La partitura estaba tiesa y deseosa que interpretara su música y siguiendo cada arreglo que había hecho por fin solté las primeras tonadas acariciando la frías y duras teclas de ese piano dejándome llevar por un mundo nebuloso lleno de recuerdos felices en mi niñez. Añoraba a Candy, mi verdadera madre, la única que ha estado conmigo en cada paso de mi vida, era tan doloroso que no estuviera más a mi lado, su jubilación había sido muy pronta para mi gusto, mamá nunca la apreciaba del todo y había veces que la celaba pues la necesite más a ella. Lillian nunca aprendió lo que es ser madre, sus caricias maternales eran frías y sin sentimientos, sus expresiones conmigo eran frías y a veces molestas, nunca podía abrazarla mucho por mi ropa sucia, mis cochinos gérmenes o los tan mal temidos pioj

