Mi enojo hizo huella en el insomnio al momento de dormir. Amaloha cayó a las 10:45 de la noche y Malor se acostó unos minutos más tarde y mientras el reloj digital marcaba las 2:13 am en color rojo me dije a mi misma que era momento de salir de ahí. Cómo podía escapar de la cama mientras él dormía gracias a mi entrenamiento y fuerza que tenía en los brazos, me subí a la silla de ruedas y salí hasta el cuarto diminuto que habíamos ocupados con no más que cajas y cosas sin sentido. Hasta que ocurrió todo y al psicólogo se le ocurrió que tal vez con un espacio en el que pudiera ejercitarme o pasar unos minutos en silencio me iría mejor, y es por eso que Malor se encargó de habilitar esa zona con no más que una pequeña bicicleta fija con una pantalla de 17 pulgadas en la pared para que viese l

