Capítulo 2

1688 Words
LANDON Primer día de clases. «¿Me generaba eso un gran entusiasmo, como cuando era un niño?» «No.» Sin embargo, había algunas cosas buenas en el camino, que lo hacían valer la pena. Una de ellas era Kitty. Y, sí, pasábamos la mayoría del tiempo juntos, aunque fueran vacaciones, pero era aún mejor que ella estuviera conmigo en los días de clase. Todo era mucho más simple cuando aún estábamos pequeños. Ambos estudiábamos en escuelas promedio y no existía la presión social de que todos a nuestro alrededor estuvieran nadando en dinero. Pero cuando llegaron los tiempos de la secundaria, el padre de Kitty, un Coronel de la Marina, decidió enviarla a uno de los institutos más caros de Cannon Beach. Fue difícil, mis padres no podían pagar algo así y todas las posibilidades apuntaban a que, por primera vez años, estudiaríamos en lugares separados. Pero luego a mi madre se le ocurrió la idea de que yo podía aplicar para una beca y… La obtuve. Eso hacía que mis padres se sintieran más orgullosos de mí, pero también colocaba más peso sobre mis hombros. Ahora no solo tenía que lidiar con presión social, sino también académica. Mis calificaciones debían ser perfectas, si quería continuar estudiando en el instituto. Y, vaya que no quería defraudar a nadie. Entonces, era bastante presión. De un lado y de otro. Pero había alguien que me ayudaba a lidiar con todo eso: Cat Marshall. «O, mejor dicho, Kitty.» Me gustaba pasar tiempo con ella, era una de las cosas que más disfrutaba. Además, en su compañía no me sentía tan bicho raro. Ella tampoco estaba precisamente a gusto con el entorno social al que su padre la empujó. Así que, éramos dos personas que se sentían fuera de lugar, pero nos acompañábamos el uno al otro. Al igual que siempre, fui a su casa a buscarla para irnos juntos a clase. Cuando me detuve frente a la puerta, toqué un par de veces y, al igual que siempre, su mamá me recibió. La señora Bennett me saludó con una sonrisa, al verme. —Llegaste temprano hoy —dijo, haciendo un ademán para que entrara—, pasa. —Gracias —murmuré, expresando una pequeña sonrisa. —¿Ansioso por volver a la escuela? —preguntó, mientras sonreía—. Es el último año. Vendrán grandes cosas para ustedes después del verano. Levanté las cejas ligeramente. —Trato de no pensar demasiado en eso —admití, haciendo que ella riera. —Bueno, hay alguien que sí me ha estado comiendo la cabeza con su entusiasmo porque este año sea el mejor de todos —Suspiró—. Y está arriba, seguro esperándote. Compartimos una sonrisa. «Podía imaginar a Kitty volviéndose paranoica y creándose miles de escenarios en su mente.» —Mejor no hacerla esperar más, entonces. —Mh, dile que, mínimo, se despida antes de irse —pidió, pasando una mano por mi hombro, mientras esbozaba otra sonrisa. Le respondí con un asentimiento y, entonces, subí las escaleras. La madre de Kitty me conocía de toda la vida y me consideraba como un hijo más. Depositaba una gran confianza en mí y yo también la quería bastante. Después de todo, me había visto crecer. Cuando llegué a la puerta del dormitorio, toqué un par de veces; hasta que ella contestó. —¡Adelante! Giré la manilla y entré, siendo recibido por la música que Kitty estaba reproduciendo desde su laptop. El dormitorio estaba hecho un desastre; ropa tirada en la cama, zapatos revueltos afuera del clóset y artilugios de maquillaje sobre la peinadora. Pero no había rastros del pequeño roedor que había causado todo ese caos. «Debía estar dentro del baño.» Llevé la mirada hacia una de las encimeras que estaba junto a mí y vi reposar en ella un libro, así que lo tomé y me senté en el borde de la cama. Empecé a hojearlo y sonreí al ver que Kitty resaltaba frases con marcador rosa y colocaba pequeñas notas a los costados. También podía imaginarla suspirando mientras leía. Era adorable. El libro contaba una historia de amor y, si alguien en el mundo amaba las historias de amor, esa era ella. —¿Qué dices tú? ¿Me veo bien? Al escuchar su voz dentro de la habitación, levanté la mirada y también las cejas, al ver cómo lucía. Llevaba un suéter n***o sobre una camiseta azul, además de una falda negra y medias largas del mismo color, que le llegaban a las rodillas. También botas de cuero. Su cabello me recordaba mucho a los helados de caramelo, porque era rubio, pero no tanto; se asemejaba un poco al castaño, de hecho. Y caía como una cascada hasta su cintura. Se veía… Completamente hermosa. Incluso, tardé en responderle y me quedé solo como un idiota, mirándola y preguntándome cuándo había dejado de ser esa niña revoltosa que yo conocía. —¿Landon? —insistió, con voz impaciente—. ¿Tienes tiempo de responder hoy? —Sí, sí —dije, mientras cerraba el libro—. Es solo que, me estaba fijando. Creo que estás despeinada —Apunté con el índice a su cabello. Claro, lo dije solo como una broma. No había nada mal en su cabello. Así que, mientras ella ceñía la frente, yo luchaba por aguantarme la risa. —¿De verdad? —preguntó, cruzándose de brazos—. Llevo dos horas intentando elegir la ropa correcta, ¿y todo lo que me vas a decir es que estoy despeinada? «Y ahí se acercaba, una tormenta que caería sobre mí si yo no me apresuraba en aclarar que fue solo un mal chiste.» —Es broma, es broma —aclaré, ahora sí riéndome. También me gané que ella me mirara como si quisiera abrir un agujero en mi cráneo—. Te ves perfecta, Kitty —respondí, sinceramente. Entonces, ella tomó un largo, muy largo, suspiro. Juntó sus labios en una línea recta y dejó caer sus hombros, al igual que sus defensas. Ahora me mostraba las inseguridades que ocultó en su fugaz mal humor de antes. —Espero que así sea —murmuró, dándose vuelta para buscar algo entre su maquillaje—. Porque quiero impresionar a Nick. Fruncí el ceño. —Espera, ¿solo elegiste vestirte así para impresionar a Nick? Ella volvió a darse vuelta hacia mí y asintió. —Si voy a acercármele, debo darle una buena impresión. —Kitty, pero tú no necesitas hacer eso —aseguré—. Además, tú siempre te ves bien —Hice un ademán, señalándola—. Solo que usas falda pocas veces porque dices que te incomoda. —No me incomoda usar falda, me incomodan los idiotas a los que les gusta mirar piernas y hacer comentarios repulsivos —Chasqueó la lengua—. Pero hoy llevo estas medias largas —Estiró una de sus piernas hacia adelante—, es muy poco lo que se nota y me acabas de decir que me veo perfecta. Así que, me quedo con eso último. El sonido de una sonrisa se esfumó de mis labios. —Pero no es tan importante lo que piense yo, sino Nick. Con esas palabras, conseguí que sus ojos hazel me contemplaran con determinación. —¿Por qué dices eso? Cuando necesito una opinión, eres la primera persona a la que le pregunto —Me recordó—. Antes de preguntarme qué pensaría Nick sobre cómo luzco, me pregunté qué pensarías tú. Tomé un breve suspiro y entorné los párpados, antes de dejar el libro sobre la cama y ponerme de pie. Entonces, me detuve frente a ella. —No debería importarte lo que piense Nick, o lo que pueda pensar yo, Cat —dije—. Importa lo que pienses tú. Y si a ti te gusta cómo te ves, eso es lo único que vale. Sus largas pestañas protegieron con recelo a sus ojos, mientras ella me otorgaba una mirada aguda. Y, aunque intentara reprimirlo, en su boca comenzaba a nacer una sonrisa. —Lo que intento decirte, cabezota, es que tu opinión sí importa para mí. Y, mucho —insistió. —Lo sé —murmuré, sonriendo también—. ¿Qué harías sin mí, verdad? Kitty torció los ojos y volvió a lo suyo con el maquillaje, entonces reí por lo bajo. «Estaba tan preocupada, tan metida en su mundo, que no se daba cuenta de que llevara puesto lo que llevara, seguiría viéndose bien. Y, además, ella no solo tenía belleza física. Kitty era una de las mejores personas que uno podía conocer.» «Que Nick la eligiera no sería un privilegio para ella, sino para él.» —¿En qué piensas? —preguntó, de pronto. Estaba terminando de colocarse unos aretes muy diminutos. —Eh —Me rasqué la cabeza—, bueno, yo… ¿Debería hacer lo mismo? ¿Intentar darle una buena impresión a Marilyn? «No era eso en lo que había estado pensando, por supuesto. Pero preferí inventar una excusa, aunque no entendí por qué.» —Ni siquiera tienes que preocuparte por eso —Kitty me dio una sonrisa—. Mira ese cabello —Comenzó a despeinar algunos mechones para que cayeran a los lados de mi frente, haciéndome sonreír también—. No hace falta que te esfuerces, te ves muy bien de por sí. —Bueno, Marilyn está acostumbrada a estar cerca de chicos que siempre van con ropa de marca y…. —Marilyn todavía no te conoce —Me detuvo, alzando el dedo índice en el aire—. Cuando lo haga, nada de eso importará. Recuerda lo que dije. Cualquier chica que se dé la oportunidad de conocerte, se enamoraría de ti. No le respondí nada esta vez, tan solo esbocé una pequeña sonrisa, también fugaz. Pero ella estaba tan ocupada, que pronto volvió a lo suyo y ni siquiera se dio cuenta. Aunque Kitty estaba muy segura de sus palabras, no eran del todo ciertas. Había una sola chica en el mundo que me conocía tanto como nadie más lo hacía, pero ella no estaba enamorada de mí.
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