3. Ashley

1030 Words
Me muevo hasta el primer escalón y desciendo bajo la mirada de todos. Papá es el primero en moverse hasta el último peldaño para esperarme. Me toma en sus brazos y me besa la frente. Sonrío, el amor de papá es más grande que el jodido universo. Salimos al exterior de la mansión para tomar los autos. La boda se realizaría en Oasis, el último hotel de la cadena hotelera de mi padre. Mis padres me acompañan en el Bugatti adornado por flores y cintas blancas. De camino mi madre me observa en reiteradas ocasiones y aunque mi padre se limita en conducir sé que antes de que yo de el «sí» hablará conmigo para asegurarse de que estoy segura de mi decisión. Yo sigo pensando en todo, lo necesario y lo que no. Aunque estoy en círculos, una idea aterriza en mi mente. Brilla, opacando lo demás, denotando que es la única solución. Cuando llegamos al hotel, gran cantidad de reporteros e invitados se encontraban al final de la alfombra roja cargada de pétalos. Mi familia baja de los autos y caminan en parejas hacia el final del pasillo, donde se encontraban los demás invitados. Yo tenía que esperar que todos entraran al salón principal donde se celebraría la boda. ―Cuéntame mi pequeña, ¿qué sucede? —pregunta mi padre girándose al asiento trasero. —Nunca he sido la chica loca y extrovertida. Tampoco la que seduce y provoca agitación en el sexo opuesto. En tres años, estoy segura, que ni una sola vez he vuelto loco a ese chico. Tal vez, por ese motivo no he recibido de él esa mirada intensa y perdidamente enamorada que veo en los hombres de mi familia. Quizás, por ello, la relación se volvió tan básica. Así que hoy, me arriesgué, mandé a la mierda la chica tímida de siempre y fui a verlo. Repito esto para que me siga doliendo, una porno le provocó lo que yo no cuando me desnudé. Se justificó con un «es mala suerte antes de la boda» Dime papá, porque no estoy entendiendo, ¿qué hombre rechaza a la mujer que le gusta cuando está desnuda? —El hombre que no la merece —responde mi padre—. Quién dice que el que una mujer sea tímida es un problema. No, no lo es, mi niña. Te lo dice quién ha recorrido el mundo en una cama. Tu madre era así. Sabes dónde está el problema en que después de tres años no hayas sido capaz de soltarte con él. El que él no haya logrado ganarle a tu timidez es un problema, como también lo es el que él no te mire como si hubiese conquistado un mundo entero por tenerte. No te culpes, no le tengas miedo al después. Que no ha habido traición o que él, dentro de todo sea un tipo bueno, no son motivos suficientes para entrar ahí y decir que sí. Hice tanto con las mujeres que cuando te tuve me costó dieciocho años aceptar que estabas creciendo y que en algún momento te debería dejar ir. Me trajiste a Adams a casa y te noté feliz. Lo acepté porque yo no te privaría de vivir de verdad cada etapa de tu vida. Sin embargo, nena, ¿qué historia tienes para contar? ¿Dónde está la explosión de felicidad al casarte? Lo observo en silencio porque no tengo respuesta para ninguna de las dos preguntas. —¿Lo amas? —pregunta mi padre. —Han sido tres años… Lo quiero mucho. He pasado muchos momentos a su lado. Fue mi primer chico… —No he preguntado eso nena —aclara con la mirada analítica—. ¿Estás enamorada de él? Me quedo en silencio mientras la pregunta de mi padre retumba en mi mente. Lo quiero sí, sé que quiero correr a verlo cada día. —No lo sé. Ahora… no lo sé —me sincero, sin nada que aclarar. Mi padre asiente, comprendiendo lo poco que he dicho en mi respuesta. —No te cases entonces —dice. Observo como todo los invitados y mi familia, incluida mi madre, han entrado en el hotel. Así que es nuestro turno. Mi decisión ya fue tomada. —Vamos papá, nos toca —le digo abriendo la puerta del auto y saliendo de él. Mi padre rodea el auto y me acompaña. Un montón de flashes iluminaron mi rostro y yo solo sonreí. Mi padre besó mi frente y no dijo nada más. Dylan siempre me dio consejos pero jamás me impuso sus ideas. Así que, viendo que he elegido casarme, no dirá nada más. El camino hasta el interior del hotel fue tomada de la mano de mi padre. Ya en el salón todos se enfocaban en mí. Los ignoré a todos para mirarlo a él, a mi novio por tres años y futuro marido. Me dedicó una sonrisa que no me llegó tan lejos y tampoco se reflejó en mi rostro. Empezamos a dar los pasos que faltaban por el medio de los asientos blancos de lujo donde se ubicaban los invitados y me detuve a un paso de él. Mi padre le entrega mi mano y lo mira con seriedad antes de mirarme a mí. Busca la manera de ver que estoy bien, así que le sonrío. Asiente y va en busca de mi madre. Doy el paso que faltaba, de la mano con Adams, hasta ubicarnos de frente al juez. Este comienza su discurso y yo miro a Adams más de una vez. Volví a perderme en mis pensamientos hasta que Reed, el pequeño de Kim me entrega el anillo. —Procedan a pronunciar sus votos —pide el juez. Lo miro una última vez y la idea que brillaba, ahora lo hace más. Está claro. No hay nada más que pensar. —Yo, Ashley Jones creo que tú Adams Still, deberías casarte contigo mismo —digo antes de voltearle la mano y dejar caer el anillo sobre ella. Sentí el murmullo de los demás, pero no me concentré en ello. Giré sobre mis tacones de quince centímetros y empecé a correr hasta la salida.
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