Dos semanas largas y tristes pasaron cuando por fin mi cesárea cerró, al menos superficialmente. Los puntos fueron extraídos y por suerte no podía ver la deformación en mi cuerpo, porque sí, aún seguía sin moverme. La fisioterapeuta entró en acción presentándose como Lía y agradecí su sonrisa amable pero mi lado cruel me decía que era simple lástima lo que brillaba en sus ojos. Traté de ignorar la voz de la depresión en mi cabeza y oírla hablar pero se me hizo difícil, sentí el apretón de Malor en mi mano y lo miré, él estaba ahí para darme apoyo. Como siempre. -Ahora que está mejor, ¿Le gustaría conocer a la pequeña Amaloha?- preguntó el doctor con una pequeña sonrisa, eso hizo que volviese la vista en su dirección de inmediato. -¿Puedo verla ya?-pregunté emocionada mirando a Malor que

