Capítulo 6

1082 Words
LANDON Me habría gustado decir que había tenido mejores «primer día de clases» que ese, pero eso sería mentir. Que me recordaran que estaba ahí por los pagos del gobierno era una historia que siempre se repetía, pero en la que intentaba no pensar demasiado. En realidad, Kitty me ayudaba con eso. Estaba seguro de que sin su compañía, me habría pasado el día completo pensando en toda la presión que tenía encima, pero no fue así. Gracias a ella. Así que, salí vivo del primer día; aunque ya comenzaba a pensar en todo lo que tendría que estudiar para los exámenes, en las tareas, en lo poco que dormiría… —Oye, ¿ese no es el auto de Marilyn? La voz de Kitty me sacó de mis pensamientos. Las clases habían terminado y estábamos caminando por el estacionamiento, hacia donde dejé la camioneta. Y, un poco más allá, estaba el convertible gris en el que había visto más de una vez a Marilyn. —Creo que sí —murmuré, girando la mirada de nuevo hacia Kitty—, ¿por qué? —Porque estamos a punto de irnos, pero tú aún no hablas con ella —dijo. Sus ojos hazles se volvían brillantes cuando ella me daba esa mirada insistente. «Eran muy bonitos, no había visto otros iguales.» —Vamos, Kitty, los dos sabemos que no tiene caso —respondí—. Un chico como yo jamás tendría oportunidad con una chica como ella. Ella frunció los labios en un gesto y se cruzó de brazos. Sabía lo que proseguía. «Estaría enojada conmigo por no querer intentarlo, pero era diferente. Estaba seguro de que cualquier chico podría interesarse en Kitty. Por Dios, tenía todo lo que uno podría querer en una chica. Pero mi caso era completamente distinto. Yo estaba fuera de los estándares de alguien como Marilyn.» Sus ojos dejaron de contemplarme y miraron detrás de mí por un momento. Entonces, inclinó una ceja. —¿Por qué no te animas a averiguarlo? —preguntó, haciendo un gesto con la cabeza. Miré para atrás, confundido, y noté a qué se refería. Marilyn se dirigía hacia su auto. Llevaba el celular en sus manos y, como pocas veces sucedía, estaba sola. Casi siempre iba acompañada por sus amigos, lo cual también creaba una barrera a su alrededor, pero esta vez no era así. —Es tu oportunidad, Landon —Me animó Kitty—. Vamos, salúdala. Volví a mirar a la insistente castaña a mi lado. «¿Por qué siempre se le ocurrían ideas extrañas? Y, ¿por qué siempre terminaba haciéndole caso?» No estaba muy seguro, pero sabía que en ese mismo momento, no podía hacer nada para retractarme. Yo mismo le prometí que lo intentaría también ese año, solo que cuando lo hice estaba un poco ebrio. Pero acepté, de todos modos. Llené mis pulmones de oxígeno y tragué pesado, compartiendo una última mirada con los brillantes ojos de Kitty. Entonces, empecé a caminar hacia donde estaba Marilyn. A pesar de que me esforzaba por lucir seguro, por dentro me preguntaba qué se suponía que le diría. «¿Qué tan demente me vería si tan solo la saludaba, de la nada? Seguro no me ganaría más que una mala mirada de su parte.» «Y no la culparía, la verdad.» Cuando me acercaba a ella, bajé la mirada, tratando de hacer tiempo para pensar en algo. Entonces, noté que una de mis agujetas se había desatado. Lo último que me faltaba era tropezar y caerme frente a ella. Me detuve y me puse en cuclillas para rehacer el nudo. «Genial, Landon, así es como vas a dejar de ser un perdedor», me recriminé mentalmente. —Oye, ¿no te conozco? Terminé de amarrar las agujetas y levanté las cejas, mientras alzaba la mirada de a poco. Vi un par de zapatos frente a mí. Y así, hasta que levanté la mirada por completo, para ver a Marilyn a unos pocos centímetros de distancia. Sostenía su bolso y entornaba los párpados ligeramente. Sus ojos azules me observaban con detenimiento. «Carajo.» Humedecí labios y me puse de pie inmediatamente. «Vamos, Landon, tú puedes hacer esto.» —Eh, yo… Algo así —titubeé. Quería darme un golpe en la cabeza. «Buen comienzo.» Marilyn seguía observándome con curiosidad, como si estuviese pensando en algo. —¡Ya te recuerdo! —Chasqueó los dedos—. Eres el chico que pasea perros. Mis cejas volvieron a inclinarse. —¿Eh? —Te vi antes —respondió, ladeando una sonrisa—, en mi urbanización. Llevabas tres perros contigo; un Golden Retiever y dos Poodles. Entonces, caí en cuenta. Claro, pasé el verano paseando perros y también limpiando su popó. Muy bonito, una experiencia bastante enriquecedora. «¿Acaso Marilyn me había visto en el parque, recogiendo popó en una bolsa?» —¿Vives ahí? —Le pregunté. Ella asintió. —Sí, te vi algunas veces. Supuse que no eras de por ahí porque no te había visto antes —dijo, ladeando el rostro muy apenas—. Es así, ¿no? —Sí, yo no… No vivo ahí —Me apresuré en responder—. Pero, de hecho, tenemos varias clases juntos. La pelinegra inclinó el rostro hacia adelante, frunciendo el ceño muy apenas. —¿De verdad? —preguntó. Yo asentí—. No lo había notado, lo siento. Paso mucho tiempo ocupada. —No, descuida —Sonreí, un poco nervioso—. No te preocupes por eso. No era una sorpresa para mí que ella ignorara mi presencia, aun cuando solíamos ir al mismo sitio todo el tiempo. Yo era un don nadie y ella una de las personas más conocidas del instituto. —Entonces, ¿cómo te llamas? —preguntó, con interés. —Landon —murmuré. De nuevo, ella sonrió de medio lado. Sus ojos azules me examinaron por algunos momentos y me pregunté qué estaría pensando. Finalmente, asintió. —Un gusto haber charlado, Landon —dijo, despidiéndose de mí. —A-Adiós —respondí, en voz baja. La vi alejarse después y entrar a su auto. Sabía que debía hacer algo más que quedarme parado ahí como un idiota, pero las suelas de mis zapatos estaban pegadas al suelo. Cuando Marilyn encendió los motores, me dedicó una sonrisa que no supe cómo tomar. Ninguna chica me había sonreído así antes. Así que, tan solo, agité una mano levemente. Ella se fue después y yo, sin darme cuenta, empecé a sonreír.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD