La luz de la mañana entraba por la abertura de una gran cortina que había en la habitación que me había designado Noah para dormir. Sentía que no había descansado nada, toda la noche me la había pasado pensando en él. Otra vez me había tocado pensando en él, había imaginado que sus manos acariciaban todo mi cuerpo, otra vez me llevé al límite imaginando sus labios recorrer mi cuerpo, llegué hasta el punto de gritar su nombre. Solo esperaba que nadie me haya escuchado realmente sería algo vergonzoso. Sentí que la puerta se estaba abriendo - ¡Hola, Emily! ¿Dormiste bien? – Y hablando del rey de Roma. Allí estaba él, con su cabello mojado una toalla enrollada en la cintura y dejando ver su esbelto cuerpo. -¡Si! Gracias – Le dije nerviosa, mi mente otra vez comenzaba a imaginar cosas, tenía

