Jessie no bajó a almorzar y ahora, ya la hora de la cena, tampoco quiere bajar. ―Le llevaré algo para que coma más tarde ―indica Jacqueline, casi como una pregunta. ―Por supuesto, y habla con ella para que sepa que puede bajar, que por mi parte no hay problema. Espero que pronto se aclare todo este entuerto. ―Gracias. El hombre extiende su mano y toma la de su prometida. ―Escucha, yo te amo y, aunque Jessie haga algunas cosas por inmadurez, enojo o lo que sea, la defenderé. Yo te dije una vez que las protegería. Y eso haré. ―Yo no sé, espero que ella no esté metida en estas cosas, que no sea ella. ―Te aseguro que yo espero lo mismo. ―Lo sé. Luego de la silenciosa cena, la pareja sale al pórtico y allí se sientan. ―¿Será seguro estar aquí? ―consulta ella. ―¿Lo dices por

