Capítulo 5

2044 Words
CAT Durante el primer receso, Landon debió ir a la oficina del director para ver algunos papeles de su beca. Como no podía acompañarlo, estaba sola. Pero eso me dio una gran idea. Tenía ante mí una oportunidad para saludar a Nick. No sería nada efusivo, simplemente, quería hacer acto de presencia y que él se diera cuenta de que yo existía. Así que, me escabullí entre los pasillos y me dirigí a la cancha de baloncesto, que era donde supuse que él se encontraba. Sonreí para mí misma cuando lo vi en el lugar, al darme cuenta de que mi intuición no falló. Nick estaba en el equipo de baloncesto de la escuela, de hecho, era el capitán. Y si, de por sí, ya era difícil acceder a él, sus entrenamientos compartidos con las clases hacían que tuviera un horario muy apretado. Pero, en ese mismo momento, no parecía muy ocupado. «Quizá, ya había terminado su práctica.» Cuando entré al amplio lugar, lo vi levantarse del suelo, donde estaban otros chicos charlando, recogió una botella de agua y se dirigió a los casilleros. Los nervios me treparon por la garganta e hicieron que mis manos se sintieran sumamente frías, heladas. El chico de cabello castaño se detuvo frente a uno de los casilleros y abrió la puerta, parecía estar buscando algo. Mis pies amenazaban con reanudar su paso y dirigirme hacia él, pero no podía hacer mucho más que mirarlo. Como solo había estado practicando, no llevaba puesto el uniforme de la escuela, solo una camiseta gris sin mangas, que sacaba lo mejor de sus trabajados brazos, zapatillas deportivas y shorts negros holgados. Su cabello estaba ligeramente húmedo por el sudor, al igual que su piel. Sus mejillas se enrojecían de una forma sutil cuando hacía ejercicio, lo había visto antes y lo estaba contemplando en ese momento. «¡Contemplando!» De nuevo, no era más que una chica contemplando en la distancia. Tenía que dar el paso. Y, pronto. Sin embargo, luego de algunos otros momentos de debate interno, me di cuenta de que no era necesario. Nick cerró la puerta de su casillero y se despidió de sus compañeros con un «¡Los veo luego!». De ahí, empezó a caminar hacia la salida de la cancha. Hacia donde estaba yo. Respiré profundo y tragué saliva. Mi instinto de timidez quería obligarme a apartar la mirada, darme vuelta e huir de ahí, pero estaba luchando contra él tanto como podía. Y esa lucha se volvió aún más grande cuando Nick dirigió sus ojos cafés hacia mí. Entonces, sentí que tenía un nudo en el estómago; que mi corazón latía un poco más rápido. Pensé que seguiría de largo cuando pasara a mi lado, que, simplemente, ignoraría mi presencia y todos mis planes se irían por la borda. «Claro, ¿como por qué iba yo a llamarle la atención? Si nunca habíamos interactuado.» Era ridículo e iluso. No había ningún motivo coherente. O, al menos, esas eran las posibilidades que comenzó a crear mi cerebro, al que no le iba muy bien eso de ser optimista. Pero la realidad fue otra. Bajé la mirada por un momento hasta mis manos entrelazadas y cuando volví a alzarla, me encontré una vez más con sus ojos. Por alguna razón, llamé su atención. Y, por alguna razón, en lugar de seguir con su camino, él se detuvo. Me sentí aún más nerviosa que antes. «Estaba segura de que si todos en el instituto hacían silencio, habrían escuchado mis latidos.» Nick frunció el ceño muy apenas y sonrió de la misma manera, curvando suavemente las comisuras de sus labios. Y yo estaba tan desorientada que no sabía si debía hacer lo mismo. —¿Buscas a alguien? —preguntó. «Sí, a ti.» —No —Humedecí mis labios—. Solo… Solo, estaba caminando un rato y terminé aquí. Esta vez, sí que me esforcé por sonreír. No supe si me resultó bien, solo era consciente de que los nervios me estaban consumiendo y de que Nicholas Green estaba hablando conmigo, por primera vez desde que lo conocía. No solo eso, su sonrisa, esa de bonitos, alineados y blancos dientes, era para mí. Yo estaba bajo la atención de sus ojos. No solo debía esforzarme por sonreír, sino también por respirar. —¿Sabes? Yo… Creo que te he visto antes —dijo, de pronto—. ¿No nos conocemos?  —Bueno, sí y no —murmuré, volviendo a sonreír con nerviosismo—. Tenemos algunas clases juntos, pero no muchas. «Desgraciadamente.» —Entonces, ¿sería muy tarde para que te pregunte cuál es tu nombre? —Esquinó otra sonrisa. Entreabrí los labios, de nuevo, sintiendo que las palabras se me quedaban atoradas en la garganta. Y, negué con la cabeza. —No, no. Claro que no —musité, con una sonrisa—. Soy Cat. Y tú Nick, no hace falta que lo digas —Me apresuré en agregar. Y con eso, él volvió a sonreír. —Entonces, creo que soy yo quien se ha estado perdiendo de conocerte. Junté las manos y alcé los hombros ligeramente. —Bueno, eso es algo que tiene remedio. Nick asintió, todavía con esa arrebatadora sonrisa dibujada en los labios. —Es bueno saberlo —murmuró, dándome toda la atención que siempre quise de esos ojos castaños—. Entonces, ¿te veré luego? —Seguro que sí —respondí. El castaño asintió y con ese gesto se despidió de mí, con esa sonrisa que me habría gustado observar por mucho, mucho, tiempo. Entonces, salió de la cancha y yo volteé para mirar de soslayo cómo se alejaba. Miré una vez más dentro del recinto y tomé un largo suspiro, para llenar mis pulmones de aire, aunque aquello se sintió más como combustible que me impulsó a caminar lejos de ahí. Gracias al cielo que los pasillos estaban llenos de estudiantes y cada uno estaba en su rollo, por lo que nadie pareció importarle lo rápido que iba caminando en aquel momento. Mi destino era claro y me dirigía hacia él con premura. Bajé las escaleras y crucé los recodos tan rápido como pude, sintiendo que mi ritmo cardiaco aumentaba cada vez más. Estaba conteniendo tanto la emoción, que solo quería estallar y dejarla salir, pero aún no era el momento. No lo haría hasta poder compartirla con la única persona a la que quería ver en ese momento. Así que, cuando llegué al pasillo principal, me dirigí directo hacia una de las puertas. Pensé que tendría que esperar a que él saliera y no sabía cómo iba a aguantar, pero la suerte estuvo de mi lado. Lo supe cuando vi a Landon salir de la oficina de dirección. Ambos parecíamos tener alguna inexplicable manera de reconocer nuestra presencia entre la multitud, porque él también enfocó sus ojos directo hacia mí. Pero antes de que pudiera, siquiera, intentar acercarse, yo me apresuré hacia él y, ya incapaz de contener mi emoción, lo abracé con toda la emoción que sentía. Casi perdió el equilibrio por la efusividad de mi gesto, pero mi mejor amigo era fuerte, así que pronto me rodeó con sus brazos también; aunque el pobre no tuviera la menor idea de lo que pasaba. Y yo estaba sonriendo, como una tonta. —Wow, Kitty, nos vimos hace veinte minutos. No pensé que me extrañarías tanto —bromeó. No pude evitar reírme y entonces me separé de él. Ambos estábamos sonriendo y, aunque él seguía confundido, tenía ese gesto por el simple hecho de verme feliz. «Siempre era así.»  —Hablé con Nick —solté, apenas conteniendo mi emoción. Landon alzó las cejas ligeramente y su sonrisa se atenuó. —¿De verdad? Moví la cabeza en varios asentimientos. —Y no ignoraba mi existencia por completo, como yo pensaba —exclamé, pasándome una mano por el cabello—. Bueno, no sabía mi nombre, pero dijo que le pareció haberme visto antes y eso es mejor que nada. Landon emitió el sonido de una sonrisa, aunque sus labios estaban curvados muy apenas. —Entonces, ¿crees que escriba tu nombre en la última página de su libreta con corazoncitos? —Pensaré que sí —decidí—. Y que está secretamente enamorado de mí, que nos imagina con una casa frente a la playa, un perro un loro y un pececito; que solo se está haciendo el interesante, pero que estaba más emocionado que yo por este encuentro. Landon rio por lo bajo y volvió a sonreír de la misma forma que antes, pero no dijo nada esta vez. Entonces, lo miré con cierta confusión. —Oye, te noto un poco apagado —dije—. ¿Sucede algo? Él negó con la cabeza. —Todo bien de este lado, jefa. Crucé los brazos encima de mi pecho y lo miré con insistencia. —Landon… Solo hacía falta una mirada insistente de mi parte para que él dijera todo. Lo conocía demasiado bien y sabía cuando algo le pasaba, como en ese momento. —De acuerdo —murmuró, dándose por vencido—. Acabo de recibir otro recordatorio de lo perfectas que deben ser mis calificaciones este trimestre —Sacó un papel que llevaba doblado en el bolsillo y me lo entregó—. Es el primer día, apenas, pero ellos no tardan en enfatizar que estoy aquí gracias a su condescendencia y no porque mis padres paguen. Tomé el papel entre mis dedos y fruncí el ceño, antes de volver a mirarlo. —Pero alguien más paga. El gobierno se encarga de estas cosas. —Solo de la mayoría, no cubre todos los gastos —respondió Landon—. Así que, en resumen, el director espera que cometa un error en cualquier momento para poder echarme de aquí. Mi corazón se encogió al escuchar esas palabras, entonces doblé el papel y, en cambio, lo guardé en mi bolso. —Eso no sucederá, ¿sí? Eres la persona más inteligente que conozco, Landon —aseguré—. Además, quedan muy poco meses para terminar aquí. Te irá tan bien como siempre, estoy segura. —Es mucha presión, Kitty. Y, que te lo digan desde el primer día… —Lo hacen porque les importa más el dinero que sus estudiantes, son unos odiosos —Me quejé, tensando la mandíbula—. Pero si lo has conseguido en tantos años, podrás hacerlo también en dos trimestres más. Y no lo digo para presionarte, lo digo porque confío en ti y seguiré haciéndolo hasta que tú recuperes la fe en ti mismo, e incluso después. Todo el tiempo lo haré. El castaño juntó los labios en una línea recta, tan solo mirándome sin decir nada. «Otro de esos momentos en los que me preguntaba qué pasaba por su cabeza, bajo todo ese espeso y bonito cabello color chocolate.» —Acabo de arruinar tu momento de felicidad con mis preocupaciones —murmuró. Incliné el rostro hacia un lado, mientras juntaba las cejas. —Tú jamás arruinas nada que tenga que ver conmigo —afirmé, sin ninguna duda—. Hablaremos de Nick en otro momento, ¿sí? Ahora, vamos a comer algo. Tenemos unos minutos aún para nuestra próxima clase. Landon me miró dudoso. —De verdad, ¿no te molesta? Negué con la cabeza. —Que no —insistí. Después intenté rodear su espalda con uno de mis brazos, como él lo hacía, pero no podía hacerlo, sin parecer que estaba colgando de él, como un accesorio—. No puedo. ¿En qué momento creciste más que yo? El castaño rio, haciendo mi incipiente frustración a un lado. Entonces, fue él quien rodeó mis hombros con uno de sus brazos. —¿Así está mejor? —preguntó. —Mucho mejor —respondí, complacida. Y así caminamos a la cafetería. Solo quería hablar con él en ese momento, encontrar una manera de que se sintiera mejor, porque lo merecía. Landon se esforzaba muchísimo y no era justo que se sintiera tan presionado. Pero si podía colaborar, cuando menos un poco, a mejorar su estado de ánimo, lo haría. Eso era lo único en lo que pensaba en aquel momento. Incluso, olvidé lo emocionada que había estado antes por Nick.
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