El cielo estaba aún más gris que nunca, las lluvias habían llegado y se quedarían por un largo rato luego de aquel tan largo verano. La ciudad de Ángeles era un lugar muy bonito con colores vistosos y grandes tiendas que amenizaban con alegres tonadas y deliciosos olores todas las calles, podían ver pasar de aquí y allá a cada habitante alegre y sin preocupaciones. De pronto sentí que yo era objetos de sus miradas extrañas y curiosas. Ellos me compadecían. Si y también se preguntaban como un alma tan joven como la mía estaba tan deprimida en un día que tenía que ser muy especial. Cuando era una niña todos mis cumpleaños eran motivo de gran celebración, el sol estaba resplandeciente y con el cielo tan azul y despejado que parecía un cuento de hadas. Todas las mañanas era despertada bajo

