Carolo estaba arrodillado al lado de un regato cogiendo agua con las manos. Cuando tenía las palmas ahuecadas llenas de ella se metió una rana entre sus manos y se quedó mirándolo. Se sentó sobre la hierba y mientras el agua se le escurría entre los dedos, le dijo: -¡¿Qué miras?! La rana siguió mirando para él y soltó un "croa". Lo curioso es que tanto ella podía saltar de entre sus manos cómo él abrirlas y dejarla caer, pero ni la rana tenía ganas de volver al regato ni él de que se fuera. Esos días andaba leyendo un libro que trataba de la reencarnación y le vino a la mente que podía ser alguna persona que muriera y que conocía. Lo quitó de sus pensamientos su hermana Cristina, una chavala, de estatura mediana, delgada, morena de ojos color avellana y que era tan guapa cómo seria, no s

