Colgué sintiéndome en parte aliviada de lograr algo que deseaba desde el mismo momento que abandoné la oficina de Mauricio luego de nuestra discusión. Para mí era imprescindible saber que se encontraba bien y no sentir la culpa que me quedaba cada que llamaba a Vanessa preguntando por él y esta me respondía que lo veía empeorar a diario. Mi amiga me repitió una y mil veces durante esos meses que Mauricio ya no era el mismo, que ya no sonreía como antes, que el malhumor se adueñaba de él con facilidad y que incluso había reñido con Mariana por algo referente a mí de lo cual no llegó a enterarse. Sabía que la causante era yo, no había forma de negarlo, me fui de su lado de la peor y más ingrata manera, sin explicarle mis motivos. Lo haría, se lo contaría todo, aunque sólo sirviera para deci

