Alejandra: Siempre fuiste tú

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El vestido entallado tal vez era demasiado, también los zapatos de tacón y el haberme empeñado en lucir de la forma que a él le gustaba. Con mi sola vestimenta intentaba que Mauricio comprendiera que mi plan era volver a conquistarlo y al mismo tiempo mostrarle a la verdadera yo. Esa tarde conocería al fin a la Alejandra con un pasado que la avergonzaba, a la que, pese a desear sus caricias se obligaba a abstenerse de pedirlas por no creer merecerlas, la que no se entregó del todo por puro miedo a fallar y convertirse en una versión de ella misma que detestaba. La tarde anterior me preocuparon sus negativas a aquel encuentro. Él había dado lo nuestro por terminado y a mí me partió el corazón escucharlo, pero me obligué a disimular, a mantenerme fuerte y no llorar más. Las lágrimas ese día

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