Dicen que de lo bueno y lo malo no se debe abusar, eso lo sabía, más no lo ponía en práctica, como casi todo el mundo. Me sentía tan capaz de manejar cualquier situación que no notaba cuando el fango me cubría sino hasta que me llegó al cuello. -Así, Natalia. Así, vamos- me animaba Lía mientras sostenía mis antebrazos, me hizo levantar y aunque me negué mucho sintiendo que no estaba lista, ya estaba ahí, y no podía hacer nada más que intentarlo. Malor me observaba desde la ventana de nuestra habitación porque le pedí explícitamente que no quería verlo ahí conmigo animándome, ¿El por qué? Si fallaba, si no lo lograba, vería la decepción en sus ojos cielo y eso rompería mi corazón. Ahí estaba, siendo dominada por las 4 pastillas de Tramadol que había ingerido y que me hacían sentir liger

