Luego de que mi abuela sufriera de alzhéimer, mi querido abuelo no pudo encargarse más de mí y con tan solo 16 años tenía que regresar aquella casa que tanto repugnaba.
Tres años de mi partida solo recibí dos llamadas de mi madre para saber cómo estaba y más nada ella simplemente se había olvidado que tenía una hija, una responsabilidad y luego se volvió en una especie de famosa socialite junto a su nuevo y joven Marido Donald Camil.
El largo viaje a casa era agotador, el aeropuerto estaba algo congestionado pues se avecinaba una gran tormenta a la ciudad y con ello auguraba cosas malas a mi regreso.
Nadie había venido a mi llegada y no me importaba, mi madre seguía molesta conmigo y seguía hiriéndome a pesar de que miles de veces le supliqué que me perdonara, pero era inútil y dije que no lo haría más.
Mire mi reflejo en el espejo enorme del aeropuerto y suspire al ver mi cabello ahora teñido de n***o ¿que pensaría ella al verme de este modo? lo había hecho con la idea de no parecerme nunca a ella, no quería ser su gota de agua.
A través de mi reflejo observo la imagen de un chico que no para de mirarme, es alto y su cuerpo está cubierto de tatuajes a excepción de su cara que lucía hermoso bajo esa mirada pétrea y tosca. giro precipitadamente para enfrentarle, pero no estaba, había desaparecido y con ellas mis ganas de quedarme.
-Solo un año y tres meses-me dije a mi misma. apenas cumpliera la mayoría de edad desaparecería de sus vidas. ya no habría nadie que me dijera que hacer y no sería el estorbo de otro. Salí con mis grandes y pesadas maletas que no dude en arrastrar hasta la salida que diluviaba furiosamente, las gotas de aguas se estampaban con el suelo y formaban otras más pequeñas que salpicaban a todos en medio de aquella gran tormenta que se estaba acercando. Los rayos iluminaron las partes oscuras de la ciudad y muchos corrían asustados, pero yo solo quería conseguir un taxi como la mayoría que estaban enfrascado en esta parte.
Conseguir un taxi estaba siendo una odisea, cada vez que mostraba señales de existencia para uno de ellos otros tomaban mi puesto empujándome bruscamente hasta que en mi cuarto intento logro detenerse y un hombre alto y delgado con cara madura me sonrió, abro la puerta y de pronto veo aquella pequeña y su madre que estaban a mi lado.
-oh dios, no pienses en ellas-me dije a mi misma, pero estaban mirándome con cierto brillo de esperanza-no lo hagas Heaven-me dije una vez más hasta que me detuve- ¡señora! -grité hacia ellas.
-Oh, gracias. eres un ángel –la mujer me agradeció y la vi partir junto a mi taxi con una parte de mi lamentándome de haberla entregado.
-Soy una completa tonta-hable sin darme cuenta de que me estaban escuchando.
-Ni que lo digas. Ese era mi taxi-gruño una voz y ahí lo vi, era el mismo chico que había visto a través del espejo. Tenerlo frente a mí me intimidaba un poco, era alto y con su cabello algo alargado y liso. No pude dejar de mirar sus grandes tatuajes que cubría brazos y cuello de forma hipnotizante.
- ¿No te enseñaron que mirar a una persona es de mala educación? -me regañó.
-Lo siento, no quise molestarte-en realidad me daba curiosidad sus diseños, aquellos tatuajes y ese gran crucifijo de piedras negras que estaba en su cuello lo que no iba con su imagen pues, no parecía ser un chico religioso.
- ¿De dónde vienes? -me pregunto sorpresivamente-No pareces ser de aquí, pues aquí las personas no miran tanto a los demás como tú lo haces.
-yo soy de aquí-me defendí -viví tres años en Europa y discúlpame, pero has de notar que tus tatuajes llaman bastante la atención-me defendí ante su ataque y él se limitó a sonreír como si yo fuera solo una niña tonta.
-Tienes razón, que objeto tiene que pase horas de dolor para que nadie aprecie el arte -y me extendió su larga y huesuda mano, note como sus venas brotaban de su brazo-soy Valentine-sus labios se extendieron. Vi ese minúsculo aro que brillaba en la parte inferior.
-Heaven-y la estreche amistosamente, quizás este encuentro es una buena señal, puede que después de todo volver a mi casa sea algo bueno me digo a mi misma.
-Que nombre más interesante, Cielo-sonrió con su chiste, pero cerro la boca cuando noto que no reía-lo siento, solo es que eres la primera Heaven que conozco ¿qué te parece si unimos fuerzas y compartimos un taxi? -y alzo sus cejas gruesas y perfectas que resaltaban el azul de sus ojos.
- ¿Con un extraño? esta película ya la vi una vez, usaras tus encantos, me invitaras a tomar un taxi hasta mi casa y luego mandaras a un par de hombres a buscarme para que me rapte y me prostituyan en las calles-bromee con él y el chico estallo de la risa.
-Búsqueda implacable, por lo menos ves películas buenas, yo pensaba que eras del tipo Chicken Litle-dijo mofándose-bien, bien, tranquila, no te enojes-se disculpó cuando fruncí mi ceño-te prometo que no usare mis encantos y no te voy a prostituir en las calles, eres apenas una simple niñita.
- ¡Oye! -repuse-apenas tengo 16 años el 3 de mayo cumpliré los 17-cruze los brazos ¿quién se creía él? apena le calculaba unos 22 años, no era tan mayor.
-oh, disculpe usted mi querida mujer de casi 17 años, no era mi intención ofenderla-
-eso no ayuda, Valentine-su nombre fue tan familiar y agradable que lo pronuncie precipitadamente y creo que se alegró pues sus ojos brillaron.
-Bien, tranquila. pero ¿qué piensas? podemos compartir el taxi, al menos que quieras quedarte aquí sola por mucho tiempo.
-Bien, pero solo si me prometes no raptarme.
-Bien, no te raptare, sostenme eso-me entrego su pesada mochila negra y corrió atrapar un taxi para ambos hasta que al fin lo atrapo y yo corrí a prisa a pesar que el agua empapo mi traje y mojo su bolso. El duro un poco más de tiempo colocando mis maletas en la parte trasera y cerró la puerta mientras temblaba del frio al igual que yo.
-Gracias-le dije con mi mandíbula tensa, mis dientes castañeaban y me abracé a mí misma, le di la dirección al chofer y partimos hacia el primer destino.
Valentine apresuradamente saco un suéter de su bolso y me pidió que le entregara el mío.
-Ten, no dejare que te enfermes-y con su mirada me obligo a despojarme de mío para colocarme ese tibio y suave que olía una suave brisa de verano, pronto él se quitó su camisa mostrándome su bien dorado torso bronceado con el símbolo de una cruz encerrada en un aro, desvié la mirada y él sonrió porque me le había quedado viendo calladamente, avergonzada no dije nada más en todo el camino hasta que el auto se detuvo frente a la gran mansión en donde una vez yo fui feliz.
- ¿Porque la cara tan larga? deberías estar feliz, ya estás en tu casa luego de tres años-me dijo mientras el chofer se levantaba abrir el maletero-es tan enorme que no imagino ser infeliz en ella-salió de sus labios sin darse cuenta.
-Pues las apariencias engañan, Valentine-mi voz se quebró y corrí rápidamente para que no se diera cuenta de mi tristeza, no lloraría ante un extraño y cuando se abrió aquella reja negra como si me estuviera esperando di media vuelta y él estaba contemplándome con una mirada llena de interrogación, me di vuelta y seguí un largo camino.
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