Capítulo 5

1745 Words
Sally En la esquina, de espaldas, mirando por las altas ventanas hacia la ciudad iluminada, está Zakhar. Tiene la ventana abierta y una ligera brisa le revuelve el cabello. Sostiene un cigarrillo en la mano, y cuando se gira para verme, da una última calada antes de aplastarlo contra el marco y lanzarlo afuera. El olor a tabaco me alcanza un segundo después. —Te queda bien —dice, metiendo las manos en los bolsillos delanteros del pantalón. —Sí —respondo, alisándome el vestido sobre el abdomen. —Pudiste dejar el bolso en la habitación. Nadie va a robártelo —comenta, mirando el asa cruzada sobre mi pecho y el bolso que cuelga de mi cadera. —Sí, lo sé. Pero quería darte algo y no quería cargarlo en la mano. —Y mi teléfono está dentro, por si necesito marcar al 911. —¿Qué quieres darme? —pregunta, entornando los ojos. No es un hombre que confíe fácilmente; considerando su negocio, es lógico. Abro la solapa del bolso y saco el sobre, el mismo que se negó a aceptar antes. Es un intento patético de solucionar este desastre, pero no puedo no intentarlo. Sus ojos se oscurecen al verlo. —Te dije que lo devolvieras al banco. —Lo sé —respiro hondo y echo los hombros atrás—. Pero pensé que, después de pensarlo, entenderías que aceptar el dinero sería mejor. —Doy un paso al frente y dejo el sobre sobre la mesa del comedor, perfectamente puesta. No sé qué esperaba de un hombre como Zakhar, pero desde luego no esto: una mesa digna de revista. Él observa el sobre durante un largo momento antes de negar con la cabeza. Luego rodea la mesa con pasos pesados y deliberados, acercándose a mí. Todo mi instinto me grita que huya, que salga corriendo, pero clavo los dedos de los pies dentro de las bailarinas, buscándome un ancla. Cuando llega frente al sobre, se detiene. —Los hombres que me desafían rara vez viven para cometer el error una segunda vez —dice, levantando la mirada hasta encontrar la mía. Entrelazo las manos frente a mí para que no tiemblen. —No soy uno de tus hombres —replico, alzando el mentón con falsa valentía—. Si intentas asustarme con eso, no funciona. —Soy una maldita mentirosa. El rincón izquierdo de su boca se curva, como si le hubiera dicho algo gracioso. —No, no eres uno de mis hombres. Pero eres mía. Tú misma te ofreciste, ¿no es cierto? —Da un paso más hacia mí. El olor a cigarrillo se mezcla con su respiración. Trago saliva, conteniendo el impulso de gritar. —Sí, lo hice. Él levanta la mano y roza mi mejilla con los nudillos, deslizándolos lentamente por mi mandíbula. ¿Va a golpearme? —Date la vuelta —ordena, bajando la mano y retrocediendo un paso. —¿Que me dé la vuelta? Alza las cejas, incrédulo de que me atreva a hacerlo repetir. —Date la vuelta y apoya las manos sobre el aparador —indica con un leve gesto de la cabeza hacia donde quiere que me coloque. Aprieto la mandíbula para reprimir la protesta. Yo acepté esto. Para salvar a mi hermano, me entregué a él. Pero solo por esta noche. Cierro los ojos, me doy la vuelta y apoyo las palmas sobre el aparador, donde una licorera de cristal y varias copas descansan sobre una bandeja con espejo. También hay platos y servilletas apilados, por si acaso decide invitar a su familia a unirse a nosotros. Su pie se posa junto al mío. Siento el cuero rígido de su zapato a través de las finas suelas de mis bailarinas. Mi hombro roza su pecho mientras elimina cualquier espacio entre ambos. Zakhar exhala con fuerza, su aliento atraviesa mi cabello. Un calor trepa por mi espalda hasta llegar a mis glúteos, seguido de la caricia leve de sus dedos. Cuando llega hasta allí, toma el dobladillo del vestido y lo arruga en su mano, levantándolo. —Apenas llevas una hora aquí y ya me has desobedecido varias veces —su voz es ronca—. ¿Por qué llevas puesta tu ropa interior? La pregunta me desconcierta, pero me recupero rápido. —Porque es mía. Él suelta una risa. — ¿Dejé unas bragas o un sostén en la cama para ti con este vestido? — Desliza su mano bajo el elástico de mis bragas negras de algodón tipo bikini. Hay una aspereza en sus dedos que no esperaba mientras rozan mi piel. —No, pero… —Entonces no deberías estar usándolas. — Agarra el elástico, las arranca por encima de mi trasero y las empuja por mis piernas. Una vez que pasan mis muslos, caen hasta mis tobillos. Supongo que debería estar contenta de que no las haya roto. Desliza su brazo izquierdo entre mí y el aparador, rodeando mi cintura y apretándome contra su cuerpo. Hay una vara gruesa y dura en sus pantalones presionando contra mi cadera. — ¿Qué estás haciendo? — pregunto cuando su mano libre comienza a frotar círculos sobre ambas nalgas. —Te estoy enseñando una lección de obediencia — dice. Levanta la mano y la deja caer sobre mi nalga una, dos veces, y luego vuelve a frotar. Parpadeo, sorprendida de que haya hecho lo que acaba de hacer. ¡No soy una niña! Y aun cuando lo era, mi padre nunca levantó una mano contra mí. —Ya dejaste claro tu punto. — Intento levantarme del aparador, pero él ya anticipó mi movimiento y aprieta su brazo alrededor de mi cintura. —Ni siquiera he comenzado a dejarlo claro. — Y con esto, desata una ráfaga de palmadas. Alternando entre nalgas, moviéndose de un lugar a otro, cubre cada centímetro de mi trasero. La sorpresa se desvanece y el dolor comienza a filtrarse. — ¡Para! — Intento liberarme moviéndome, pero él es demasiado fuerte. Me tiene presionada contra su cuerpo, y tiene control total sobre a dónde puedo moverme. Y no puedo. Excepto para mover mi trasero, lo que no lo disuade en absoluto. —No permito la desobediencia. Y no permito que las chicas malas queden sin castigo — dice sin mostrar ni un signo de cansancio mientras continúa dejando caer fuertes palmadas en mi trasero y ahora en mis muslos. Por más que lo intento, no puedo evitar que los gritos escapen con cada nuevo dolor candente que estalla en mi trasero. —Serás una buena chica para mí ahora, ¿verdad? — Vuelve a golpear mi trasero, luego agarra la parte baja de mi nalga con la mano, apretando hasta que sus uñas bien cortadas se clavan en mi carne. Una nueva clase de dolor florece con esta sensación. Respiro profundamente y asiento con la cabeza. —No te escuché — dice en mi oído, enviando una corriente eléctrica a través de mi cuerpo que se encuentra con su mano aún sosteniendo mi trasero en carne viva. —S-sí, Zakhar. Por favor, no más. — Bajo la cabeza, deseando que mi corazón se calme, rogando a mis pulmones que trabajen más rápido para recuperar el aire. —La próxima vez, probarás mi cinturón. — Es una promesa que tomo en serio. Este no es un hombre al que se deba desafiar. Suelta mi nalga pero no retira su toque. En cambio, desliza sus dedos más abajo, entre mis muslos, hasta que encuentra mi sexo. Mi sexo caliente y deseoso que preferiría morir antes de dejar que él descubra. Cuando intento cerrar las piernas, golpea mi muslo. —Eso es ser una chica mala otra vez — me reprende con esa voz baja y cruda que enciende mis terminaciones nerviosas. —Ahora saca el trasero y separa un poco las piernas. Con los dientes apretados, separo los pies dos veces hasta que tiene todo el acceso que quiere. Una lágrima recorre mi mejilla y gotea de mi barbilla. Nunca me había sentido tan expuesta, tan vulnerable bajo la atención de un hombre. —Buena chica — susurra y mueve su mano por la parte interna de mi muslo hasta que llega al lugar que desesperadamente quiero que ignore. Hasta que pueda controlar mis emociones. Hasta que pueda entender por qué mi cuerpo me traiciona de esta manera, preferiría que el suelo me tragara entera. Fácilmente, sus dedos se deslizan por mis pliegues húmedos y rozan mi clítoris hinchado. Aprieto los dientes, deseando tener suficiente control para no gemir. No importa cuán fácilmente su toque me brinde placer, necesito guardármelo para mí. Sus cálidos labios se presionan contra mi sien. —Voy a disfrutar tomando esto. — Da una palmada a mi sexo, luego desliza sus dedos hacia arriba por entre mis nalgas y presiona un dedo contra mi apretado orificio. —Y esto. Mi corazón golpea contra mis costillas y se desploma. ¿Qué demonios? —Zakhar. — Una voz profunda viene desde la entrada del comedor. Bajo aún más la cabeza, sin querer ver la expresión en su rostro. —Hay una llamada que necesitas tomar. Zakhar ladra algo al intruso en ruso y sus pasos se desvanecen. Lentamente, alisa mi vestido sobre mi trasero antes de darme una palmadita allí. —Come tu cena. Viktor te llevará a tu habitación cuando termines. — Se agacha y recoge mis bragas, guardándolas en su bolsillo con un guiño. —Y usarás solo lo que se deje para ti, a menos que quieras repetir tu lección. Trago saliva y me enderezo, apartando el cabello de mi rostro. Las marcas de las lágrimas surcan mis mejillas; ya las siento secarse. —Haré que te traigan tu comida. — Frota la yema de su pulgar por mi mejilla, limpiando una lágrima perdida, y la lleva a su boca. La chupa de su pulgar con una sonrisa. Tras otro guiño, me deja sola en el comedor elegantemente diseñado. La ventana deja entrar una corriente de aire desde donde él estaba fumando cuando entré, atrayendo mi atención hacia las luces de la ciudad desplegadas ante mí. Estoy muy lejos de casa, de todo lo que entiendo. Excepto mi responsabilidad. Proteger a mi familia. Así que, con piernas temblorosas, camino hasta la mesa del comedor y tomo asiento, y una mujer con una amplia sonrisa entra en la habitación con un plato en las manos. Es solo una noche. Puedo y voy a hacer esto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD