad ridícula y cierran la puerta tras su paso. Mi móvil suena y lo tomo del bolsillo de la chaqueta para mirar la pantalla. Es Allison. Allison: Solo faltas tú aquí. John: Ashley y yo no nos toleramos si quiera, veo totalmente innecesario que asista a su boda. Allison: Somos una familia John y estamos en todas macho. John: Ella y yo no somos nada. Allison: Sí lo son, John. Así que ven. La chica no está bien, así que tal vez debamos estar con ella. Desde que Ashley cumplió los quince años somos dos personas que se odian a muerte. Me parece superficial, de esas chicas que creen merecer el mundo y que por solo respirar el mismo aire que ella merece un «gracias». Chica que vive para vestidos y zapatos. Aún recuerdo el enorme caos que desató porque otra chica tenía los mismos tacones que ella en una fiesta o las veces que la escuché decir lo perfecta que era. La pataleta que le dio a Eileen para que enviara a la calle a una de las chicas que modelaban con ella porque la habían elegido en vez de a ella para principal en una presentación. Me daba cólera el simple hecho de escucharla hablar. John: Si no está bien, yo la pondré peor con mi presencia. Te lo aseguro. Allison: Dudo que tú la dejes peor que ese chico. Ven aquí ya, John. John: Estoy ocupado Allison. No perderé tiempo en los dramas de Ashley. Siempre son eso, dramas. Allison: Siempre has pintado una versión errónea de ella, John. Haz lo que quieras, pero recuerda, con las diferencias que puedan ocurrir entre nosotros: todos somos una gran familia y hemos estado en cada momento. No empieces tú a cambiar los hechos de lo que tus padres y tíos han creado por años. Sí, esta unión de todos no empezó hace dos o tres años, llevan más veintitrés. Los viejos, que hoy no se encuentran con nosotros defendieron hasta su último aliento lo que llamamos familia y ahora, mi padre y mis tíos siguen cuidando de ella. Tuvieron diferencias cuando el problema de Allison y Logan pero continuaron todos juntos, porque para ellos todos somos uno. Allison tiene razón y no voy yo a cambiar los que lleva años siendo así. Salgo de la sala de reuniones y bajo al subterráneo a tomar uno de mis coches. Pongo el motor a rugir mientras me dirijo al hotel de Dylan, donde se celebraría la boda de Miss Perfecta. Mi móvil suena y tomo la llamada del jefe de ingenieros a punto de detenerme frente al hotel. —Señor, ha sido un pequeño error en un cálculo —dice, lo que ya sé—. Estamos trabajando en ello. —Que el error sea pequeño no evita que sea un error. Sabes que soy intolerante a los errores —continúo y cuelgo. Un movimiento de una persona a punto de salir de la acera me hace frenar bruscamente. Su cuerpo estaba pegado a la parte delantera de mi auto y si no hubiese sido capaz de frenar de pronto, con toda probabilidad la hubiese chocado. Levanta su cabeza de pronto y su pelo n***o empieza a salir de su rostro, dejándome ver esos ojos marrones. Separa sus labios para respirar con brusquedad no sé si del susto o de la carrera que ha llevado desde el interior del hotel hasta aquí. Los invitados y nuestra familia salían en grupos mirando en su dirección. Los reporteros no paraban de tomar fotos. Su prometido salía y este, a diferencia de los demás, no se quedaba a mirar, corría en dirección de Ashley. Miss Perfecta se mueve hasta el asiento de copiloto y tras abrir la puerta, se sienta mirando en dirección a su prometido. —Te odio, me odias, pero, sácame de aquí —pide, pero yo no me muevo. —No soy como los demás que corren por tus pataletas —le digo serio. —No quiero discutir ahora, Gran Insoportable, solo necesito salir de aquí —responde. No pongo en marcha el auto. Ni siquiera muevo un apéndice. Ya lo dije, no voy a correr por sus berrinches, los que está acostumbrada a hacer. Su prometido o casi esposo, alcanza el auto y lo rodea hasta ubicarse frente a la ventanilla. Ashley lo observa sin ningún indicio de cambio. — ¿Qué haces, Ashley? —pregunta y ella le mantiene la mirada sin responder. El tipo debe estar realmente cabreado para llamarla por su nombre. Imagino que Miss Perfecta exige apodos cursis para ella—. Vamos adentro, muñequita —habla más calmado. Lo dicho. Ella sonríe y por un momento aseguro que es demasiado fácil hacerle pasar el berrinche. Tal vez, todo esto lo ha desatado por una estupidez. Bufo, no puede ser que yo esté en medio de este drama protagonizado por Ashley Jones. —Ahora si utilizas apodos cariñosos, amor —dice utilizando el apelativo con ironía—. En dos años llevas diciéndome Ashley y justo ahora empleas el apelativo que empleabas en los primeros meses. Dime, ¿también me darás todos los besos apasionados que me has negado por más de un año? O mejor, ¿me demostrarás amor sin que te pida migajas? ¿No me dejarás desnuda en medio de tu departamento como si fuese un objeto decorativo? ¿Te fijarás en mí más que en el búcaro de la mesa cuando salgamos a un sitio? ¿Me harás salir de mi zona o seguirás haciendo crecer mis inseguridades? Lo pensé mucho Adams y la respuesta está clara: un papel no va a cambiar nada. Seguiré siendo la misma chica recibiendo migajas, repleta de inseguridades y añorando un poco de intensidad en su relación. —Sube la ventanilla y me observa. Por unos minutos nos quedamos mirando sin decir palabra alguna. Solo procesaba todo lo que había dicho. Algunas cosas las seguía considerando pataleta, pero, el que haya estado desnuda para él y él la haya ignorado es realmente serio. Así también como los besos que no le daba. No sabía cómo era que entendía su súplica con la mirada para que la sacara de ese sitio. Sin embargo, una cosa si tenía clara, estaba realmente desesperada, de lo contrario no me pediría ayuda a mí. En contra de mi voluntad, mi mano se movió hasta poner el auto en marcha. Mi mirada gélida se mantuvo en su rostro. Pensé que ella sonreiría al ver cómo le cumplía el capricho, cual caprichosa siempre ha sido, pero no, apoyó su cabeza a la ventanilla y mantuvo su mirada en el exterior.
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