Capítulo 2

1009 Words
Zakhar El parloteo se detiene cuando entro al cuarto trasero del Whiskey Run. Cinco de mis hombres están sentados alrededor de una mesa, con vasos vacíos delante y una botella medio vacía en el centro, cartas esparcidas por todos lados. Boris es el primero en levantarse. —Zakhar. —El primo de Boris es el dueño del bar, así que le deja usar el cuarto trasero para las partidas de póker cuando quiere. —¿No es un poco temprano? —pregunto, mirando las ojeras bajo los ojos de algunos de ellos. —Más bien tarde, diría yo —se ríe Yogi y se levanta de su silla—. No me di cuenta de la hora. Miro a los demás hombres. Refunfuñan al levantarse, recogen su botín y se tragan lo último que queda en sus vasos. Hago un ademán mirando mi reloj. —Son las once jodidas. ¿Han estado jugando toda la noche, imbéciles? —Eso explicaría el rancio olor a puros y alcohol que flota aquí. —La chica de Oleg está embarazada. Resultó que van a tener un niño. Así que celebramos —explica Boris. Agarra una botella de agua del refrigerador y la traga a grandes sorbos. Oleg sonríe; le falta otro diente desde la última vez que lo vi. —Felicidades —digo con un asentimiento. Tarda apenas un minuto antes de que recojan sus cosas y se vayan, dejándonos a Boris, Yogi y a mí solos. Arranco una silla de la mesa y me siento, estirando la espalda contra el respaldo de madera. Ha sido una semana larga, aunque ni siquiera tengo un horario de trabajo real. No tengo fines de semana libres. —Bueno. ¿Cuál es el problema? —cruzo los brazos sobre el pecho. Conozco a Yogi y a Boris desde hace años. Trabajaron a mi lado cuando aprendía exactamente a qué se dedica mi padre. Ponerlos al mando de mi propia cuadrilla fue una decisión fácil. Confío en ellos tanto como confío en mis dos hermanos mayores y en mi padre. Boris suspira y se encoge de hombros. —Espero equivocarme, Zakhar. De verdad que sí —niega con la cabeza y va hacia donde su chaqueta cuelga del gancho junto a la puerta. Saca una bolsita pequeña y la deja sobre la mesa. —¿Qué es esto? —la levanto y la miro más de cerca. Pastillas. Tabletas moradas con un oso estampado en un lado. —¿Por qué me muestras nuestro propio producto? —El éxtasis es de los más vendidos, fácil de mover y siempre demanda. —Lo encontramos ayer al tratar con un préstamo impago —Yogi abre un frasco de pastillas y echa un par de aspirinas—. Va a ser un día largo para estos cabrones después de pasar la noche bebiendo y jugando al póker. —¿Y? —dejo la bolsita de nuevo sobre la mesa. —No las consiguió de uno de nuestros tipos. O al menos eso dijo —explica Boris—. Quiso salvar su mano izquierda, así que ofreció información a cambio. Dijo que compró esas pastillas a un polaco en el metro. —¿Polaco? —me inclino otra vez, mirando el sello—. ¿Cómo supo que el tipo era polaco y no ruso? Los acentos son fáciles de confundir para quien no sabe. —Porque el tipo tenía una bandera polaca tatuada en el cuello, joder —Yogi señala el lado izquierdo de su cuello. No somos una empresa de oportunidades iguales; nuestros cocineros, nuestros mensajeros, nuestros distribuidores y nuestros vendedores tienen sangre rusa corriendo por sus venas. Casi todos tienen fuertes lazos con nuestras familias o con aliados. —¿Cómo consiguió ese polaco nuestro producto? —No lo sabía. Reconoció el sello cuando llegó a su casa con la mierda. No iba a volver a preguntar —Yogi se traga las aspirinas y lo último de su vaso. Me paso la mano por la boca. —Alguien está vendiendo por su cuenta, entonces. —Eso supongo. A menos que este polaco tuviera algo de nuestro stock y solo quisiera deshacerse de ello —Boris saca la versión del abogado del diablo. —¿Puede este tipo ponernos en contacto con el dealer? Boris niega con la cabeza. —No fue una compra planificada. Se lo encontró en el andén y no sabe cómo localizarlo. —Bien. —Me levanto—. Entonces que este imbécil los lleve a donde lo compró y vean si el polaco aparece de nuevo. Si tenemos suerte, como dijiste, puede que solo quisiera vender algo de su propio alijo. Si es así, enséñale una lección por reventas no autorizadas. —¿Y si no? —Tendremos que hablar más seriamente con él. Si no, tendremos un problema más grande que algún idiota revendiendo nuestro producto a escondidas. —¿Qué tienen planeado para esta tarde?— ¿Ustedes dos? —Tenemos una cobranza a las dos y luego rastrearemos a nuestro tipo y nos vamos al metro —dice Boris, aunque no parece muy entusiasmado—. Siempre que la cobranza sea fácil. Lo dudo; este tipo es un verdadero tonto. Cree que puede embaucar a cualquiera. Si no tiene la plata, nos dará un buen espectáculo. —¿En serio? —sonrío—. Podría usar un poco de entretenimiento. Me uno. Hace mucho que no salgo a una ronda de cobranzas. Boris arquea las cejas. —¿Quieres salir a una cobranza? —No estorbaré, solo voy por diversión —les aseguro. Confiaría en ellos con mi vida, y no quiero que crean que me subo al coche porque no confío. —Vayan a limpiarse, tómense un café y pasen a recogerme. Tengo una reunión con mi padre, pero habré acabado para cuando lleguen. —Hecho —sonríe Boris. —Perfecto. —Suena mi teléfono y contesto mientras me dirijo al auto aparcado afuera. Va a ser otro día largo; un poco de diversión con ellos me vendrá bien.
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