Con cuidado de no dejar caer nada, abrí la puerta de casa, al hacerlo, me quedé paralizada, el suelo estaba cubierto por pétalos de rosa y velas, hacían un camino que conducía al salón, dejé las cosas a un lado de la puerta y comencé a seguirlo. – Dante…–susurré sorprendida al verlo, iba vestido con un esmoquin n***o, parecía un muñeco – Hola, la mia piccola maga–me estremecí al escuchar su voz salir tan ronca, se acercó a mí quitarme el abrigo – ¿Qué haces aquí?, pensé que estabas en San Francisco– – Bueno, antes de responder, vamos a cenar–dejó mi abrigo encima del sillón el cual estaba pegado a la ventana Miré todo dándome cuenta de que había movido mis muebles para colocar la mesa en mitad del salón, me cogió de la mano llevándome hacia esta. Al sentarme acaricio mi mano, me dio

