La inesperada llamada de Sebastián me tomó por sorpresa, mi móvil había sonado varias veces antes, pero encontrándome en medio de una reunión y al no reconocer el número, decidí apagarlo. De vuelta a mi oficina, el teléfono reclamó mi atención una vez más. En lugar de la voz amable de la recepcionista fue Joel, el guardia, el que me comunicó la llamada. —Hay alguien que quiere hablar con usted, arquitecto, creo que es urgente. —¿Pero por qué has respondido tú, Joel? —Parece que nadie más en la constructora quiso atender la llamada. Intrigado acepté que Joel me comunicara. El niño al otro lado de la línea rompió en llanto apenas escuchó mi saludo. Estaba desesperado, entre sollozos me relató lo sucedido. Al parecer, intentó en vano llamarme a mi móvil. De alguna forma se las arregló par

