Después de esa charla, quedamos sumidos en nuestros pensamientos mientras nos acariciábamos, por mi cabeza no podía parar de pensar en todo lo que él había sufrido, tampoco entendía a ese hombre que decía ser su padre, yo entendía que no quisiera a su madre, pero ¿Dante que culpa tenía?, ningún niño merecía el desprecio de sus padres – Ahora que me doy cuenta… ¿Hoy no trabajas?–preguntó sacándome de mis pensamientos, le miré un momento y comencé a reír – Dante, llevo aquí todo el día ¿y lo recuerdas ahora?– – Tenerte en mis brazos hace que olvide muchas cosas–dijo dándome un beso en la nariz – Como por ejemplo que te presentes en la oficina–ambos nos sobresaltamos al escuchar la voz de Luka, nos sentamos viéndole, tenía los brazos cruzados dedicándole una mirada poco amistosa a Dante

