Capitulo 9 - La Fiesta

890 Words
Capítulo 9 La Fiesta. Mia Luego de obligar a Ángel, a que me acompañara a comprar un atuendo bonito para asistir a la fiesta, nos bañamos juntos y ahora estamos preparándonos para irnos. Yo ya casi estoy lista, solo me falta terminar de peinarme. Llevo puesto un vestido n***o ajustado y chaqueta de mezclilla y converse altos. Karina me había informado que era mejor ir vestida cómodamente y no con tacones ni nada por el estilo y que si quería podía llevar bañador para la piscina. —Ya estoy listo —me dice Angel, trae jeans, playera negra y una chaqueta igual que la mía. Prácticamente, estamos vestidos casi iguales. —Yo en dos minutos —le digo mirando que el peinado me esté quedando bien. —Te espero en la sala, llamaré a Eddy para decirles unas cosas. Termino de peinarme y tomo mi bolsa y mi celular el cual está vibrando con una llamada de mi papá. —Hola hija —me saluda y hace mucho que no me llamaba. —Hola Papá —le digo. —¿Qué tal has estado? —Bien, muy bien. —Me alegro hija, te llamo para avisarte que en unas semanas es el cumpleaños de tus hermanas y a ella le gustaría mucho que vineras, lleva años esperando y nos has querido venir —me dice. —¿Por qué será? —digo tan bajito que no lo escucha. —No lo sé, pronto son los finales de la universidad y la verdad es que no me apetece ir. —Pero Mia, debes de conocer a tus hermanas y… —Creo que estamos a la misma distancia —lo corto. —Ellas también pueden venir a verme aquí —estoy harta de que quiera poner una excusa siempre que tiene que venir y que no crea que yo iré porque no pasara. No tengo nada en contra de mis hermanas, pero odio el hecho de siempre tener que estar detrás de ellos y él solo me llama para decirme lo que ellas necesitan, pero no piensa en lo que necesito yo. Desde que nos abandonó a mi mamá y a mí, solo he recibido las migajas de su cariño, nunca me ha faltado nada con respecto al dinero porque siempre cumplió con eso, pero nunca me ha dado amor, nunca. —Nunca quisiste venir con ellas en mis cumpleaños, siempre tenías cosas que hacer y no sé qué. Siempre tienes una excusa, como cuando me regalaste el apartamento, ni siquiera viniste o cuando me enviaste el auto. Yo te quiero, eres mi padre, pero a veces creo que tú no me quieres a mí —es lo último que digo antes de colgar. Respiro hondo y salgo de la habitación, hoy me apetece divertirme y es lo que voy a hacer, mi papá no me va a arruinar la noche. —¿Lista? —me pregunta Angel cuando me ve y asiento. Nos subimos a coche, le pongo un mensaje a Karina para avisarle que ya vamos de camino y me dijo que saldrá en unos minutos y veinte minutos después llegamos a la casa de Walker, el chico que dará la fiesta. Hay mucha gente en la entrada, al parecer está muy buena la fiesta. Salimos del auto y nos tomamos de las manos para entrar en la casa llena de adolescentes universitarios. Saludo a varios conocidos al igual que Angel. —No inventes —dice alguien a nuestra espalda. Nos giramos para darnos cuenta de quien es. —¿Milo? Dios cuanto tiempo —dice Angel, Milo fue unos de los amigos más cercanos que tuvo en la secundaria. —No lo puedo creer, ustedes juntos de nuevo —dice y nos reímos —¿Qué tal estás Mia? —Todo genial y ¿Tú cómo te ha ido? —Te aseguro que no me puedo quejar —me dice sonriente. Nos ofrece unas bebidas y por un rato hablamos de todo un poco de nuestras vidas y acordamos vernos otro día. Dijo que tenía novia y bueno, esperemos que sea cierto considerando lo mujeriego que era. Saludamos a Walker y algunos otros más. Karina me avisa que ya ha llegado y nos juntamos en el jardín. —¡Hola! —saluda a Angel con un gran abrazo, considerando que no lo había visto. — ¿Qué tal, se divierten? —Opa sí, todo está genial. —Súper, las fiestas de Walker son las mejores a las que he asistido —dice. Hablamos por unos minutos hasta que nos entra la ganas de bailar de todo lo que ponen en la pista, ella encuentra una pareja y yo con Angel estamos muy enérgicos y bailamos hasta que nos cansamos. El alcohol hace que se me suba la energía y le digo a Angel que busquemos un lugar más privado, porque tengo ganas de besarlo y no me gusta el público. Nos vamos al coche y hace falta de todo menos los besos. —Dios, me encantas —me dice entre besos. —También a mí —le digo. Decidimos irnos a casa y cuando entramos comienza de nuevo con una tanda de besos largos y mojados, nos encaminamos a la habitación y la ropa empieza a estorbar. Nuestra noche se resume en el simple acto de hacer el amor.
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