Capítulo 8
El Apartamento
Mia.
—Así que aquí vives —me dice cuando entramos a mi apartamento.
—Así es, bienvenido a mi humilde hogar —le digo riendo.
—Claro, le llamas "humilde" a un apartamento que vale como un millón de dólares.
—Eso no tiene nada que ver —me defiendo.
La verdad es que mi apartamento es bastante grande y espacioso. Cuenta con 3 habitaciones, dos baños, una cocina, sala, comedor y un gran balcón, más un pequeño salón/Biblioteca. Es muy exagerado para una sola persona, lo sé. Se lo dije a mi papá cuando lo compró, pero no me hizo caso y la verdad que no me importaba mucho si gastaba todo su dinero en mí, siempre me ha dado regalos, pero ¿amor? Jamás. Desde que se separó de mi mamá, lo único que he visto de él ha sido dinero y cosas materiales. Hay veces que no quiero aceptar nada de lo que me da, pero tengo la esperanza de que algún día me dé algo desde su corazón y no por la obligación de ser su hija.
—Si, si la tiene —contradice sacándome de mis pensamientos.
—Bueno, ya vamos voy a mostrarte todo.
Lo tomo de la mano y le muestro todo el lugar. Desde la cocina hasta las habitaciones.
—Me gusta, es muy tú —me dice y luego me da un beso corto. —Tal vez algún día me mudé acá contigo.
—¿Lo dices en serio?
—Sí, y tal vez sea pronto —no me lo creo.
—De verdad, ¿y que pasara con la universidad? —pregunto.
—Puedo cambiarme.
—¿En serio harías eso? —estoy shockeada por la emoción.
—Si, ¿Por qué dudas tanto?
—No lo sé, es que no me lo puedo creer.
—Pues créelo, porque va a suceder —me besa. —Y ahora, ¿qué tal si vamos a tu cama y probamos su resistencia?
Asiento y vuelve a besarme. Nos encaminamos a mi habitación y desde que entramos la ropa empieza a estorbar. Tomamos tiempo en besarnos y acariciarnos, con besos suaves y lentos.
Cuando se acaba la ternura, comienzan los besos calientes y apasionados. # Pasamos todo lo que quedaba de la mañana en la cama y cuando nos dio hambre nos fuimos a comer a un restaurante que hay cerca, puesto que no tenía nada en la despensa con lo que cocinar algo.
—¿Vamos al supermercado después de comer? No tengo nada de comida en casa —le digo y asiente.
Me agrada hacer este tipo de cosas, comer con él e ir de compras. Cuando llegamos al supermercado tomamos un carrito y andamos todos los pasillos. Yo, tomaba de todo lo que veía, en primer lugar, dulces y chocolates —mi favorito, el que contiene almendras—.
—Este se lo llevaré a Aidan —digo tomado una caja de Muffins de diferentes sabores como: Fresa, arándanos, kiwis y frambuesa.
—¿Quién es Aidan?
—Mi vecino.
—¿A si?
—Es muy lindo, a veces me ayuda a sacar la basura —le digo.
—Ok.
—No te pongas así, tiene 6 años —le digo riendo.
—No he dicho nada —se defiende.
—No hace falta, tu cara te delata.
Luego de terminar de escoger todo, vamos a la caja a pagar. Cuando intento sacar mi tarjeta me detiene diciendo que él pagará, le digo que no, pero me insiste.
—Bueno, está bien. Luego no te quejes cuando te quedes sin fondos —le digo. Se ríe.
—Eso no va a pasar —asegura.
Cargamos todo en un carrito para llevarlo al auto y mientras caminamos al estacionamiento me llega un mensaje de Karina.
K: ¡Hola, hola!
>> Eduard, el chico que jugaba Básquet en el instituto, dará una fiesta esta noche, irán varios amigos. ¿Vienes?
M: Sería genial, le diré a Ángel para que nos acompañe
—Karina, me ha dicho que uno de tus antiguos amigos del instituto hará una fiesta, ¿Te apetece ir?
—Sí, hace mucho que no voy a fiestas. Será divertido.
—Genial, hay que ir a comprar ropa —digo emocionada.
—Pero, si he visto que tienes un montón de ropa en tu casa.
—Sí, pero nunca se tiene el atuendo perfecto— me da una mirada cansada —Ven, vamos. Te vas en una semana, tienes que pasar todo el tiempo posible con tu hermosa novia.
Nos subimos al auto y cuando llegamos a casa organizamos todo en la despensa y el refrigerador. Luego le lleve los muffins a Aidan y le encantaron. Es muy tierno.
—¿Él es tu novio? —me pregunta.
—Si, él es mi novio, Angel.
—¿Le puedo decir algo?
—Sí, dale —se dirige a Angel y hace que se agache a su altura y le dice —Si la veo llorar por tu culpa, te las verás conmigo, ¿Entendido?
—Todo claro —dice rápidamente.
—Gracias por los muffins.
para ti: tatty de la hoz