CAPITULO 6

1436 Words
PERSPECTIVA DE LEÓN FOSTER Esta mujer me está volviendo loco, y lo peor es que me gusta perder la cordura por ella. Toda ella irradia una sensualidad agresiva, una que no pide permiso, sino que toma lo que quiere. El sentir sus labios sobre los míos, reclamándome con una urgencia que roza lo violento, me enciende de una manera que no puedo explicar con lógica. He tenido a cientos de mujeres, cuerpos perfectos que se rendían ante mi apellido o mi cuenta bancaria, pero con Elissa es distinto. Hay algo en su mirada, una chispa de fuego oscuro que me hace querer estar dentro de ella hasta que ambos nos consumamos. Mientras devoro su cuello, mis manos se hunden en sus muslos firmes, apretando la carne con una posesividad que me nace desde las entrañas. Ella no se queda atrás; se frota contra mi m*****o, todavía prisionero bajo la tela de mi pantalón, con un ritmo que me arranca gruñidos de pura desesperación. Ese simple movimiento, esa fricción calculada, me tiene al borde del abismo. —¿Estás segura de esto, Elissa? —le susurré contra la piel, mi voz sonando como un trueno roto—. Porque una vez que te haga mía, una vez que sientas lo que es estar conmigo, vas a pedir más y más. No habrá vuelta atrás. Ella se separó apenas unos milímetros, arqueando una ceja con esa insolencia que me fascina. —¿Estás tan seguro de que las cosas serán así, León? —Me lanzó una risita que era pura provocación—. Puede que sea al revés... puede que sea el gran León Foster quien termine buscándome a rastras después de probar lo que tengo para ofrecerle. —Tú lo buscaste —sentencié antes de estrellar mis labios contra los suyos de nuevo. Mis manos recorrieron su cuerpo como si estuviera cartografiando un territorio nuevo y peligroso. Bajé una de ellas por la curva de su cadera, subiendo la seda de su vestido hasta que mis dedos encontraron la piel cálida de su entrepierna. Aparté el encaje de sus bragas y, sin preámbulos, me adentré en ella. —Estás jodidamente húmeda, Elissa... —gruñí al sentirla empapada, rodeando mis dedos con un calor que me nubló la vista. Ella no dijo nada; solo me dedicó una sonrisa de triunfo mientras echaba la cabeza hacia atrás. Moví mis dedos dentro de ella, explorando su profundidad, entrando y saliendo con una cadencia que la hizo jadear. Mi propio m*****o pulsaba con una agonía dulce, exigiendo libertad. —¿Te gusta esto? —le pregunté, observando cómo su espalda se arqueaba y sus pechos subían y bajaban con violencia. —Me encanta... —logró articular antes de buscar mi boca de nuevo. Justo cuando sentí que sus músculos se contraían, cuando estaba a segundos de alcanzar el orgasmo bajo el roce de mis dedos, los saqué bruscamente. Ella abrió los ojos, mirándome con una mezcla de sorpresa y furia. —¿Qué te sucede? —protestó, con la voz rota—. Estaba a nada de correrme. —Quiero que te vengas con mi m*****o dentro, no con mis dedos —le solté, y sin perder un segundo, le arranqué la ropa con una urgencia animal. En segundos, quedó desnuda sobre el sofá, una visión de perfección que me dejó sin aliento. Me deshice de mi ropa con la misma rapidez, quedando solo en bóxers. Vi cómo tragaba grueso al observar mi erección, esa que ella misma había provocado. Se incorporó un poco y sus manos pequeñas rodearon mi m*****o, bombeándolo con una sutileza que me hizo ver estrellas. Trataba de parecer inocente, pero sus ojos la delataban; había una chispa de perversión ahí que me decía que sabía exactamente lo que me estaba haciendo. Me quité la última prenda y me posicioné sobre ella. Entré en su cuerpo de un solo golpe, llenándola por completo. Elissa soltó un grito sordo y clavó sus uñas en mis hombros mientras yo sentía que sus paredes internas me apretaban como un guante de seda. —¡Estás jodidamente estrecha! —exclamé, perdiendo el ritmo por un segundo ante la intensidad de la sensación. —Solo sigue moviéndote... por favor, León... —me suplicó, y por primera vez en mi vida, sentí la necesidad absoluta de obedecer a una mujer. La follaría hasta que no pudiera más. Mientras mis caderas marcaban un ritmo salvaje, bajé mi cabeza para jugar con sus pechos, usando mi lengua para atormentar sus pezones mientras ella gemía mi nombre como si fuera una oración. Cada movimiento suyo, cada caricia, me demostraba que Elissa era mucho más que un simple capricho; valía demasiado para ser solo un polvo de una noche. En un movimiento rápido, la giré, dejándola arriba de mí. Ella tomó el mando de inmediato, cabalgándome como una experta, con el cabello cayendo sobre sus hombros y los ojos fijos en los míos. Se inclinó para morderme el lóbulo de la oreja. —Sin duda, esto es magnífico —me susurró con un tono que me hizo vibrar. —No me cansaría de follarte nunca —le respondí, y por un momento, lo dije en serio. Ella se detuvo un segundo, mirándome asombrada, pero luego recuperó su máscara de frialdad. —No se emocione, señor Foster. Pensé que estábamos en sintonía... esto es solo sexo. Es lo único que puedo ofrecerle. Si usted espera algo más que un acostón, dígamelo ahora. —Solo disfrutemos del momento, Elissa —le dije, tomándola por la cintura para ayudarla a recuperar el ritmo. —De acuerdo con eso —sonrió ella antes de dar un par de estocadas finales y profundas. La sentí contraerse, rindiéndose al placer mientras se corría sobre mí con una intensidad que me arrastró con ella. Un segundo después, liberé mi semilla dentro de ella, sintiendo una plenitud que hacía tiempo no experimentaba. PERSPECTIVA DE ELISSA Son las siete de la mañana. El peso del brazo de León sobre mi abdomen me resulta asfixiante, no por su tamaño, sino por lo que representa. Me volteo y lo veo dormido, con una paz que un asesino no debería tener. Me levanto con cuidado de no despertarlo y me encierro en el baño. El agua fría me ayuda a despejarme. Recuerdo vagamente que me llevó cargando hasta la habitación; después del sexo en el sofá, nos quedamos un rato allí, con él trazando círculos imaginarios en mi espalda. Casi caigo en la trampa de la ternura, pero mi odio es un ancla demasiado pesada. Al salir del baño, lo encuentro sentado en el borde de la cama, observándome con una mirada que no logro descifrar. —Buenos días. ¿Pensabas irte sin despedirte? —Su voz suena ronca por el sueño. —La verdad es que sí. Ayer se lo dije, señor Foster: esto fue un buen polvo. Y en los buenos polvos, lo mejor es irse antes de que el otro despierte y empiece a hablar de sentimientos o desayunos. León se tensó, y su mirada se volvió gélida. —Vaya, al parecer cuentas con más experiencia de la que aparentas. Me hablas como alguien que ya ha hecho esto muchas veces. Me puse la ropa interior con calma, disfrutando de su cabreo. Su orgullo estaba herido, y eso era una victoria para mí. —No me va a negar que usted sabe de esto mucho más que yo, jefe. Ahora, si me lo permite, tengo que ir a casa a cambiarme. No puedo llegar a la oficina con el vestido de anoche. Él esbozó una sonrisa torcida, recuperando su compostura de hombre de negocios. —Nos vemos en una hora, cariño. Me detuve en seco y caminé hacia él, invadiendo su espacio personal hasta quedar a centímetros de su rostro. —Señor León Foster, le sugiero que seamos profesionales. Usted es mi jefe y yo soy solo una empleada. Así que le pido que me hable por mi nombre o por mi apellido. Nada de "cariño" ni etiquetas baratas. —¿Queda claro, jefe? —le pregunté con un tono que no admitía réplicas. —Más que claro, Elissa —respondió, y por un segundo vi un destello de respeto, o quizás de algo más peligroso, en sus ojos. Le robé un beso rápido, un último anzuelo antes de salir corriendo de su penthouse. Mientras bajaba en el ascensor, me limpié los labios con el dorso de la mano. La fase dos estaba completa. Ahora, solo faltaba encontrar el momento de revisar su caja fuerte mientras él estuviera demasiado distraído pensando en lo "apretada" que estoy.
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