Llegando a Casa

1187 Words
- ¡Heaven! -salió mi querida madre con un vestido rojo que sobresaltaba ante la gran palidez de su piel. No había cambiado en estos años, era radiante y hermosa como una obra de arte con su rubio cabello recogido mostrando ese largo cuello que estaba adornado por una gargantilla de perlas. Al sentir su cuerpo con el mío fue algo extraño, ella estaba fría y tersa. Apenas percibí un ligero olor a podredumbre de su boca, pero no dije nada solo cerré mis ojos y la abracé con fuerza pues después de todo ella era mi madre y la había extrañado tanto estos años. -¡Mira! ¡que hermosa estas!-tocó mi cabello suavmente- Ahora eres morena, me encanta ese nuevo look, aunque me gustaba más cuando eras como yo con el mismo rubio. -Solo quise salir de mi rutina, mamá-soné fría como ella lo era cuando habla de modas o tendencias. -Espera que te vea Donald, no te va a reconocer-y ella se dio cuenta de mi expresión-oh, no Heaven, no lo hagas, Donald es un hombre bueno y me quiere. Yo deseo que lo conozcas tanto como yo y quien quite si consigues un padre en él. -Yo tengo un padre, no necesito otro-le dije bruscamente- ¿y Candy? -pregunté al no ver que me había recibido. - ¿Can..dy?-su cuerpo tembló-oh, no te conté lo que sucedió. Ella se jubiló, la pobre estaba muy cansada y fue a descansar en casa de sus nietos en otra ciudad-me dijo muy alegre -ella te mando muchos saludos. -Hola, hola!-Donald bajo esas grandes escaleras de caracol rápidamente emocionado por verme-esto es hermoso-dijo colocando sus dedos en forma de cuadro como si fingiendo que era una cámara-la pequeña Heaven se apuesto tan hermosa que no lo creo, ven con tu padre-se abalanzo hacia mí y me tomo en sus brazos apretándome muy fuerte contra su pecho, sentí como inhalo mi aroma provocándome el mismo asco de siempre y beso mi mejilla muy cerca de mis labios, su piel era tan fría que sentí una ráfaga helada que me paralizo de inmediato-ahora si estamos completo y seremos una gran familia-dijo con un doble tono que no me gustaba y ahora sentí de nuevo esa sensación de peligro de hace años. -Espera a que Margio te prepare una excelente cena mientras nos cuentas como te ha ido todos estos años, tus abuelos nos han dicho que eres una excelente alumna e incluso haz dado clases de piano a otras chicas en el internado. -¿En serio? -mamá como si fuera la primera vez que escuchara del tema. - ¿Acaso no recuerdas cariño que te lo dijo la misma abuela? -Donald contesto rápidamente suavizándola. -Tienes razón, es excepcional, sacaste el talento de Alberto y eso me enorgullece. -A ambos-agrego ese hombre que odiaba y que nos abrazó al mismo tiempo como si fuéramos una familia de verdad. -Espera a que te presente a nuestros amigos, quedaran encantado con tu presencia-mi madre me dijo-Margio-grita y me mira dulcemente, pero sus ojos de gatos eran inexpresivos, aquella calidez se esfumo de plano. Un hombre alto y amargado salió de la cocina con una toalla que secaba sus manos, por su complexión daba la idea que era un zombi en demacrado por los años. -Diga madame-apenas tenía un ligero tono francés que sonaba cadavérico al salir de su boca. -Prepárale algo de comer a mi Heaven por favor, ya se, quiero que le hagas medallones de buey en salsa negra, es su favorito-y me mostro su bella sonrisa. No era mi favorito, era triste que no pudiera recordarlo. -no, en realidad me conformaría con un emparedado, tengo mucho sueño-bostece y estire mis brazos. -¿Qué es esa cosa tan horrenda y de mal gusto?-me dijo refiriéndose al suéter, no me di cuenta que tenía una calaveras que fueron aplicadas a manos-creo que tendrás que ir de compras, cariño-me dio un gran beso en la frente. -Bien, lamento por acabar este momento, pero Lillian, nos espera una gran reunión-Donald le dijo mientras le rodeaba su cadera de forma posesiva como recordándome que era suya y fruncí mi ceño. -No te enojes cariño-mamá me dijo sin moverse-solo es que teníamos este compromiso pautado desde hace semanas. espero que nos entiendas-y luego se puso una gran piel blanca con la cual lucia completamente hermosa. Cuando ambos se habían marchado yo estaba sola y triste, esta mansión era distinta a la de hace tres años, su diseño delicado y clásico era todo lo opuesto con aquellas estatuas abstractas y otras con las curvas de una mujer. los sillones eran blancos y largos acompañados con cojines esmeraldas que resaltaban y alfombras de hilillos brillantes que rodeaba gran parte del recibidor. Corrí precipitadamente mientras Margio se llevaba mis maletas a la que era la habitación de papá y aquello golpeo mi cara, todos sus recuerdos se redujeron a una simple habitación de juegos con una gran mesa de pool en el medio. En un rincón estaba un mini bar y tenía aquellos equipos de sonido y televisores más ostentosos que primera vez veía. Mi corazón se encogió hasta hacer nada, mamá se olvidó por completo de mi papá y aquellos recuerdos los elimino por completo ¿acaso no había pensado en mí? ella tenía que saber que yo quería conservar algo de esto, pero ella no había cambiado, hoy lo confirme de nuevo, Lillian solo pensaba en sí misma y también en su querido y nuevo esposo Donald, solté una lagrima al saber que esta ya no era mi casa, todo lo que estaba aquí, que me podía recordar que era un hogar ya se había marchado. Me limpié la cara y subí a mi habitación con miedo a que tan bien fuera cambiada, no quería saber que le había hecho a mis muñecas, a mi gran cielo y mis ángeles de la guarda. cada paso que daba hasta el tercer piso fue largo y cansado y cuando me detuve frente a la gran puerta con mi nombre grabado en madera mi corazón se aceleró rápidamente y la abrí deseando que no se hiciera realidad mi pesadilla y solo cuando mis ojos fueron testigos que este rincón se salvó del cambio de Lillian, puede lanzar un suspiro y relajar mi cuerpo, todo en ello seguía igual, mis muñecas estaban en mi cama perfectamente tendida, mi espejo ovalado blanco era al parecer el único que se había salvado de las garras de mi madre y los ángeles seguían pintados tal y como podían lucir en la capilla Sixtina con el techo ovalado y una lámpara aperlada que iluminaba sus grandes alas azules. Mi biblioteca de madera blanca también estaba intacta con los cuentos que papá me contaba cuando me acostaba todas las noches y los cuales yo le conté en su enfermedad. Corrí a prisa y sostuve el retrato de plata con la foto de los tres cuando tenía 7 años, el me sostenía en brazos y le daba un beso en la sien a ella. -Como te extraño papá-me digo mientras la contemplo hasta quedarme dormid
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